Chile tiene una diversidad territorial difícil de encontrar en otros lugares del mundo. Desde el desierto y el altiplano, pasando por valles, ciudades, viñas, montañas y una extensa costa, hasta los bosques, fiordos, glaciares y paisajes de la Patagonia, contamos con atributos capaces de atraer a viajeros con intereses muy distintos. El desafío es transformar esa diversidad en una oferta turística integrada, pero al mismo tiempo diferenciadora, que ponga en valor la identidad y los atractivos propios de cada región.
Fortalecer el turismo desde los territorios es también una oportunidad de desarrollo económico y social. Cuando un destino crece, se moviliza una extensa cadena de valor compuesta por hoteles, restaurantes, agencias de viajes, operadores turísticos, transportistas, comercio, emprendedores y proveedores locales. El turismo tiene la capacidad de distribuir sus beneficios, generar empleo y abrir nuevas oportunidades para miles de pequeñas y medianas empresas.
Sin embargo, para aprovechar plenamente ese potencial necesitamos saber cuál es el foco y la estrategia turística de cada región. Los gobiernos regionales administran legítimamente recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional destinados, entre otros objetivos, a la promoción nacional e internacional. Es fundamental conocer cómo se están orientando esos esfuerzos, qué resultados se esperan y de qué manera se articulan con la estrategia turística del país.
La descentralización debe traducirse en más inversión, mejores decisiones desde los territorios y una oferta capaz de responder a sus propias realidades. Pero también plantea el desafío de que las autoridades sectoriales nacionales cuenten con información suficiente para entregar orientación, coordinar iniciativas y evitar la dispersión de esfuerzos. La descentralización no puede transformarse en desorganización: Chile es un todo y necesita proyectarse como tal.
Esto exige ampliar nuestra oferta, desarrollar nuevos productos y generar circuitos que motiven a los visitantes nacionales e internacionales a recorrer más regiones, permanecer más tiempo y conocer experiencias diferentes. Para lograrlo se requiere conectividad, infraestructura, promoción, servicios de calidad y, especialmente, coordinación público-privada entre los niveles regional y nacional.
En Achet estamos convencidos de que los gremios también tenemos una responsabilidad en este desafío. Por eso, realizar nuestro 42° Congreso en Arica y Parinacota fue una decisión orientada a descentralizar la actividad turística, visibilizar nuevos destinos y acercar a los actores de la industria a la oferta existente en las regiones.
Arica y Parinacota representan muy bien las oportunidades que tenemos por delante. Durante la última década ha avanzado en su posicionamiento y cuenta con atributos excepcionales: patrimonio cultural y arqueológico, naturaleza, gastronomía, playas, altiplano y una identidad fronteriza que le entrega características únicas. El desafío es profundizar ese crecimiento, consolidarla como destino nacional y aumentar su capacidad de convocar visitantes internacionales.
Medidas como el Tax Free, las campañas de promoción focalizadas en mercados estratégicos, una mejor conectividad y el fortalecimiento de la oferta local pueden generar incentivos concretos para aumentar la llegada y el gasto de los turistas. Nuestro Congreso permitió reunir a actores públicos y privados, agencias de viajes, operadores y representantes de la industria, generando vínculos que pueden contribuir a incorporar con mayor fuerza a Arica y Parinacota en la comercialización turística nacional e internacional.
Chile necesita mirar sus regiones no como ofertas aisladas, sino como partes de una gran experiencia turística nacional. Cada territorio debe contar con una estrategia clara, pero integrada a una visión común de país. Si logramos ordenar y coordinar los esfuerzos regionales y nacionales, el turismo podrá convertirse en una herramienta aún más poderosa de descentralización, inversión, empleo y desarrollo.