Nuevo año, nuevo turismo

Nuevo año, nuevo turismo

Periodista y Socia-Fundadora de Traslación.
Ex Asesora de Gabinete de la Subsecretaría de Turismo, a cargo de la vinculación regional e interministerial.

Se termina este 2025 con una recuperación del turismo post-pandemia ya consolidada y junto con eso también se van instalando con propiedad las nuevas tendencias que apuntan a un turismo más consciente y responsable para el 2026.

La primera tendencia, que está en pleno auge, es el turismo regenerativo que va más allá del turismo sostenible, donde no solo se propone no dañar sino restaurar ecosistemas, darle protagonismo a las comunidades locales y dejar el destino mejor de lo que estaba antes de que llegara el turismo. Ejemplos de esto son el Valle Sagrado de los incas en Perú, donde hay proyectos liderados por comunidades quechuas, en que se recuperan terrazas agrícolas ancestrales, semillas nativas y sistemas de riego.  El turismo en este caso financia educación y preservación cultural. En Chile, esta visión regenerativa crece en reservas privadas de parques y su vinculación con comunidades locales, sobre todo en el sur donde se restauran ecosistemas. Para nuestro país, esta tendencia tiene un futuro promisorio dada la cantidad de áreas silvestres de conservación  tanto públicas como privadas y la cercanía con las comunidades aledañas   Si esto es solo un lavado verde de algunas empresas o un lujo de ricos, está por verse, pero lo cierto es que es esperanzador que se busque generar un impacto positivo en los destinos.

Ligada a tendencia anterior, otra nueva preferencia turística es escaparse del overtourism hacia destinos denominados dupe, es decir, parecidos a los más conocidos, pero menos concurridos. Lugares icónicos como Venecia o Barcelona se han transformado a ratos en un desagrado tanto para los locales como para los turistas, lo que hace buscar nuevos destinos como Albania en vez de Grecia, Paraguay en vez de Machu Pichu o destinos asiáticos menos masivos. La gran duda es si la diversificación generará un nuevo turismo masivo en esos lugares o simplemente ayudará a descongestionar.

Aumenta también el turismo de bienestar, donde la búsqueda es la desconexión total para el bienestar mental.  Terapias de sueño, retiros de silencio son algunas de las actividades que acompañan este tipo de turismo. Relacionado al anterior, está el turismo slow sobre el cuál hablamos en una columna anterior. La lógica es vivir un turismo más consciente, sin horario, gps y dejarse sorprender con conversaciones con locales, aprender de los saberes del lugar que visitamos y promover relaciones más auténticas entre quienes visitan y quienes viven en lugar todo el año.

El turismo nocturno es otro fenómeno que empieza a crecer con la búsqueda de auroras boreales y el astroturismo para observar las estrellas. Países como Noruega, Islandia son famosos por los primeros, donde las personas están dispuestas a vestirse como monos de nieve contar de ver ese espectáculo de luces en el cielo. Lo mismo pasa en nuestro país, donde cada día aumenta el interés por mirar el cielo nocturno en distintas regiones y no solo en el desierto de Atacama.

Por último, una tendencia que tal vez resume las anteriores es el turismo experiencial y cultural inmersivo donde los turistas están buscando autenticidad, vivir como locales por un rato, asistir a clases culturales, aprender de huertos orgánicos, apoyar en un voluntariado al interior de una comunidad, es parte de las tendencias que apuntan a calidad de la experiencia no a acumular selfies en el teléfono.

Significa esto que desaparece el turismo a los lugares tradicionales, que dejaremos de sacarnos fotos en la torre Eiffel o en la Fontana di trevi, sin lugar a dudas que no, pero probablemente incluso el acercamiento a esos lugares será con mayor conciencia, que solo decir, estoy aquí.