D’DOOR HOTEL

D’DOOR HOTEL

D’Door Hotel

Una puerta a otra época

El recientemente inaugurado hotel boutique en el centro de Santiago, ofrece un ambiente tranquilo y servicio cordial. Una propuesta pensada para el huésped que busca una atención personalizada y desea vivir la ciudad desde su corazón, para conocer su cultura y costumbres

Flavia Ferretti, gerente general

LA CALLE ALMIRANTE MONTT, en el centro de Santiago, parece un lugar donde el tiempo se detuvo. Es un pasaje sin salida, con construcciones de los años ‘40, gran parte de ellas con sus fachadas restauradas conservando su línea y apariencia original en muy buen estado.

La más reciente intervención y mejora fue en el edificio 439, un lugar que desde octubre de 2017 opera como un hotel boutique que recibe a turistas, principalmente extranjeros, que llegan a nuestro país en busca de una experiencia completa.

UN LUGAR CON HISTORIA

Al llegar al frontis de D’Door, la sensación de estar en otra época aumenta. Su característica principal es una gran puerta de más de tres metros y medio de alto, fabricada especialmente para llamar la atención de quienes llegan al hotel, y transmitir la esencia de un lugar con más de 70 años de historia. Se trata de un edificio de cuatro pisos, más un subterráneo que alberga la cafetería, baños y espacios comunes para desayunar. Si nos remontamos a sus inicios, el relato es interesante.

Fue Pascual Baburizza, empresario croata que llegó a Chile después de la Primera Guerra Mundial, quien mandó a construir el lugar con el objetivo de recibir a los yugoeslavos que llegaban a nuestro país. “La idea fue hacer un albergue que recibiera a los inmigrantes que no tenían dónde llegar, estaban sin trabajo y ni siquiera conocían el idioma. Entonces se les daba alojamiento, se les enseñaba castellano, y una vez que estaban insertos en la sociedad trabajando y tenían sus ahorros, podían irse por sus propios medios. Así se lograba el espacio para recibir a nuevas familias. Todo sin distinción de credo o tendencia política, algo que estaba estipulado en el estatuto de la fundación”, cuenta la gerente general de D’Door Hotel, Flavia Ferretti.

Actualmente la construcción sigue siendo propiedad de la Junta de Beneficencia Croata, apadrinada por Pascual Baburizza, que con el tiempo fue perdiendo dinámica y organización, hasta terminar en un edificio casi en ruinas. Fue así como la empresa de construcción y arquitectura Lennox, pensó que era una buena oportunidad para recuperar la edificación y entrar al ascendente negocio hotelero.

La compañía propuso a la Sociedad Croata arrendar el lugar, restaurarlo y transformarlo en lo que es hoy, un elegante y refaccionado inmueble preparado para seguir recibiendo extranjeros, esta vez como huéspedes que buscan conocer más la historia y cultura chilena.

LA ELEGANCIA DE LO SIMPLE

El trabajo realizado por el arquitecto original del edificio en los años ‘40, Felipe Lorca, era difícil de percibir. El mal estado de la casa y la antigüedad de sus instalaciones, no dejaban ver el gran potencial que siempre tuvo. Sin embargo todo comenzó a ver la luz en 2016, cuando se iniciaron las primeras obras de restauración. “Quisimos devolver el espíritu que tenía esto. El nombre, La Puerta, lo creamos pensando en la puerta de entrada que fue hecha de manera especial, característica principal del lugar. Que representara una puerta de entrada a otro país y época, para que tuviera sentido esto de albergarse y recibir al extranjero, cobijarlo con el mismo espíritu de antes”, dice la ejecutiva.

“La inversión fue alrededor de 250 millones de pesos para remodelar todo. Tratamos de rescatar lo más posible, los pisos, el parquet, por ejemplo, reutilizando algunas cosas para reacondicionar las habitaciones. Obviamente la distribución era distinta, sacamos habitaciones y pusimos otras hasta dejarlo acorde a un hotel, aunque la esencia es la misma, usamos los mismos materiales para concordar con lo que ya había. Los pisos y el roble en otros detalles que existían se mantuvieron, al igual que el diseño original de la escalera y sus ventanales. Fue mucho trabajo, pero finalmente se logró lo que queríamos”, señala Flavia.

Una de las cosas más complejas fue la incorporación de un ascensor, en un edificio que no tenía espacio ni estaban las condiciones para instalarlo. Se buscó el lugar adecuado, y se adaptó para disponer del elevador, imprescindible para un hotel de primer nivel. “Era impensado abrir sin ascensor, pues son cuatro pisos. Además hay que considerar que nuestro target son turistas más bien mayores, y teníamos que ofrecer todas las comodidades necesarias”, dice la gerente.

El interiorismo también estuvo a cargo de Lennox. No sólo se encargaron de la obra del hotel, sino que además escogieron, diseñaron y fabricaron cada mueble y tela que hoy se encuentra en el lugar. “Nos inspiramos en materiales acorde a la edad del edificio, muchos de estilo urbano, bastante de la época de los ‘40, porque teníamos que seguir las características del inmueble, que tiene una línea bien especial, muy limpio y recto, y eso quisimos mantener”, explica Flavia.

Así se llegó a un hotel de 15 habitaciones, que se diferencian por tamaño y orientación, principalmente. Las Superior miden alrededor de 25 metros, y las Estándar, 12 metros. Todas están equipadas con los mismos elementos: cafetera, frigobar, sistema de wifi, pantuflas y bata.

ATENCIÓN PERSONALIZADA

D’Door Hotel está enfocado a recibir a cada huésped de forma especial, considerar sus necesidades y atender la mayor cantidad de ellas. Emplazado en el centro de Santiago, ofrece un entorno tranquilo, cerca de los principales atractivos de la ciudad. Barrio Lastarria, Museo Nacional de Bellas Artes, Cerro Santa Lucía, Teleférico y tiendas de artesanía, son algunos de los destinos más recomendados por los expertos del hotel. Es que los clientes buscan descansar, llegar a un lugar sin el bullicio de las grandes ciudades, a sólo un paso de los principales destinos turísticos. Dice Flavia Ferretti: “Más que todo recibimos europeos: ingleses, franceses e italianos, personas de 35 y 40 años para arriba, que busca un turismo urbano, gusta de caminar y conocer realmente la ciudad, sus costumbres y su gente. Son más de cultura y menos de shopping, por eso tratamos de tener una relación con ellos, saber a qué vienen y atenderlos según esas expectativas”.

El desayuno es según el estilo de pasajeros que recibe. Además de los elementos básicos que todo buffet debe incluir para comensales internacionales, D’Door ha decidido incorporar detalles orgánicos que refresquen la propuesta. “Queremos diferenciarnos del desayuno común de todos los hoteles, dado que nuestro cliente es más europeo y el tema orgánico les importa. Entonces incluimos platos para que la gente pueda sacar directo una hoja si quiere ocuparla para un té o infusión. Por ejemplo manzanilla, menta, y otros que pueden servir. También, en la misma línea, frutos secos y otros elementos”.

Quiches
Lasaña $6.900
Café y pastelería casera

La cafetería ubicada en el subterráneo no es pretenciosa, tomando en cuenta la gran oferta gastronómica que abunda en el barrio. De igual manera tiene almuerzos, tanto para huéspedes como clientes del sector que buscan sabores caseros. Se preparan quiches, lasañas, pastel de choclo y otras alternativas, para hacer un menú conveniente que incluye ensalada, limonada, postre y café. La pastelería también es casera, y algunos sandwichs complementan la carta para quienes quieren comer algo fresco.

D’Door Hotel llegó para dar más vida al pasaje Almirante Montt, para hacerse cargo de una demanda que ha crecido notoriamente en los últimos años, la llegada de turistas que poco sabían de nuestro país, pero que hoy arriban en busca de nuevas y más gratas aventuras.

D’Door Hotel

  • Almirante Montt 439, Santiago
  • Teléfono: (+56-2) 2638 3677
  • www.ddoor.cl