En Chile, la mayonesa no es solo un acompañamiento, está en el ADN de la sanguchería, en la memoria de las fuentes de soda y en el presente de una escena gastronómica que mezcla tradición, delivery y sofisticación. No es casualidad que el país sea hoy el segundo mayor consumidor per cápita de mayonesa en el mundo, con cifras que rondan entre 1,5 y 1,6 kilos por persona al año.
Ese dato, más que anecdótico, funciona como punto de partida para entender el lanzamiento de Hellmann’s Supreme, una mayonesa diseñada específicamente para el mundo profesional. No como producto final, sino como insumo estratégico. “Entendemos que para los chefs es importante comprar una buena mayonesa porque va a ser la diferenciación que vas a hacer frente a otras marcas con tu propuesta culinaria”, explica Gonzalo Sepúlveda, Marketing Leader de Unilever Food Solutions Chile.
LA MAYONESA COMO LENGUAJE
Dentro de la lógica del food service, la mayonesa cumple un rol que excede lo funcional. Es, en muchos casos, el punto de partida de la identidad de una cocina. En un mercado saturado de hamburguesas, completos y sándwiches, la diferencia está precisamente en las denominadas salsas de autor. “El día de mañana pueden existir 500 marcas de hamburguesas, pero lo que va a diferenciar una de otra es la salsa”, señala Sepúlveda.
No es casualidad que el país sea hoy el segundo mayor consumidor per cápita de mayonesa en el mundo, con cifras que rondan entre 1,5 y 1,6 kilos por persona al año.
Ese concepto –la salsa como firma– es uno de los ejes del desarrollo de Supreme. Más que competir directamente con la mayonesa casera, busca replicar sus atributos clave en términos de sabor, textura y estabilidad, resolviendo al mismo tiempo las limitaciones operativas de una cocina profesional: estandarización, inocuidad y eficiencia.
Si bien la mayo casera sigue siendo un ideal que nace del imaginario de consumo a nivel nacional, no siempre es viable en contextos de alta demanda. “No todas las cadenas pueden hacer una mayonesa que sea segura, que mantenga una receta estandarizada o que no tenga merma”, explica. Ahí aparece el espacio para una solución industrial que no sacrifique calidad.
FULL FAT DE FACTURA LOCAL
Uno de los aspectos centrales de Hellmann’s Supreme es su formulación full fat: un 76,4% de aceite en su composición, sin uso de almidones modificados. Esto no es un detalle menor. En términos técnicos, un mayor contenido graso impacta directamente en tres variables críticas: sabor, cremosidad y estabilidad de la emulsión.
“El concepto de full fat habla de mayonesas con entre 70% y 80% de aceite, lo que permite lograr emulsiones más estables y un sabor más intenso”, apunta Sepúlveda. Desde la perspectiva culinaria, esto se traduce en una textura más sedosa, una mejor integración con otros ingredientes y una mayor capacidad de soportar procesos sin romperse. En otras palabras, una base confiable.
Hellmann’s Supreme, una mayonesa diseñada específicamente para el mundo profesional. No como producto final, sino como insumo estratégico. “Entendemos que para los chefs es importante comprar una buena mayonesa porque va a ser la diferenciación que vas a hacer frente a otras marcas con tu propuesta culinaria”, explica Gonzalo Sepúlveda, Marketing Leader de Unilever Food Solutions Chile.
A eso se suma el uso de huevo líquido pasteurizado –en lugar de huevo en polvo, habitual en otras formulaciones– y proveniente de gallinas libres, un atributo que responde tanto a criterios de calidad como a exigencias crecientes en torno a trazabilidad y bienestar animal. El resultado es una mayonesa de color más blanco, alineada con el impacto visual de la querida mayo de fuente de soda, y con una emulsión pensada para adaptarse a múltiples aplicaciones.

PREMIUMIZACIÓN Y CAMBIO DE PARADIGMA
El desarrollo de Supreme responde a una transformación más amplia en el consumo gastronómico: la premiumización. Un concepto que se ha abierto paso como un vector de consumo a nivel global. Sepúlveda lo traduce como una búsqueda de los consumidores por la calidad versus la cantidad.
Este fenómeno se refleja en distintos niveles: desde el alza en el ticket promedio de categorías como hamburguesas –que hoy pueden superar los $10.000– hasta la consolidación de polos gastronómicos en regiones, donde el crecimiento del sector ha sido incluso mayor que en la Región Metropolitana. En ese contexto, los operadores están dispuestos a invertir más en ingredientes que aporten valor real a su propuesta. Y la mayonesa, lejos de ser un commodity, se transforma en un elemento estratégico.
Otro factor relevante es el origen de la competencia. En el segmento premium o Tier 1, gran parte de los productos disponibles en el mercado chileno son importados, principalmente desde Estados Unidos. Esto implica diferencias en formulación –uso predominante de aceite de soya o palma– y también en formatos, muchas veces menos prácticos para la operación diaria.
Uno de los aspectos centrales de Hellmann’s Supreme es su formulación full fat: un 76,4% de aceite en su composición, sin uso de almidones modificados. Esto no es un detalle menor. En términos técnicos, un mayor contenido graso impacta directamente en tres variables críticas: sabor, cremosidad y estabilidad de la emulsión.
Frente a eso, Hellmann’s Supreme se posiciona como una alternativa local, producida en Chile, con una mezcla de aceites (soya y maravilla) que busca equilibrar sabor, costo y disponibilidad. El norte es claro para Gonzalo: “Tenemos que encontrar una fórmula que sea competitiva, pero sin perder ingredientes de calidad”. La lógica no es solo técnica, sino también económica: poder lograr un producto premium que sea viable dentro de los márgenes del negocio gastronómico.
VERSATILIDAD Y TENDENCIA
Si hay un concepto que atraviesa todo el desarrollo de Supreme es el de versatilidad. La mayonesa está pensada para funcionar en múltiples roles: como topping en sándwiches, como base para salsas, como dip o incluso en aplicaciones calientes, como el sellado de panes en plancha.
Pero más allá de sus usos, lo que se busca es eficiencia operativa. Menor merma, facilidad de manipulación, mejor higiene y optimización del tiempo en cocina son parte del diseño del producto, incluyendo su formato de empaque. En ese sentido, la mayonesa deja de ser solo un ingrediente y pasa a ser una herramienta de trabajo. Gonzalo, que ha trabajado como chef en desarrollo de productos en Unilever antes de formar parte del equipo de marketing, sabe de la suma de los beneficios que avalan el producto.
El resultado es una mayonesa de color más blanco, alineada con el impacto visual de la querida mayo de fuente de soda, y con una emulsión pensada para adaptarse a múltiples aplicaciones.
El lanzamiento oficial se realizó en enero recién pasado en el MUT (Mercado Urbano Tobalaba), un espacio que sintetiza varias de las tendencias actuales: diseño, urbanismo y una oferta gastronómica diversa. La elección no fue casual. Ahí se buscó mostrar la versatilidad del producto a través de distintas estaciones culinarias: smash burgers, cocina nikkei, propuestas mexicanas, con la mente puesta en una declaración de intenciones: posicionar a Supreme dentro de una cocina contemporánea, híbrida y en constante evolución.
La llegada de Hellmann’s Supreme no pretende reemplazar la creatividad del chef, sino potenciarla. Desde Unilever Food Solutions la definen con la humildad de un “lienzo para crear”. Una base que permite construir identidad, experimentar y, sobre todo, diferenciarse. En un escenario donde la oferta crece y se diversifica, esa promesa adquiere peso. Porque si algo queda claro es que, tanto en esa receta de antaño como en la sanguchería high-end, la mayonesa no solo puede ser el toque final. Bien puede ser el comienzo.
