Con la temporada de invierno en pleno desarrollo, los resultados de la encuesta que realizamos a nuestros asociados muestran que la ocupación hotelera este año será, en general, similar a la de 2024. Un 45% de los establecimientos consultados prevé cifras equiparables, un 16% espera un mejor desempeño y un 37% proyecta resultados inferiores.
El dato es positivo si consideramos que la temporada pasada fue la mejor de la última década. Sin embargo, esta estabilidad no debe hacernos olvidar que enfrentamos desafíos estructurales que limitan el crecimiento del turismo de invierno y que, si no se abordan de forma planificada y oportuna, pueden comprometer su sostenibilidad.
Entre estos desafíos, los hoteleros identificamos tres prioritarios. Primero, la estacionalidad: necesitamos diversificar la oferta y generar atractivos que permitan extender la temporada más allá de las semanas de alta demanda. Segundo, el alza sostenida de los costos operacionales, en especial el valor de la energía, que encarece la operación y reduce la competitividad frente a otros destinos. Y tercero, la inseguridad en zonas urbanas turísticas, particularmente en el casco histórico de Santiago, que afecta la experiencia del visitante y la imagen del país.
A estos factores se suma la escasez de nieve en algunas zonas, fenómeno que se repite cada vez con más frecuencia y que obliga a replantear estrategias de promoción y a invertir en infraestructura que permita mitigar el impacto climático.
En cuanto a la llegada de turistas internacionales, el sondeo muestra la relevancia que tienen los turistas internacionales para la temporada de nieve en Chile. Brasil y Argentina siguen liderando como mercados emisores, pero esto refleja una dependencia excesiva de la región, lo que hace urgente ampliar la promoción hacia Estados Unidos, Europa y otros destinos de largo alcance.
Este año favoreció la decisión del Ministerio de Educación de adelantar para junio las vacaciones de invierno para una parte importante de los colegios. Este cambio permitió extender las semanas de alta demanda y mejorar las ventas en un mes que habitualmente registra baja ocupación. El escalonamiento del receso escolar favoreció especialmente a los hoteles orientados al turismo familiar, distribuyendo mejor la llegada de visitantes.
Pero no podemos conformarnos con medidas coyunturales. Chile tiene un potencial enorme para desarrollar el turismo de invierno, pero requiere un compromiso decidido de autoridades y sector privado para resolver las deficiencias que nos frenan: infraestructura, conectividad, seguridad, costos y promoción estratégica.
Si queremos que la hotelería y los centros de montaña sigan siendo un motor para el desarrollo del turismo, debemos trabajar juntos para consolidar un producto invernal competitivo y sostenible. El momento de actuar es ahora, porque cada temporada perdida es una oportunidad que no vuelve.