Chile enfrenta un punto de inflexión. El próximo gobierno tendrá la responsabilidad, y la oportunidad, de corregir el rumbo y poner realmente en el centro de sus políticas públicas a las micro, pequeñas y medianas empresas. No como una consigna de campaña, sino como una convicción y un compromiso sostenido en el tiempo. Porque si algo quedó claro en estos casi cuatro años es que el anuncio del “gobierno de las pymes” terminó quedándose en el discurso, muy lejos de las necesidades y urgencias que vive este sector.
Las pymes son el corazón productivo de Chile. Generan más del 60% del empleo formal, dinamizan las economías locales y sostienen la actividad en miles de comunas donde no llegan los grandes conglomerados. En el turismo y la hotelería -una industria de alto impacto territorial- su rol es aún más decisivo: más del 90% de las empresas del sector corresponden a pymes que abren sus puertas todos los días con esfuerzo, reinversión y una resiliencia admirable. Son hostales familiares, hoteles boutique, residenciales, operadores locales, cafeterías, restaurantes, transportistas y tantos otros emprendimientos que permiten que Chile sea un destino diverso, auténtico y competitivo.
Sin embargo, durante este período las pymes enfrentaron una realidad mucho más dura de lo prometido. La carga regulatoria siguió creciendo sin una mirada integral; los costos operacionales aumentaron muy por encima de sus márgenes; los incentivos al empleo fueron transitorios y fragmentados; y las ayudas para mejorar productividad, digitalización o inversión llegaron tarde o no llegaron nunca. En turismo, además, se sumaron problemas de conectividad, seguridad, demoras normativas y falta de coordinación institucional, factores que golpean directamente a los pequeños actores que dependen del flujo permanente de visitantes.
El próximo gobierno no puede repetir este error. Chile necesita una estrategia país que reconozca a las pymes como motor de desarrollo y que articule políticas de largo plazo que garanticen su sostenibilidad. Esto significa avanzar en un sistema tributario más simple y proporcional; reducir la burocracia que frena proyectos y encarece operaciones; modernizar la capacitación laboral; fortalecer el acceso a financiamiento; y mejorar la seguridad, condición básica para que cualquier negocio pueda operar.
En turismo y hotelería, urge una agenda que reactive la inversión, fortalezca la promoción internacional y potencie la competitividad regional. Cada pyme que logra sostenerse y crecer se traduce en empleo, innovación, identidad cultural y desarrollo para los territorios.
Las pymes no son un eslogan: son la columna vertebral del país. Por eso, es indispensable que el próximo gobierno pase del relato a la acción y las convierta, de verdad, en una prioridad de Estado.