
Chile tiene una oportunidad de crecer a partir de su identidad. Nuestra cocina, nuestros vinos y nuestros paisajes conforman una alianza capaz de atraer visitantes, movilizar inversión y abrir oportunidades para las comunidades. Profundizar ese vínculo debe ser parte de una estrategia de desarrollo que reconozca el valor económico de lo que somos y sabemos hacer.
El Catastro Nacional de Enoturismo 2024 registra 219 viñas abiertas al turismo, frente a las 94 de hace una década: un crecimiento cercano al 133%. Este dato muestra cómo la industria del vino ha encontrado en el turismo una vía para diversificar ingresos y ampliar su actividad, conectando la producción con servicios y experiencias que dan valor al territorio.
La gastronomía ocupa un lugar central. Más del 70% de las viñas ha incorporado experiencias gastronómicas a su oferta, según la Subsecretaría de Turismo. Detrás de cada maridaje hay cocineros, agricultores y proveedores locales. Integrarlos permite que nuestros productos encuentren nuevos consumidores y que una visita genere oportunidades comerciales para distintos actores de la cadena.
El público también refleja una oportunidad: el 59% de los visitantes corresponde al turismo nacional y el 41% al internacional. Tenemos una oferta que convoca tanto a quienes llegan desde otros países como a los chilenos que quieren descubrir el suyo. A ello se suma que cerca de un centenar de viñas cuentan con certificaciones de sustentabilidad, un atributo relevante para proyectar esa actividad con responsabilidad.
Desde Casablanca y el Maipo hasta Colchagua, el Maule e Itata, esta alianza permite articular circuitos donde el vino se encuentra con el patrimonio, la cultura y la naturaleza. Una visita puede incluir recetas tradicionales, arquitectura rural, oficios y paisajes, conectando a restaurantes, alojamientos, guías, transportistas y pequeños emprendimientos.
La realización de The World’s 50 Best Vineyards 2026 en Santiago confirma la proyección internacional de este camino. El programa se desarrollará entre el 16 y el 20 de noviembre, con su ceremonia el día 18 en Viña Don Melchor, en Pirque. Será una vitrina para mostrar la calidad de nuestras experiencias, la creatividad de nuestra cocina y la hospitalidad de quienes reciben a los visitantes.
Debemos transformar esa atención en oportunidades sostenidas. Necesitamos promoción internacional, formación de trabajadores, mejores accesos y coordinación entre empresas y autoridades. También debemos facilitar que restaurantes y productores locales participen en las rutas y su comercialización.
Esta alianza requiere una visión de largo plazo. Chile tiene sabores, paisajes e historias capaces de convocar al mundo. Nuestra tarea es conectarlos y convertir ese interés en más actividad económica, empleo y bienestar para las comunidades.