Nuestras Torres

Nuestras Torres

Periodista y Socia-Fundadora de Traslación.
Ex Asesora de Gabinete de la Subsecretaría de Turismo, a cargo de la vinculación regional e interministerial.

En estos días, y a propósito del lamentable accidente en Torres del Paine, una amiga me llamó para darme el pésame. Sabe que trabajo en turismo y ese pequeño gesto, tan humano, me conmovió. Porque detrás de esa tragedia no solo hay cinco vidas que se perdieron lejos de su casa; hay también un golpe profundo a un lugar que para muchos chilenos es un orgullo y también una fuente de trabajo importante. Me quedé pensando en eso: en cómo la muerte de cinco visitantes en uno de los destinos más emblemáticos de Chile debería movilizarnos a todos, no solo a quienes estamos en el rubro.

El turismo de naturaleza es la principal razón por la cual los extranjeros visitan nuestro país. Se trata de un patrimonio del cuál debiéramos sentirnos orgullosos como chilenos y a la vez exigir respuestas institucionales ante una situación que denota un abandono estatal que se traspasa de gobierno en gobierno. Por lo mismo, tanto los gremios regionales de Magallanes, como los nacionales han levantado la voz : el sub-financiamiento crónico de nuestras áreas protegidas es un secreto a voces, tanto como la falta de personal suficiente y preparado para resguardar a quienes las visitan.

Lo hemos dicho antes, pero hoy pesa más repetirlo: incluso con la creación del Servicio Nacional de Biodiversidad —que debería comenzar a operar en 2026— seguimos con presupuestos muy por debajo de países con los que competimos en turismo de naturaleza: Costa Rica, Canadá, Estados Unidos. Chile destina menos de dos dólares por hectárea para la conservación (Waldron 2020). Para ser realmente competitivos, y sobre todo responsables, necesitaríamos al menos el triple.

Como contraste, pienso en República Dominicana. En ese país, el turismo es vital para la economía, y su patrimonio —sus playas— es cuidado con un celo cotidiano: si hay sargazo, un alga que incomoda a los bañistas, aparece un tractor a limpiarlo cada vez que baja la marea. No es solo hospitalidad: es acción, es conciencia de lo que está en juego.

Con todo, en Chile, nos hemos ganado, en reiteradas oportunidades los Premios internacionales en turismo aventura y en mejor destino de naturaleza. Nos reconocen, nos visitan, pero eso nos impone una gran responsabilidad, porque entre otras cosas, la seguridad de los turistas es clave para ser competitivos en el tiempo.

El día del accidente en las Torres del Paine, domingo de elecciones, simplemente no había ninguna persona de Conaf que alertara a los turistas que las condiciones climáticas no eran aptas para hacer el circuito de la O, uno de los más emblemáticos del parque. Días anteriores, se había anunciado mediante un comunicado que varios parques nacionales estarían cerrados ese día, pero no era el caso de éste.

Son los privados, los que mayoritariamente han movido y creado las Torres del Paine con más de 60 años de trayectoria, tampoco hay que desconocer que Conaf ha pasado por distintos liderazgos donde algunos han dado importancia al turismo, otros menos.  Pero ya no podemos tener actitudes ambiguas, sino una decisión a tener un turismo sostenible de verdad.

En vísperas de un cambio de gobierno y en un escenario donde se necesita fomentar el empleo, el turismo debiera ser mirado en serio como un movilizar de economías locales, de puesta en valor de nuestro patrimonio y de orgullo nacional. Es relevante, sobre todo asegurar que el nuevo Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas sea en beneficio de los parques y no de la burocracia.

El lamentable accidente de nuestras Torres del Paine, debe marcar un punto de inflexión.