Fiesta de La Tirana, Alabanzas y sabores sin fronteras

Fiesta de la Tirana 2019

FIESTA DE LA TIRANA

  • ALABANZAS Y SABORES SIN FRONTERAS


    • ESTA SOBRECOGEDORA CELEBRACIÓN RELIGIOSA ES MUESTRA DE SINCRETISMO Y PIEZA IRREMPLAZABLE DE LA CULTURA DEL NORTE DE CHILE. EN ELLA AFLORAN TRADICIONES QUE SE RENUEVAN FRUTO DEL CRECIMIENTO DE LA LOCALIDAD QUE ACOGE EL FESTEJO, DEL CRECIENTE INTERÉS QUE DESPIERTA Y DE LA INTEGRACIÓN EN UNA ZONA DONDE EL PUEBLO AYMARA TIENE HISTORIA ANCESTRAL, SIN LOS LÍMITES POLÍTICOS QUE CON EL TIEMPO HAN SEPARADO COMUNIDADES UNIDAS POR UN MISMO ORIGEN. LA DANZA PROTAGONIZA LA CITA COMO VERDADERA ORACIÓN EN HONOR A LA VIRGEN DEL CARMEN, Y LA CONFLUENCIA DE PERSONAS REGALA INTERESANTES MANIFESTACIONES CULINARIAS. CON SU EXPERIENCIA COMO IQUIQUEÑO E INTEGRANTE DE AGRUPACIONES DE BAILE RELIGIOSO, EL DESTACADO CHEF DAVID BARRAZA NOS AYUDA A CONOCER UN POCO MÁS DE ESTA FABULOSA EXPRESIÓN CULTURAL.


Chef David Barraza

FERVOR, MELODÍAS Y ALEGRES COLORES, son palabras que describen en parte lo que cada 16 de julio se vive en la Fiesta de La Tirana, en la Pampa del Tamarugal, a 20 kilómetros de Pica, en el camino que lleva a ese oasis.

Con la misma profunda devoción que se observa año tras año, la reciente versión de este festejo reunió cerca de 800 mil personas deseosas de participar, en la que se conoce como una de las principales celebraciones locales en honor a la Virgen del Carmen. Se desarrolla junto al templo construido en tiempos coloniales, en el sitio donde se encontró una cruz cristiana y se recuerda la  legendaria historia de amor entre Vasco de Almeyda y Ñusta Huillac.

En una tradición centenaria, desde el día 12 de julio, aproximadamente, hasta La Tirana llegan familias completas, adultos y niños provenientes de Iquique y otras localidades. Arriban para orar, cumplir promesas y agradecer a la virgen con bailes y cantos, transformando con su masiva presencia la vida tranquila que caracteriza esta localidad habitada por menos de mil personas.

Aunque un afuerino puede no advertirlo, durante la celebración se sigue un riguroso protocolo para ordenar la entrada de cada agrupación del baile religioso. Las cofradías inician su participación desde el punto denominado Cruz del Calvario, y el día 15 se prepara la víspera con una concentración que comienza a eso de las 20 horas en la plaza del pueblo. El día 16 se “rompe el día” con cantos y bailes antes de que salga el sol. Tras una misa de campaña, más tarde se desarrolla la procesión de la virgen con la imagen que acoge la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de La Tirana. Es el momento en que la comunidad se hace una sola. Tras el clímax de la efervescencia de su religiosidad, la fiesta comienza su declive con los bailes de despedida, que se puede extender hasta el día 18, y corresponde a una emocionante instancia donde aquellas personas que no bailarán más en las agrupaciones entregan su traje ante el altar.

El chef David Barraza conoce bien las profundidades de esta fiesta. Además de ser un cocinero que ha tomado como bandera de lucha la gastronomía del Norte Grande, siguiendo la consigna de que también es cocina chilena y que existe una especial riqueza de platos o productos en estas tierras, es un iquiqueño profundamente vinculado con la cosmovisión del pueblo aymara. Su labor profesional se ha encauzado, en gran medida, en torno a la cocina de su tierra. Es así como pertenece a un movimiento de gastronomías regionales andinas, reuniéndose periódicamente con chefs de los países que comparten el territorio de los Andes. “Es importante hacer este rescate, conociendo los platos típicos desde el contexto, contando su historia, el por qué surgen”, explica. También dice que años atrás, en tiempos en que La Tirana no tenía agua ni luz eléctrica, en torno al 16 de julio las familias iquiqueñas tomaban vacaciones para estar presentes, y participar en la celebración de esta advocación de la virgen. Los niños crecían escuchando y observando desde marzo los ensayos de las bandas y agrupaciones de baile. Cada domingo, en casi todos los espacios de la ciudad, se ensayaba para la fiesta. “Eso se contagia, llegar a bailar se convertía en un profundo anhelo”, cuenta David, quien danzó en varias oportunidades para esta celebración, y que hace más de 40 años participa activamente también en la Octava de San Lorenzo, fiesta pequeña y familiar celebrada en Huarasiña – localidad de la Quebrada de Tarapacá –, donde danza con la figura de abuelo, personaje que como dicta la tradición de los grupos de baile religiosos, asumió de por vida, y que finalmente heredará. Este año, por primera vez, el chef se preparó para bailar en compañía de su hija.

ORAR BAILANDO

Décadas atrás, explica David Barraza, las vistosas máscaras, propias de la Fiesta de La Tirana y otras celebraciones nortinas, eran implementos de yeso, muy pesadas: “Había que aprender a trasladarlas con cuidado y saber bailar con ellas. Con el tiempo pasaron a ser de corcho, y más tarde de un tipo de latón grueso, pesado. Actualmente son muy livianas”.

Creadas por artesanos bolivianos o chilenos, cada una tiene influencia local o foránea, y es el complemento de muchos de quienes danzan. Los bailes propiamente tales, se relacionan con un agradecimiento o una rogativa, siempre con el cumplimiento de una promesa, la de bailar en la fiesta por al menos tres años; algunos extienden el compromiso toda la vida. Vale resaltar, por lo tanto, que son expresiones religiosas, no folclor. Es así como las prendas que se usan en este rito se reservan, no se ocupan en ninguna otra instancia. David Barraza, quien durante 15 años fue primer bailarín de un grupo folclórico universitario y tenía vestuarios diferentes para cada ocasión, indica que “la vestimenta completa usada en La Tirana, según nuestras tradiciones, está bendecida, no es para espectáculo”.

En la última versión de la Fiesta de La Tirana se realizaron cerca de 220 bailes religiosos. Cada uno tiene un respaldo histórico, explica el chef. En sus inicios, se inspiraban principalmente en expresiones locales. Aparecen nombres como cuyacas (“hermanas”, en lengua aymara) y chunchos. Las primeras son una representación de la mujer andina, y los segundos, personajes con trajes de capa y faldón de plumas, evocación de un búho.

Cuando surgieron las oficinas salitreras y a la zona llegó el cine, con películas donde aparecían tribus de aborígenes norteamericanos y comunidades gitanas, nacieron grupos de baile con figuraciones de pieles rojas y zíngaros.

La mezcla de culturas continuó en la década de los ‘50, cuando a la zona arribó la Diablada de Oruro, dando lugar a la primera diablada de Iquique, todavía vigente y conocida como la Diablada del Goyo, apodo de un peluquero que ejerció como caporal de la cofradía. No obstante fue criticada por imitar lo que se hacía en Bolivia. Su influencia creció y no tardaron en aparecer grupos similares, como Siervo de María, diablada de la que David Barraza formó parte. El chef cuenta que años después aparecieron los Zambos Caporales, también originarios de Bolivia y fáciles de identificar: bailan con una especie de bombacho y botas altas con cascabeles, junto a mujeres de polleras muy cortas. Otras danzas de influencia boliviana que se integraron a la fiesta son las Morenadas, que se suman al grupo de los Kallawuayos – representantes de antiguos curanderos del altiplano –, Cuyahuas, Tobas y Tinkus, o guerreros que evocan una tradición entre amigos donde, tras golpearse, bendicen a la Pachamama o Madre Tierra con la sangre derramada.

Así como muchas expresiones tienen origen boliviano, son varias las bandas de músicos que arriban desde el vecino país para acompañar los bailes. La integración crece, y hoy por hoy, muchos quienes asisten a la celebración no son de origen iquiqueño, siendo comunes los campamentos temporales que se levantan en el pueblo durante la estadía de los visitantes. Otros cambios posibles de advertir en el festejo son parte de un proceso natural y necesario para mantenerse, dice el chef, con una perspectiva positiva. La Tirana se ha ido enriqueciendo culturalmente de ese modo.

SINCRETISMO RELIGIOSO Y CULINARIO

La mayoría de quienes asisten a la fiesta lo hacen en torno a la fe católica. Sin embargo en esta, y especialmente en otras celebraciones del norte existe una conexión con otros seres, que para nosotros son importantes”, dice David Barraza, respecto a la cosmovisión aymara donde se habla de espíritus sagrados denominados apus, que se representan en elementos de la naturaleza, como las montañas. La referencia del chef es parte del sincretismo que caracteriza muchas de las expresiones espirituales en el norte de Chile, fruto de la evangelización católica ocurrida en tiempos coloniales, y la permanencia de las creencias locales. Sus ritos y fiestas, como las de La Tirana, se transforman así en escenario de una interesante mezcla de manifestaciones culinarias, y muchas veces, en un reencuentro o revalorización de elementos con raíces ancestrales.

Esto se observa, por ejemplo, en el consumo de carne de llama. David Barraza recuerda que durante su infancia en Iquique, habitualmente se consumía este producto y abundaban las carnicerías que lo comercializaban. Sin embargo, a mediados de los ‘70, cuando la población y la ciudad misma crecieron a partir del auge de las pesqueras y el funcionamiento de la Zona Franca, comenzó a no ser bien visto alimentarse con este recurso, reservándose únicamente para fiestas patronales. Se desencadenó con ello un conflicto cultural: al no haber carnicerías, no hubo crianceros, y sin ellos, bajó la producción de lana y disminuyeron las labores artesanales. En la actualidad, los mataderos autorizados se instalan únicamente en Pozo Almonte para los festejos.

Desde siempre, la Fiesta de La Tirana ha convocado a la cocina popular. En la actualidad se aprecian puestos de anticuchos y pollo asado. También hay jugos naturales de frutas, como mango o maracuyá, traídos desde Pica. Otra opción es el café al paso, que ha ido reemplazando o complementando el servicio en locales establecidos. Destaca, a la vez, la variedad de golosinas, como arroz confitado y pululo, dulce típico de tierras altiplánicas. Son solamente algunos ejemplos de la confluencia de culturas que aquí se observa. Se suman los asados de cordero o de llama, y platos como estofado de llama y calapurca, preparación ancestral que consiste en una contundente sopa con seis tipos de carnes cocinadas de manera tal que, al servir, el comensal puede deshilacharlas al contacto de un tenedor. La receta forma parte de la dieta aymara, y se suele servir para “romper el día” en las celebraciones religiosas del norte, a eso de las cinco de la madrugada. En La Tirana se acompaña con ingredientes propios de la zona, como papa reventada, maíz blanco y cilantro, cuenta el chef.

La lista de sabores continúa. Figuran los picantes de conejo o pollo, acompañados de arroz, o un guiso en base a papa seca llamado chuño phuti, las sopaipillas y los tamales nortinos, estos últimos preparados con maíz, bastante más apretados y envueltos en hoja de caña o de achira.

La abundante oferta de alimentos en la Fiesta de La Tirana viene de larga data, explica David. Antiguamente se instalaba sólo alrededor de la plaza, pero hoy se encuentra por diferentes calles del pueblo. Por lo general, la preparación de los alimentos está en manos de peruanos y bolivianos, aunque también hay familias chilenas, que siguiendo el valor de la reciprocidad, tan propio de las comunidades originarias del norte y todo Chile, instalan mesas y regalan platos a quien pase.

También persiste la costumbre de reunirse en familia, y esperar la llegada de los parientes con un ponche caliente que se asemeja al cola de mono. La principal diferencia está en el empleo de alcohol de caña en lugar de aguardiente.

Cabe destacar que los ingredientes que aquí se ocupan tienen origen local. También el uso de elementos de esta tierra puede ir más allá de la cocina, pues décadas atrás, incluso las andas de la virgen, que hoy llevan flores, se decoraban con naranjas y pomelos traídos desde Pica. Esto último es otro ejemplo de la fecunda mezcla cultural que se observa en la Fiesta de La Tirana. Si bien la mayoría de los asistentes está ahí para hacer alabanzas y cumplir promesas, quizás sin proponérselo refuerzan con su presencia tradiciones que hablan de cosmovisión, rescate de productos, cocina y sabores ancestrales.

Chef&Hotel es una publicación nacional independiente y objetiva, que desde hace 15 años cubre en forma amplia todo el quehacer del mundo hotelero, gastronómico y turístico en Chile y Latinoamérica, con una propuesta nueva.

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