FOMO y JOMO en la hotelería sustentable: entre la foto perfecta y el silencio necesario

FOMO y JOMO en la hotelería sustentable: entre la foto perfecta y el silencio necesario

Asesor
Académico e Investigador
Hotelería Sustentable

“Entre la foto que atrae y el silencio que conecta, la hotelería sustentable debe demostrar coherencia”

La hotelería sustentable enfrenta una paradoja clara: el huésped busca experiencias memorables y compartibles, pero también desea escapar del ruido que esa exposición produce. En esa tensión aparecen el FOMO, del inglés Fear of Missing Out (miedo a perderse algo), y el JOMO, del inglés Joy of Missing Out (alegría de perderse algo). Aunque parecen conceptos opuestos, ambos expresan una misma búsqueda: viajar con sentido.

El FOMO impulsa a la hotelería a crear experiencias visibles: rincones fotogénicos, eventos efímeros, propuestas exclusivas y relatos pensados para circular en redes sociales. Nada de eso es negativo en sí mismo; de hecho, puede ayudar a comunicar la sostenibilidad cuando existe contenido real. Un mercado de productores locales, una cena de kilómetro cero o una instalación artística con materiales recuperados pueden convertir la sustentabilidad en una historia atractiva. El problema surge cuando el cuidado ambiental se reduce a escenografía: la foto puede atraer reservas, pero sin prácticas consistentes también puede erosionar la confianza.

El JOMO, en cambio, recuerda algo que la industria turística a veces olvida: no todos los huéspedes quieren vivir en una vitrina permanente. Muchos buscan silencio, desconexión digital, estadías más largas, contacto con el territorio y una relación más auténtica con el entorno. Para ellos, la sostenibilidad no es un adorno comunicacional, sino una condición mínima. Quieren saber cómo se usa el agua, qué ocurre con los residuos, cuánto se compra a proveedores locales y cómo se beneficia la comunidad.

La infraestructura debe ser flexible sin resultar invasiva; los miradores y senderos deben proteger la biodiversidad, no convertirla en simple atractivo visual; y las áreas sociales y de silencio deben diseñarse con criterio, no improvisarse según la temporada. También es clave medir y comunicar indicadores por huésped, como consumo energético, huella hídrica y porcentaje de compras locales.

En este contexto, la comunicación es decisiva. Para el viajero FOMO, las historias visuales pueden abrir la puerta: productores locales, restauración de hábitats, eficiencia energética o reducción de residuos pueden comunicarse con atractivo, siempre que sean reales. Para el viajero JOMO, el tono debe ser más sobrio y apoyarse en datos, testimonios e impactos verificables. En ambos casos, el desafío es el mismo: evitar el greenwashing. La transparencia ya no es un gesto deseable; es una condición para sostener la reputación.

En definitiva, FOMO y JOMO revelan una misma búsqueda: vivir experiencias con sentido. La hotelería sustentable debe equilibrar visibilidad, descanso y responsabilidad, demostrando coherencia entre lo que comunica y lo que hace. Solo así podrá generar valor real, confianza y legitimidad en un mercado cada vez más exigente.