La oportunidad que Chile dejó pasar

La oportunidad que Chile dejó pasar

Presidenta Ejecutiva
Federación de Empresas de Turismo de Chile

Chile posee una de las mayores ventajas competitivas del mundo para desarrollar el turismo de montaña. Pocos países pueden ofrecer una cordillera como la nuestra, centros de esquí ubicados a menos de una hora de una capital internacional, una temporada que complementa la del hemisferio norte y un entorno natural capaz de atraer a visitantes de alto poder adquisitivo provenientes de Brasil, Estados Unidos, Europa y otros mercados de larga distancia.

Sin embargo, las ventajas naturales, por sí solas, no bastan. Para competir con los grandes destinos internacionales se requiere inversión, infraestructura, visión de largo plazo y la capacidad de construir una oferta integrada que esté a la altura de las principales experiencias de montaña del mundo.

Por eso, el desistimiento de Mountain Capital Partners de continuar con la adquisición de los centros de montaña pertenecientes a Andacor representa mucho más que el término de una operación empresarial. Lo que Chile perdió fue la posibilidad de consolidar un destino de nieve y montaña de clase mundial, con más de 2.600 hectáreas esquiables conectadas, infraestructura moderna, mayores estándares de servicio y una capacidad inédita para competir con referentes como Aspen, Whistler o los Alpes europeos.

Como industria turística, respetamos plenamente la institucionalidad y el rol que cumple la Fiscalía Nacional Económica en la protección de la libre competencia. Ese principio es indispensable para el correcto funcionamiento de los mercados. Sin embargo, también es legítimo preguntarse si, frente a operaciones de esta magnitud y relevancia para el desarrollo del país, existen espacios para conciliar adecuadamente la protección de la competencia con la promoción de inversiones estratégicas que generan crecimiento, empleo y mayor competitividad internacional.

Hoy Chile enfrenta un escenario económico desafiante. Necesitamos recuperar dinamismo, atraer capitales, impulsar nuevos proyectos y entregar señales claras de que invertir en nuestro país sigue siendo una apuesta confiable. Cada proyecto de gran escala que no se concreta significa menos inversión, menos empleos directos e indirectos y menos oportunidades para cientos de pequeñas y medianas empresas que forman parte de la cadena de valor del turismo.

El turismo de montaña tiene, además, un efecto multiplicador particularmente relevante. No solo beneficia a los centros de esquí. Impacta positivamente a hoteles, restaurantes, operadores turísticos, transporte, comercio, gastronomía y servicios en general. También permite atraer visitantes que permanecen más días en el destino y realizan un gasto significativamente superior al promedio, generando un impacto económico que se distribuye en múltiples sectores.

Chile tiene todas las condiciones para convertirse en el principal destino de montaña del hemisferio sur. La calidad de su nieve, la cercanía entre aeropuerto y centros invernales, la diversidad de paisajes y la creciente demanda internacional por experiencias de naturaleza nos entregan una ventaja difícil de igualar. Pero esa posición no está asegurada. Mientras otros países aceleran inversiones y fortalecen su oferta turística, nosotros no podemos conformarnos con administrar nuestro potencial.

La discusión que deja este caso debiera servir para mirar hacia adelante. El desafío no es renunciar a la institucionalidad, sino encontrar mecanismos que permitan compatibilizar el resguardo de la competencia con una visión de desarrollo que incentive la inversión y fortalezca sectores estratégicos para el crecimiento del país.

Porque el verdadero costo de las oportunidades perdidas no se mide únicamente en una operación que no prosperó. Se mide en el liderazgo que Chile deja de ejercer, en los empleos que no se crean, en los turistas que eligen otros destinos y en el desarrollo que, una vez más, queda esperando.