• Marión

    Marión Garín

    Sommelier de Té y Tea Blender certificada por Tea Institute Latinoamérica y El Club del Té.
    Con instrucción en la Ceremonia Japonesa del Té, otorgada por MOA Chile.
    Asesora para la marca Kombuchacha y miembro del Equipo de Colaboradores de Tea Institute Latinoamérica.

Instinto versus ciencia

No es extraño asociar el té con momentos de relajación o calma. Es más, su proliferación inicial en China y Japón tuvo mucho que ver con el alcance de estados contemplativos, en el contexto del Budismo Zen, incorporándose fácilmente a los hábitos de los monjes. Pero ¿qué es lo que vuelve al té tan adecuado para este tipo de prácticas?


La leyenda más extendida sobre el origen del té narra la historia del emperador chino Shen Nung y su encuentro fortuito con algunas hojas de Camellia Sinensis que se infusionaron por accidente al caer sobre una olla que contenía agua caliente, resultando una bebida que revitalizó al protagonista de este relato. Sin embargo, existe otra leyenda menos popularizada pero igualmente significativa que nos refiere a la vida del monje Bodhidharma, fundador del Budismo Zen, quien a comienzos del siglo VI d.C. viajó desde India a China para predicar este sistema de creencias y, habiendo llegado a este último país, se sentó a meditar de cara a una pared durante 9 años. Sin embargo, un día se quedó dormido y al despertar, enfurecido por su debilidad, se arrancó los párpados y los arrojó al suelo. En ese punto exacto crecería posteriormente una planta medicinal: el té.

 Si bien ambas historias difieren en prácticamente todos los aspectos, hay un elemento que tienen en común y que constituye precisamente la belleza de las leyendas en tanto pretenden explicar los fundamentos de una cultura (en este caso, la cultura del té). Se trata de la relación entre el té y lo que podríamos llamar “enfoque mental”. Veamos a continuación si existe sustento detrás de esta aparente afinidad.

En la naturaleza existe un compuesto que está presente en un número muy reducido de especies. Recibe el nombre de L-Teanina y es un aminoácido que se manifiesta casi exclusivamente en la Camellia Sinensis y en algunas setas (Boletus Badius).

Fue identificado por primera vez en el año 1949 por el científico japonés Yajiro Sakato, a propósito de un análisis sobre el té verde, aunque no es privativo de esta categoría. De hecho, se sintetiza en la raíz de la planta del té y posteriormente se almacena en sus brotes. La luz del sol reduce su concentración, y de ahí que exista la práctica de cubrir los cultivos para acrecentar su presencia, como sucede en la producción de los tés de sombra japoneses.

Sus efectos en el organismo humano han sido objeto de numerosos estudios científicos, determinándose que el mecanismo de acción de este aminoácido consiste en bloquear la unión del ácido L-glutámico a los receptores de glutamato del cerebro, inhibiendo así la consiguiente exaltación neuronal.

También se ha observado que modula la presencia de algunos químicos, reduciendo aquellos excitadores como el cortisol y elevando ciertos neurotransmisores que tienen efectos relajantes, en particular el ácido gamma-aminobutírico (GABA), la serotonina y la dopamina. Por esta misma razón, se cree que la L-teanina ayuda a mejorar la respuesta ante el estrés, reduciendo la ansiedad.

Es más, se ha constatado que este aminoácido propicia las ondas cerebrales alfa,  pulsos eléctricos asociados a estados de concentración como los que tienen lugar durante la meditación o los procesos creativos. Esto se traduce en una disposición relajada, que no debe confundirse con adormecimiento, sino que se trata de la conjunción de calma y enfoque, muy adecuada para realizar tareas que requieren precisión, por lo cual se ha postulado que la L-teanina mejora el rendimiento cognitivo.

Por último, si consideramos que en el té este aminoácido interactúa con la cafeína, tenemos una combinación muy beneficiosa, que permite lograr estados de alerta pero controlando los niveles de ansiedad, ya que la L-teanina contrarresta los efectos excitadores de dicho alcaloide.

Regresando a las leyendas de Shen Nung y Bodhidharma, lo que resulta asombroso en quienes las formularon y preservaron, así como también en los monjes budistas chinos y japoneses que adoptaron el té como una herramienta coadyuvante para la meditación, es que la ciencia actual nos demuestra que la asociación milenaria entre el té y el enfoque mental no provenía de la sugestión o de una mera imitación de hábitos, sino de una aguda percepción sensorial de los efectos de la L-teanina actuando en ellos a través de cada cuenco de té que bebían, día a día, sorbo a sorbo, entre ceremonias y sutras.   

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