En su primer discurso como Presidente electo, José Antonio Kast puso el acento en una idea que conecta profundamente con una de las principales preocupaciones de la ciudadanía: la necesidad de recuperar la institucionalidad, el respeto a la ley, los barrios y los espacios públicos. No se trata de una consigna abstracta ni de un concepto ideológico, sino de una condición básica para que Chile pueda volver a crecer, generar empleo y reconstruir la confianza social que se vio severamente dañada a partir del estallido de 2019.
A más de cinco años de esos hechos, los efectos siguen siendo visibles. Basta recorrer distintos sectores de nuestras ciudades para constatar cómo barrios que históricamente fueron polos gastronómicos, culturales y de encuentro hoy enfrentan un deterioro persistente. Zonas que concentraban restaurantes, bares, cafés y espacios de entretención -y que generaban miles de empleos, especialmente para pymes- no han logrado recuperarse plenamente. La inseguridad, la alta incidencia delictual, el vandalismo y la falta de apoyo efectivo para reactivar estos entornos han frenado cualquier intento de normalización.
La gastronomía y la vida nocturna cumplen un rol clave en la vitalidad urbana. No solo dinamizan la economía local, sino que también aportan identidad, cohesión social y ocupación positiva del espacio público. Cuando estos sectores se apagan, los barrios se vacían, se pierde actividad económica y se abre espacio precisamente a aquello que se busca combatir: la informalidad, el delito y la degradación del entorno.
Recuperar la seguridad es indispensable, pero no suficiente. También es necesario adoptar decisiones concretas que permitan reactivar la vida urbana. Un ejemplo emblemático es el funcionamiento del transporte público, particularmente del Metro. Hoy, el cierre temprano del sistema limita severamente la actividad nocturna, afectando tanto a los trabajadores como a quienes quieren desplazarse de manera segura. Desde el sector hemos planteado reiteradamente la necesidad de extender los horarios de funcionamiento, al menos de jueves a domingo, cuando se concentra una mayor actividad nocturna. Esta medida no solo favorecería a la gastronomía y el comercio, sino que también contribuiría a una ciudad más viva y más segura.
La recuperación de los espacios públicos exige una mirada integral: orden, fiscalización, apoyo a las pymes, coordinación entre autoridades y una señal clara de que el Estado está presente. Pero, por sobre todo, requiere volver a generar confianza en la ciudadanía. Confianza para emprender, para invertir, para trabajar y para salir tranquilamente, especialmente en la noche.
Chile no puede resignarse a ciudades que se apagan temprano ni a barrios que pierden su vocación productiva y social. Recuperar los espacios públicos y la vida nocturna es parte fundamental del desafío de reconstruir el país, reactivar su economía y devolverle a las personas la tranquilidad y la libertad de habitar sus ciudades. Ese es el Chile que necesitamos volver a poner en marcha.