La entrada en vigencia de la segunda etapa de la Ley de 40 horas marca un nuevo avance en la reducción gradual de la jornada laboral en Chile, pero también vuelve a evidenciar un desafío pendiente: adaptar la legislación laboral a la realidad de industrias como la hotelería y el turismo, cuya operación tiene características muy distintas a las de otros sectores productivos.
La disminución de la jornada semanal a 42 horas busca mejorar la calidad de vida de los trabajadores. Sin embargo, su implementación en una actividad que opera de forma continua, con atención presencial, turnos rotativos y alta estacionalidad, genera complejidades particulares que requieren una mirada diferenciada.
La hotelería no puede interrumpir su funcionamiento ni trasladar sus tareas al teletrabajo. La operación diaria exige cobertura permanente en recepción, housekeeping, alimentos y bebidas, mantenimiento y atención al cliente. Esto obliga a reorganizar turnos, reforzar dotaciones y absorber mayores costos laborales, especialmente en un contexto económico marcado por alzas en combustibles, energía e insumos.
Pero junto con enfrentar esta transición, es igualmente necesario avanzar en un debate distinto y complementario: el estatuto laboral especial para el turismo. No se trata de modificar ni sustituir la Ley de 40 horas, sino de contar con un marco normativo propio que reconozca la naturaleza operativa de una industria que funciona 24/7, con variaciones de demanda según temporada, fines de semana y festivos.
Hoy la legislación laboral chilena sigue respondiendo, en gran medida, a esquemas diseñados para actividades de funcionamiento regular, cuando el turismo requiere mayor adaptabilidad para distribuir jornadas y organizar turnos de acuerdo con su dinámica real. Un estatuto especial permite precisamente eso: compatibilizar protección laboral con flexibilidad operativa, sin afectar derechos de los trabajadores.
Asimismo, cualquier cambio en materia laboral debe ir acompañado de un foco claro en productividad. La reducción horaria, por sí sola, no garantiza mejores resultados si no viene acompañada de herramientas que permitan elevar eficiencia, incorporar tecnología, mejorar procesos y fortalecer la capacitación del capital humano. El desafío no es solo trabajar menos horas, sino trabajar mejor.
Chile necesita una agenda laboral moderna que entienda que no todas las industrias funcionan igual. La hotelería y el turismo son sectores estratégicos para el empleo y el desarrollo regional, y requieren marcos regulatorios acordes a su realidad. Avanzar en bienestar laboral es indispensable, pero hacerlo sin considerar la sostenibilidad de las empresas puede terminar debilitando precisamente a quienes generan trabajo y crecimiento.