En estos días leí un interesante artículo de The Guardian que destacaba, como tendencia para el verano inglés, la alta presencia de conceptos japoneses en la oferta pastelera y heladera local. Lo cierto es que en nuestro sector, estar al día no basta: hay que adelantarse. Y si hay una tendencia dulce que comienza a despegar con fuerza en Europa y Asia —y que tiene todo para triunfar en Chile— son los wagashi modernos, o dulces japoneses reimaginados.
En un mundo donde los gustos evolucionan con la velocidad de un scroll, no es casualidad que los postres japoneses estén conquistando paladares en ciudades tan dispares como Londres o Nueva York. Mochi helado, strawberry sandos (sándwiches de frutilla con crema y pan de leche), dorayakis y otras delicias niponas están dejando de ser rarezas de nicho para transformarse en protagonistas de vitrinas pasteleras internacionales. ¿Y en Chile? Todavía nos falta dar ese salto.
La gastronomía japonesa ya tiene un lugar ganado en nuestro país, gracias al sushi y sus múltiples adaptaciones criollas. Sin embargo, su repostería sigue siendo una joya escondida. Su estética minimalista, su dulzor sutil y su textura casi lúdica son un soplo de aire fresco frente a la saturación de azúcar y crema a la que estamos acostumbrados. El mochi helado, por ejemplo, no es solo bonito y sabroso: es una experiencia sensorial. El contraste entre la cobertura elástica de arroz glutinoso y el relleno cremoso, helado, seduce incluso al más escéptico.
Esta narrativa tan distinta a la del “más grande, más dulce, más relleno” podría resonar perfectamente en un consumidor chileno que empieza a valorar lo saludable, lo artesanal y lo distinto, con sabores más limpios y dulzores más reducidos, como bien da cuenta el mercado local del helado artesanal.
El artículo de The Guardian cuenta que especialidades niponas como el mochi helado, strawberry sandos (sándwiches de pan de leche, crema y frutilla), dorayakis o daifuku han dejado de ser curiosidades étnicas para convertirse en productos de alto posicionamiento en pastelerías boutique, cafeterías premium y hoteles que buscan diferenciación.
En Londres, marcas como Choux London o Kumo transformaron estas delicias en productos de culto entre consumidores exigentes, gracias a su presentación minimalista, sabor equilibrado y capacidad de viralización en redes sociales.
¿Y en Chile? Aún estamos a tiempo. El consumidor local está preparado: aprecia la estética, valora lo artesanal y busca experiencias nuevas. Más aún, la categoría de pastelería japonesa se alinea con las grandes demandas actuales del sector: bajo contenido de azúcar, formatos individuales, ingredientes frescos y un interesante storytelling cultural que lejos de concentrar la oferta, invita a cada artesano a darle su propio sello a estos formatos que, a más de 17.000 km de distancia, parecen resonar cada vez con más fuerza.