HOTEL APACHETA

HOTEL APACHETA

El canto de las aves marinas, el ritmo del oleaje de Playa Feliz, Arica, el crujir de la madera y el silencio que enmarca todo ese paisaje sonoro forma parte de este hotel situado en la primera línea de costa, junto a la ladera de un cerro desde donde se puede practicar parapente Lleva poco más de un año funcionando y acoge, entre otros, a turistas de intereses especiales, muchos de ellos viajeros experimentados en busca de una estadía amigable con el medioambiente

CUANDO LAS MAREJADAS LLEVAN EL MAR TIERRA ADENTRO, Apacheta queda rodeado de agua, como un barco anclado a tierra firme. Su diseño lo permite, un hotel edificado sobre pilotes, un bello y extenso edificio de madera de amplios ventanales, un palafito en el extremo norte chileno. Fue pensando y construido por Santiago Truffa, ingeniero civil que, desde hace ocho años, comenzó a viajar continuamente desde la capital hasta Arica. Asuntos familiares lo llevaron a visitar continuamente su ciudad natal y dedicarse al cultivo de tomates y aceitunas. Aunque aún tiene ese campo, pronto supo que la agricultura no se convertiría en su gran pasión, y comenzó a buscar otra actividad para desarrollar en la zona.

La práctica del parapente un día lo llevó hasta Iquique, particularmente, a un hotel dedicado a recibir a los amantes de este deporte, un concepto que le llamó la atención y se le quedó en la mente como una buena alternativa para implementar en Arica, ciudad donde no había nada parecido.

Cuando comenzó a elaborar la idea, el borde costero apareció como el mejor lugar para este tipo de negocio dada la baja oferta de alojamiento en la zona, y la certeza de que se trataba de uno de los espacios más bellos de la ciudad. Pero estar en la playa misma no bastó, esencial fue edificar cerca de puntos de vuelo para parapente. Finalmente el ingeniero encontró un espacio disponible entre las playas La Lisera y El Laucho, vecino a la ladera de un cerro desde donde se puede practicar ese deporte bastante bien. Decidido, Truffa comenzó a tramitar la concesión marítima, proceso que tardó tres años y se vio enfrentado a procesos burocráticos y opiniones que añoraban que el área se destinara a un museo u otro uso público. Sin embargo, ninguna de aquellas ideas se concretó, y el proyecto siguió adelante con fuerza y sus respectivos permisos. Luego hubo que esperar dos años de construcción, hasta que en diciembre de 2015 Apacheta abrió sus puertas con inesperado éxito. Así lo confirma el empresario hotelero: “el nivel de ocupación ha sido superior a lo que había proyectado en mis flujos. Sobre un 50% como promedio”.

INTERÉS ESPECIAL

La gran mayoría de pasajeros de Apacheta son extranjeros, europeos principalmente, y en menor medida, estadounidenses y australianos, casi siempre personas que buscan actividades relacionadas con el turismo de intereses especiales. También se hospedan viajeros de la región: bolivianos, peruanos y argentinos, de paso hacia o desde destinos del norte de Chile. Todos ellos, turistas de largo alcance como dice Truffa, son bienvenidos al hotel aún cuando la idea inicial era ofrecer un espacio de alojamiento para quienes practican parapente, y surfistas que viajan en busca de la Ola del Buey, una de las más espectaculares del mundo. Junto a todos ellos, hoy llegan turistas que desean experimentar con trekking, ciclismo, buceo y observación de aves.

A esas actividades se suman atractivos provenientes del rico intercambio cultural que tiene la zona, con la confluencia de una frontera tripartita y el vínculo con lo originario. La gastronomía del hotel habla de lo primero. Durante 2017, Apacheta iniciará su apuesta culinaria con la contratación de un chef y una carta inicial de sandwichs, pizzas y ensaladas. Hasta ahora, los desayunos a la mesa son obra del mismo Santiago Truffa, quien cada mañana se encarga de hacer los jugos, cortar las frutas tropicales y los frutos del Valle de Azapa que ofrecen a los huéspedes. También se sirve yogurt con granola casera, pan artesanal, pan de queso traído desde Tacna, huevo y mermelada de frutos locales. “Aquí todo circula, hay mucho contacto con Perú y Bolivia, y la gastronomía de Arica tiene esa influencia. Es tradicional comer papas a la huancaína o carnes de alpaca y llamo, bajas en colesterol, con las que se hacen guisos y fricasé. Al proyectar el restaurante hay que potenciar ese patrimonio”, dice el empresario.

La decoración, a cargo de Paula Fernández, habla de lo autóctono. Se compone de textiles artesanales, sacos de más de 50 años que se usaban para transportar hojas de coca y enseres. El nombre del hotel también se refiere a aquello, a las marcas que hacían los antiguos caminantes del Imperio Inca cuando recorrían los caminos del reino y con ello hacían una ofrenda a la tierra, o peticiones para éxito y seguridad en su viaje. “Antes de llegar a Codpa, oasis situado a unos 150 kms. de Arica y donde se hace el vino pintatani, existe una explanada junto a una quebrada donde hay cientos, tal vez miles de apachetas – del quechua apachita, es un montículo de piedras colocadas cónicamente una sobre otra a manera de ofrenda – hechas por turistas. Ahí me dio la idea de que las apachetas están asociadas al viajero”, cuenta Truffa.

La riqueza arqueológica es otro plus del lugar elegido para instalar el hotel. Arica es muy potente en ese sentido, ahí están las momias de la cultura Chinchorro, las más antiguas descubiertas hasta hoy. También los vestigios de siete mil años relacionados con poblaciones de distintas culturas, cada una con su alfarería, vestimenta, cestería y textiles, la presencia del Museo Arqueológico San Miguel de Azapa, además de diversos museos in situ, como pukarás – fortalezas que los pueblos que habitaron el altiplano construían para defenderse de invasiones –, petroglifos y geoglifos. Se suma a lo anterior la Ruta de las Misiones, trayecto que recorre más de veinte pueblos con iglesias coloniales a baja altura e increíbles paisajes. Y el clima ariqueño, sin lluvias casi y con temperaturas que no bajan de los 16ºC ni superan los 28ºC.

EN PRIMERA LÍNEA DE COSTA

Desde sus cimientos, Apacheta se pensó como un edifico sustentable y amigable con el entorno en que se emplaza, siguiendo la geografía de la pequeña Playa Feliz. En su diseño participó el arquitecto y también socio del proyecto, Marco Polidura. “Lo que queríamos era un edificio que mantuviera intacta la sensación de estar en la playa, en contacto con la naturaleza. En vez de un interior desconectado, queríamos una continuidad de ese entorno”, explica el arquitecto, quien agrega que “el hotel se propone como un gran espacio intermedio, ni interior ni exterior, fundido con el espacio, sus límites difusos – palillajes de ecucaliptus, tanto en cierros como en cubiertas, mínimos cierros de vidrio – permiten que la brisa y los aromas del mar, así como el sol y el canto de los cientos de pájaros que llegan a las rocas, atraviesen todos los espacios del hotel y mantengan al usuario en permanente conexión con lo natural”. ¿Por qué madera? “A pesar de no estar presente en el lugar, este material remite a lo natural. Refuerza la idea de mínima manipulación o mínima intervención. Además de ser desarmable o desmontable y biodegradable”, dice Polidura.

El 60% de los huéspedes de Apacheta son europeos provenientes, principalmente, de Alemania, Suiza, Italia, Austria y Francia. Para ellos y la mayor parte de quienes eligen hospedarse aquí, lo más importante es el entorno y la mística del lugar. “Más que la infraestructura, se dan cuenta que el hotel está en primera línea de borde de mar, ellos lo valoran y entienden también que no haya aire acondicionado o frigobar”, indica Truffa. Apacheta tampoco tiene televisores en las habitaciones. La idea también es consumir lo menos posible energía eléctrica. Asimismo, todo el control térmico del edificio es a través de corrientes de aire: “como estamos tan cerca del mar aprovechamos la brisa marina, y eso es lo que se encarga de mantener la temperatura”. Marco Polidura detalla que se trata, principalmente, de una doble cubierta con espacios ventilados, cerramientos permeables para traspaso del viento y ventilación cruzada en todos los recintos, además de una mínima masa térmica que evita la acumulación de calor: “Todo esto permite prescindir de sistemas mecánicos, como aire acondicionado y ventiladores. Por otra parte, el hotel cuenta con paneles solares para el agua caliente, y próximamente se instalarán paneles fotovoltaicos y una planta de tratamiento de aguas servidas. Todo esto permitirá hacer completamente autónomo el edifico en cuanto a energía”.

El hotel combina la estética con el mismo concepto de sustentabilidad. Si se observa atentamente, ahora en verano hay una cortina por fuera del vidrio que luego, en invierno, se ubicará por dentro. “En esta época la sacamos para que el sol, que pega muy directo en la tarde, no caliente el vidrio”, dice Santiago Truffa. El ingeniero explica también que Apacheta tiene un tipo de alojamiento simple, donde se deben seguir ciertas normas que los huéspedes de este tiempo comprenden sin problema. Son detalles que hablan de cultura y futuro: no dejar agua corriendo, procurar duchas cortas y respetar el silencio, entre otros.

  • Hotel Apacheta
  • Av. Comandante San Martín 661, Arica
  • Región de Arica y Parinacota
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  • (+56-58) 249 4470

Chef&Hotel es una publicación nacional independiente y objetiva, que desde hace 17 años cubre en forma amplia todas las propuestas del Canal Horeca y Food Service como también el quehacer del mundo hotelero, gastronómico y turístico en Chile y Latinoamérica, con una propuesta fresca y entretenida.

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