Pancho Grande: Especialidad que se abre camino desde Quillota

Pancho Grande: Especialidad que se abre camino desde Quillota

PANCHO GRANDE | está disponible en formatos de 1kilo, medio y cuarto kilo pensados para cafetería
Desde Quillota, Tayson, la tostaduría fundada por Christian Miranda, propone una mezcla 50/50 entre Robusta y Arábica pensada para cafeterías y consumidores formados en el tueste italiano. Pancho Grande no busca corregir el paladar, sino acompañarlo. Detrás del proyecto hay arte, territorio, aprendizaje y una historia familiar convertida en café.
El primer sorbo no siempre es una revelación. A veces es apenas un acuerdo tácito: un café que no exige explicaciones, que no empuja al borde de la acidez ni obliga a cambiar de costumbres. Pancho Grande nace desde ese lugar. No como una renuncia al café de especialidad, sino como un puente. Un gesto consciente hacia quienes vienen del café comercial, del tueste italiano, del amargor asociado a la idea de “fuerza” y “potencia”. Tostado en Quillota por Christian Miranda bajo la marca Tayson Coffee, Pancho Grande es una mezcla 50/50 de robusta y arábica pensada especialmente para cafeterías. Es hoy su café que más se mueve en ese canal. En paralelo, la venta directa al público de casa se inclina mayoritariamente por su línea arábica de especialidad: orígenes únicos, métodos filtrados, preguntas por molienda, temperatura y receta. Dos mundos que conviven casi en equilibrio y que describen con bastante fidelidad el mapa real del consumo.

Christian lo observa a diario. El cliente de casa suele tener prensa, V60, moka o cafetera americana; se toma el tiempo, pregunta, prueba. El dueño de cafetería, en cambio, quiere irse a la segura. Busca cuerpo, busca amargor –aunque lo nombre como potencia– y necesita un café que no genere fricción con un público formado durante décadas en un mismo perfil. Pancho Grande responde a ese escenario sin descalificarlo. Ese entendimiento no es discursivo. Es biográfico.

Tostado en Quillota por Christian Miranda bajo la marca Tayson, Pancho Grande es una mezcla 50/50 de robusta y arábica pensada especialmente para cafeterías.

ESCULPIENDO CAFÉ

Antes de dedicarse al café, Christian –oriundo de Iquique norte de Chile– estudió arquitectura y luego arte en la Región de Valparaíso, disciplina que terminó en 2010. Al año siguiente, en 2011, abrió una pequeña galería en calle Lautaro Rosas, en el Cerro Alegre. Era un cuarto, un espacio mínimo. En 2012 se trasladó a la misma calle, esta vez en la esquina con Almirante Montt, y en 2013 instaló una cafetería dentro de la galería. El café apareció entonces como una extensión natural del espacio artístico: una manera de acompañar la experiencia, de invitar a quedarse mientras se recorrían exposiciones.

Antes de ese proceso, Christian no tomaba café. No le gustaba. La referencia era el café comercial y el rechazo era casi automático. La cafetería lo obligó primero a aprenderlo como oficio; el gusto y la comprensión vendrían después.

El punto de quiebre llegó tras leer un reportaje sobre café de especialidad y llamar directamente a Café Lama. Desde la marca le indicaron que en la V Región el distribuidor era Rodrigo Gorigoitia, quien en ese entonces operaba bajo el nombre Casa Barista, proyecto que más tarde se consolidaría como Taller Café. El contacto fue inmediato: Gorigoitia lo llamó ese mismo día y fue al Cerro Alegre a conocer la galería. Así llegó el primer café de especialidad a ese espacio.

CHRISTIAN MIRANDA | dueño de Tayson Coffee y café de especialidad Pancho Grande

FILTRADO COLOMBIA HUILA

CAFÉ DIRECTO AL CORAZÓN

El primer espresso no fue un flechazo. No le gustó. Pero algo llamó su atención: la acidez. No como placer inmediato, sino como una posibilidad nueva. Como un lenguaje distinto al que estaba acostumbrado. A partir de ahí comenzó un proceso de aprendizaje que se profundizó con Juan Mario Carvajal, figura clave en sus inicios.

Durante una semana de trabajo intenso, Christian descubrió no solo la técnica, sino una manera distinta de pensar el café. Juan Mario no demonizaba la robusta. Al contrario, insistía en respetarla como parte de la naturaleza. “No se puede decir que es mala”, le dijo. “Es amarga, sí, pero eso también es una condición natural”. Esa idea quedó instalada y reaparecería años después convertida en café.

El dueño de cafetería, en cambio, quiere irse a la segura. Busca cuerpo, busca amargor —aunque lo nombre como potencia— y necesita un café que no genere fricción con un público formado durante décadas en un mismo perfil. Pancho Grande responde a ese escenario sin descalificarlo.

Entre 2015 y marzo de 2018, Christian tuvo la cafetería de calle Edwards, una etapa decisiva en su aprendizaje práctico. En paralelo, comenzó a vincularse con el tostado: primero ofreciendo café verde y contratando servicios de tueste, y luego avanzando hacia un conocimiento cada vez más directo del proceso.

En la segunda quincena de 2018, ya vendida la cafetería de Edwards, comenzó a comercializar café bajo el nombre Tayson Coffee. La marca nació ese año y cumple hoy ocho años de existencia. El tránsito hacia el tostado propio fue gradual, pero marcado por los consejos y capacitaciones de Camilo Muñoz (Instructor de The CQI y SCA) el cual con los años se a vuelto su mentor y amigo. Christian habla del tostado con el mismo lenguaje que usa para la escultura: tacto, atención, respeto por la materia. El crack no es solo un dato técnico, sino una señal que se reconoce con el cuerpo.

TARTA VASCA | con espresso

KOMBUCHA | con un sandwich de ciabatta pollo con champignon, lechuga y mayo casera

KOMBUCHA | con sandwich miga queso cabra con tomate deshidratado y pesto

EL CAFÉ COMO DESTINO

Hoy, Tayson funciona también como cafetería abierta al público, ubicada en la calle Chacabuco N° 359, Quillota, en pleno centro de la ciudad. El espacio opera como extensión natural de la tostadoría: un lugar donde el café se prueba, se conversa y se explica sin apuro, con el grano y la máquina siempre a la vista, reforzando la idea de oficio por sobre el artificio.

El espacio acompaña esa lógica sin imponerse. De escala contenida, luminosa y abierta a la calle, la cafetería privilegia la funcionalidad por sobre la puesta en escena: barra central, estanterías con café y utensilios visibles, máquinas expuestas como herramientas de trabajo y no como objetos fetiche. El verde de las luminarias y las repisas introduce un gesto doméstico que dialoga con la materialidad simple del lugar, mientras el tránsito constante de vecinos y clientes habituales refuerza su condición de punto cotidiano más que de destino.

El tránsito hacia el tostado propio fue gradual, marcado por la experimentación y la escucha. Christian habla del tostado con el mismo lenguaje que usa para la escultura: tacto, atención, respeto por la materia. El crack no es solo un dato técnico, sino una señal que se reconoce con el cuerpo.

En la barra, el trabajo diario de la barista Francisca Ondarza y de la chef pastelera Renata Fernández sostiene esa experiencia desde el detalle y la consistencia, integrando café y cocina como partes de un mismo oficio. Todo ocurre a la vista, sin secretos, como parte del mismo acto de tostar, moler y servir. En la carta, el café convive con preparaciones sencillas y bien ejecutadas: espressos desde $1.800, filtrados V60 entre $4.000 y $5.500 para compartir, sándwiches en pan hecho en casa desde $2.800 y pastelería clásica —alfajores, brownies, kuchen— con valores que van entre $1.500 y $3.500.

La decisión técnica acompaña esa filosofía. En Pancho Grande, la robusta aporta cafeína, cuerpo y un amargor natural que remite a tabaco, madera y cacao; la arábica equilibra, suaviza y deja aparecer una acidez leve, contenida. El resultado no reseca la boca: mantiene la salivación, señal clara —para Christian— de un café bien tostado y de una materia prima respetada.

CHEESECAKE ARÁNDANOS | junto café capuccino

CHRISTIAN MIRANDA | junto a Francisca Ondarza y Renata Fernández

PANCHO EN GRANDE

Pancho Grande está disponible en formatos pensados para cafeterías –1 kilo, medio y cuarto kilo– y se ha convertido en una solución estable para locales que buscan un café consistente, reconocible y honesto para su público. En formato de 250 gramos, su valor bordea los $12.000, manteniendo una relación directa entre calidad, trabajo y precio.

Pancho Grande está disponible en formatos pensados para cafeterías –1 kilo, medio y cuarto kilo– y se ha convertido en una solución estable para locales que buscan un café consistente, reconocible y honesto para su público.

En paralelo, Tayson se mantiene firme en el trabajo que ha desarrollado desde sus inicios: una línea de cafés de especialidad por origen, también disponibles en formato de 250 gramos, pensada para quienes buscan explorar perfiles y procedencias distintas. Pancho Grande no viene a desplazar esa propuesta, sino a complementarla, ampliando el rango de entrada sin alterar el corazón del proyecto. En esa línea conviven cafés como Huila (Colombia), de proceso natural, con notas a frutos amarillos y caramelo; Pangoa (Perú), lavado, de acidez baja y recuerdos a chocolate y frutos secos; Illampu (Bolivia), de carácter profundo, cacao y chocolate amargo; y La Orduña (México), con acidez málica, cuerpo suave y notas a frutos rojos y té negro. Los valores de estos cafés se mueven entre los $11.000 y $14.000 por 250 gramos, según origen y proceso.

Más que una carta amplia, la propuesta es coherente: pocos cafés, bien trabajados, donde cada uno encuentra su lugar. Pancho Grande no compite con la especialidad; la acompaña. Y la especialidad, a su vez, no busca imponer un discurso, sino abrir posibilidades. Desde Quillota, Tayson construye así una tostadoría de escala humana, donde el oficio importa tanto como el resultado en taza. Un café pensado para el día a día de las cafeterías, pero también para quien quiere detenerse, moler, preparar y escuchar. Porque, al final, el café –como la escultura– también se trata de eso: contacto, instinto y tiempo.

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