El helado como lenguaje del territorio

10 años de La Obra

El helado como lenguaje del territorio

JUAN JOSÉ ORUETA | socio y heladero de La Obra
Desde Curicó, la heladería fundada por Juan José Urueta y María Angélica Bravo celebra una década construyendo una propuesta que conecta ingredientes del Maule con técnica italiana, cocina e innovación. La inauguración de su nueva fábrica para el mercado Horeca y una escuela de heladería junto a Carpigiani Gelato University marcan el inicio de una nueva etapa que busca proyectar el helado chileno hacia Latinoamérica sin perder de vista el objetivo que los ha definido desde el primer día: emocionar a través de un helado.

Con un auténtico pranzo italiano junto a un centenar de invitados entre amigos, clientes, proveedores y profesionales de la industria, Juan José Orueta y su familia conmemoraron los 10 años de La Obra, la heladería artesanal que ha posicionado a Curicó dentro del mapa mundial del gelato y que hoy celebra una nueva etapa con la inauguración de nuevas instalaciones destinadas no sólo a abastecer al mercado Horeca, sino también a la formación, investigación y desarrollo de nuevos productos y proyectos en Chile y el extranjero.

«Es un momento muy emocionante para nosotros, ya que en algún minuto pensamos que no íbamos a sobrevivir a los acontecimientos que han existido durante todo este tiempo. Sobre todo, en la pandemia, que fue un momento de reflexión en el cual tuvimos que reinventarnos y focalizar todos nuestros esfuerzos y conocimientos para tomar un camino cien por ciento ligado al mundo del helado artesanal”, comenta Orueta en conversación con Chef&Hotel desde Curicó.

LA VITRINA DE LA OBRA | combina sabores clásicos con otros basados en la temporada, como el sorbet de sandía que en verano es un imperdible

“DIEZ AÑOS NO SE CELEBRAN TODOS LOS DÍAS” | cuenta Juan José a Chef&Hotel. Por eso, han programado una serie de actividades para celebrar en grande este nuevo aniversario

Es en el strip center Puerta Oriente, a pocos metros de la ruta 5 sur, donde su búsqueda de técnica, sabor e innovación sorprende a locales y turistas durante todo el año. Su prolija vitrina resume, probablemente mejor que cualquier discurso, la identidad de La Obra. Cada receta nace de una investigación que comienza mucho antes de encender una pasteurizadora: en el huerto de un productor de frambuesas, en un cultivo de avellanas maulinas, en las salinas de Boyeruca o en la conversación con quienes trabajan la tierra y conocen el comportamiento de cada ingrediente durante las distintas estaciones del año.

Juan José Orueta y su familia conmemoraron los 10 años de La Obra, la heladería artesanal que ha posicionado a Curicó dentro del mapa mundial del gelato y que hoy celebra una nueva etapa con la inauguración de nuevas instalaciones.

Aquí el helado no se entiende únicamente como un postre ni como un producto de consumo estacional. Es una expresión gastronómica donde convergen cocina, agricultura, ciencia de los alimentos, memoria y territorio, derivada de la búsqueda personal de Juan José desde mucho antes que comenzara a dedicarse a la cocina.

Ese modo de entender el oficio explica por qué La Obra ha logrado trascender el ámbito regional para transformarse en una referencia de la heladería artesanal chilena, tal como dan cuenta numerosos medios internacionales especializados en la materia. En 2024 fue la heladería mejor posicionada de Latinoamérica en el Gelato Festival World Ranking, ubicándose en el puesto 23 a nivel mundial, un reconocimiento que situó a Curicó en el mapa internacional del gelato artesanal y anteriormente, en 2019, Juan José obtuvo el primer lugar en la Copa Nacional de Heladería celebrada en el marco del festival Valpo Bajo Cero; entre muchos otros reconocimientos.

UBICADO EN EL STRIP CENTER PUERTA ORIENTE | el local de La Obra se ha posicionado como un referente en cafetería, heladería y pastelería

EL TRABAJO CON PEQUEÑOS PRODUCTORES | y fruta fresca de la estación permite a Juan José Orueta y su equipo ofrecer sabores únicos inspirados en los tesoros del Maule

GRAN PARTE DE LA FILOSOFÍA DEL PROYECTO, CUENTA JUAN JOSÉ | se basa en combinar la técnica y el sabor con la creatividad y la comunicación

Desde ese entonces, lo que comenzó como un emprendimiento familiar se transformó en un proyecto que hoy integra una moderna planta de producción con capacidad para 50.000 litros mensuales, instalaciones de primer nivel y alta tecnología; la cual marca, sin lugar a duda, un importante hito para la industria local, con un fuerte enfoque sustentable y un diseño de excelencia.

Cada receta nace de una investigación que comienza mucho antes de encender una pasteurizadora: en el huerto de un productor de frambuesas, en un cultivo de avellanas maulinas, en las salinas de Boyeruca o en la conversación con quienes trabajan la tierra…

EL FUTURO SE JUEGA HOY

Chile figura desde hace años entre los mayores consumidores de helado de América Latina. Frente a este escenario, para Juan José existe una gran oportunidad, no en competir únicamente por volumen, sino en construir una nueva cultura de consumo, donde el cliente aprenda a reconocer el valor de un producto elaborado artesanalmente, con materias primas seleccionadas, formulaciones equilibradas y una identidad gastronómica propia. «Si bien somos los mayores consumidores de la región, creo que entre un 60 y un 70 por ciento del helado que consumimos sigue siendo industrial. Ahí existe una oportunidad enorme para los maestros heladeros de cambiar ese porcentaje y lograr que cada día exista un mayor posicionamiento del helado artesanal”.

LOS HELADOS | destacan por su cuidada presentación

LOS HELADOS SE ELABORAN | con recetas independientes que, de la mano de una formulación personalizada, aseguran una calidad óptima con sello artesanal

En palabras del heladero curicano, pocos países reúnen una diversidad de frutas, frutos secos, productos lácteos y materias primas comparable con la del territorio chileno. Desde los berries del sur hasta los cítricos del norte, pasando por las avellanas europeas cultivadas en el Maule, las cerezas, los pistachos, las nueces y una extraordinaria despensa agrícola, el país ofrece un escenario privilegiado para desarrollar una heladería con identidad propia.

«Creo que Chile tiene la capacidad para ser una potencia mundial en helado artesanal. Tenemos absolutamente todo para lograrlo. Mientras más seamos los que trabajemos con esa visión y ese convencimiento, más lejos vamos a llegar», insiste. Por eso hace hincapié en la importancia de compartir el conocimiento para hacer crecer la industria, lo cual se plasma en su nueva Escuela, que cuenta con el respaldo internacional de Carpigiani Gelato University y que nace con una vocación abierta en un entorno único en el corazón del Maule.

Ese modo de entender el oficio explica por qué La Obra ha logrado trascender el ámbito regional para transformarse en una referencia de la heladería artesanal chilena, tal como dan cuenta numerosos medios internacionales especializados en la materia.

La idea, explica el chef, es que los estudiantes puedan interactuar con los productos locales, crear nuevos sabores con las hierbas que crecerán en el jardín de la fábrica junto a una pequeña huerta alimentada con su propio compost y meterse de lleno en las diferentes dimensiones que abarca el mundo de la heladería artesanal. De este modo, el propósito de este espacio no consiste únicamente en enseñar las metodologías desarrolladas por La Obra, sino en transformarse en un punto de encuentro donde distintos profesionales puedan compartir investigaciones, resolver desafíos productivos y construir colectivamente una identidad para la heladería chilena.

: EL UNIVERSO CREATIVO DE LA OBRA | va más allá de formular un buen helado, comenta Juan José, dialogando permanentemente con la pastelería y técnicas de alta cocina aplicadas al mundo dulce

En lugar de preguntarse cómo proteger el conocimiento, para Orueta la pregunta pasa a ser cómo multiplicarlo: «Este espacio también funciona como un área de investigación y desarrollo, donde dejo invitados a todos nuestros colegas, tanto de Chile como del mundo, para que puedan venir a compartir conocimiento, hacer cursos y resolver sus desafíos».

Esa filosofía aparece nuevamente cuando se le consulta qué consejo daría a quienes hoy comienzan su camino en la heladería. Su respuesta no gira en torno a máquinas, inversiones o rentabilidad: habla de curiosidad, de humildad y de trabajo colaborativo: «Que prueben mucho, que se equivoquen, que no tengan miedo a los sabores rupturistas. Que estudien, pero que también experimenten. Esto tiene mucho de prueba y error. Nunca pierdan la humildad, la empatía, la honestidad ni el trabajo en equipo. La mejor forma de crecer es compartiendo el conocimiento«.

Por eso hace hincapié en la importancia de compartir el conocimiento para hacer crecer la industria, lo cual se plasma en su nueva Escuela, que cuenta con el respaldo internacional de Carpigiani Gelato University y que nace con una vocación abierta en un entorno único en el corazón del Maule.

MUCHO MÁS QUE UN PROVEEDOR PARA EL CANAL HORECA

Aunque la nueva planta permitirá abastecer hoteles, restaurantes, cafeterías y otros establecimientos gastronómicos de toda la zona centro y sur del país, Juan José Orueta insiste en que el proyecto no busca convertirse únicamente en un proveedor de helados: “La intención es ofrecer una propuesta gastronómica capaz de aportar valor a las cartas de postres, cafeterías y restaurantes, ayudando a que cada establecimiento encuentre sabores coherentes con su identidad culinaria”.

En esa lógica, el crecimiento del canal HORECA representa una oportunidad para que el helado artesanal deje de ocupar un lugar secundario dentro de la gastronomía y comience a integrarse como un componente relevante de la experiencia culinaria: «Queremos que las personas que quieran tener nuestro helado puedan acercarse, probarlo, conocerlo y llevar una propuesta elaborada con mucho cariño y mucho trabajo».

A futuro, Orueta se proyecta “con la fábrica lo más estandarizada posible para poder dedicarme 100% a la investigación y al desarrollo y así aportar a través de la Escuela, donde se viene un camino enorme. Y espero en unos 10 años más, algún día crear una fundación. Tengo un proyecto ahí guardado, que espero algún día concretar, porque siento y creo que el helado es la industria de la felicidad. Creo que algún día voy a tener una fundación en la cual, a través del helado, voy a llegar a muchos lugares a entregar felicidad, a entregar una sonrisa a quienes más lo necesitan y poder darle foco e intención a ese sueño”.

En sus palabras, “hoy el mayor reconocimiento es ver a nuestros clientes felices, escuchar los recuerdos que les trae un helado y ver a mis hijas orgullosas de ser parte de esta familia y de esta linda empresa que estamos formando. Poder hacer algo con sentido y saber que está generando un aporte a las personas; eso es, sin duda, lo que siempre nos motiva a ir por más sin nunca olvidar de dónde venimos y qué fue lo que nos movió a empezar todo esto».

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