• Marión

    Marión Garín

    Sommelier de Té y Tea Blender certificada por Tea Institute Latinoamérica y El Club del Té.
    Con instrucción en la Ceremonia Japonesa del Té, otorgada por MOA Chile.
    Asesora para la marca Kombuchacha y miembro del Equipo de Colaboradores de Tea Institute Latinoamérica.

Una marca global

Evaluar un té de origen no sólo implica analizar sus cualidades organolépticas, sino además tener en cuenta las denominaciones o sellos locales que permiten validar ese origen, como una forma de adquirir pleno entendimiento del producto que estamos apreciando


La última columna publicada en este espacio abordó la crisis política de Sri Lanka y su repercusión en la industria del famoso “té de Ceilán”. Actualmente, el país sigue convulso bajo el liderazgo del presidente interino Ranil Wickremesinghe, intentando hacer frente a una descomunal deuda externa. Así las cosas, los ojos del mundo están atentos al destino de su economía. Por tal razón resultan muy interesantes las declaraciones del embajador de Sri Lanka en Filipinas (Shobini Gunasekera), recogidas por el medio Manila Bulletin, quien señala que actualmente la confianza de la isla respecto de su recuperación económica está puesta en sus dos principales industrias de exportación: el té y las TIC (Tecnologías de la Información y Comunicaciones).

En este contexto, cuando percibimos que el té tiene un rol tan importante para este país, parece pertinente responder a la pregunta “¿de qué hablamos cuando utilizamos la expresión “té de Ceilán?”

 Curiosamente en Chile, aun cuando el “té de Ceilán” nos ha acompañado prácticamente toda la vida, su procedencia todavía resulta enigmática. Y es que pareciera que nos hemos acostumbrado al nombre sin necesidad de asignarle contenido ni contexto. No es extraño incluso encontrar personas que se sorprenden al descubrir que la expresión Ceilán que leen en su empaque de té habitual lo enlaza directamente con Sri Lanka.

No está de más recordar que Sri Lanka es un país ubicado al sudeste de la India, que cuenta con poco más de 22 millones de habitantes. Su nombre oficial es República Democrática Socialista de Sri Lanka. Por su parte, Ceilán proviene de Ceilão, denominación que le fuera dada por los colonizadores portugueses en el siglo XVI. Posteriormente, durante la ocupación británica los ingleses lo tradujeron como Ceylon (Ceilán en español), que fue el nombre oficial de la isla hasta su independencia en 1948.

No deja de llamar la atención que la emancipación del país no haya traído consigo el descarte inmediato del nombre colonial, sino que lo mantuvo hasta el año 1972, año en que se proclamó como república. Sin embargo, si bien fue desplazado en lo político, el nombre sobrevivió en el aspecto comercial. La explicación de esto lo da la Sri Lanka Tea Board - el principal organismo regulatorio de la industria del té local -, que indica que se debió a la necesidad de mantener la favorable reputación internacional que la expresión “té de Ceilán” había ganado a la fecha, y la reticencia a asumir el riesgo y costos de implementar una nueva marca (“té de Sri Lanka”). Por tal razón, los líderes de la industria tealera de la época convencieron al gobierno de turno de mantener aquella denominación para el té esrilanqués, por razones de posicionamiento en el mercado global.

Pero ¿cuál es, entonces, el “té de Ceilán”? La Sri Lanka Tea Board nos da la respuesta. No se trata de un apelativo tan genérico como parece, sino que para recibir ese nombre el té debe haber sido cultivado y producido en la isla, y no puede estar mezclado con té proveniente de algún otro lugar. Es más, junto a esta expresión existe también un símbolo visible. Se trata del famoso logo del león dorado que vemos en algunos empaques y que fue tomado de la bandera del país. Pero este sello está reservado exclusivamente para el té que además de haber sido cultivado y producido en la isla, ha sido también envasado en ella.

Como se puede ver, la confianza de Sri Lanka en su té está muy ligada a la adición de valor que aplica a este cultivo dentro de sus fronteras. Por nuestra parte, como consumidores y teniendo en cuenta estas consideraciones básicas, podremos sentirnos mucho más familiarizados con el origen del Té de Ceilán la próxima vez que abramos la puerta de la despensa y lo veamos ahí, tal como estuvo en los hogares de nuestros padres y abuelos, y tal como -esperamos- seguirá estando por muchísimos años más.

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