“Hotelería sostenible: adaptarse activamente frente al cambio climático”
La industria hotelera se encuentra en el cruce de tres dimensiones claves: la infraestructura física (como edificios, sistemas de energía y agua), la experiencia del huésped enfocada en su comodidad y seguridad, y la ubicación geográfica de los hoteles, como en zonas urbanas, costeras o montañosas. Estas características estratégicas de localización hacen que los efectos del cambio climático impacten rápidamente en riesgos específicos que pueden afectar la operación continua del negocio y finalmente en la experiencia que recibe el huésped.
Entre los principales riesgos se encuentran la interrupción de operaciones causadas por fenómenos climáticos extremos, el incremento de los costos energéticos ante una mayor demanda de refrigeración y calefacción, las restricciones en el uso del agua y el crecimiento de los requisitos regulatorios y comerciales vinculados a la sostenibilidad ambiental en el sector hotelero (IPCC, 2023; UNWTO, 2022). Los hoteles representan una contribución relevante al desafío climático debido a su elevado consumo de energía y emisiones durante la operación. En consecuencia, el sector se ve obligado a acelerar acciones enfocadas en la mejora de la eficiencia energética, la electrificación de servicios y una gestión más eficiente de la demanda con el objetivo de preservar su competitividad en un contexto regulatorio y de mercado cada vez más exigente (UNEP & GlobalABC, 2025).
La adaptación en hotelería se puede concebir como un sistema de gestión que integra el riesgo físico asociado a amenazas climáticas, la vulnerabilidad de los activos (incluyendo aspectos como el diseño, el estado de conservación y la dependencia de distintos sistemas), y la capacidad de respuesta, que involucra tanto al personal como a los protocolos, proveedores y mecanismos de respaldo. Un enfoque eficaz requiere un proceso iterativo: primero, identificar las amenazas según la ubicación y la temporada; segundo, analizar cuán expuestos y críticos son los espacios y equipos; tercero, abordar el riesgo utilizando medidas jerarquizadas, tales como evitar, reducir, transferir o aceptar; finalmente, supervisar el rendimiento y los incidentes con miras a una mejora continua (IPCC, 2023; UNWTO, 2022). Este proceso resulta crucial para cadenas hoteleras, donde la diversidad climática y de estándares constructivos es amplia y la comparación de indicadores facilita la priorización de inversiones (UN Tourism, 2024).
Finalmente, en este sector, se aprecia un cambio desde compromisos amplios hasta acciones más organizadas, como la medición de huellas relevantes, planes de reducción, y una gestión sistemática tanto de riesgos climáticos como de continuidad operacional. Este proceso está impulsado por una creciente presión de inversionistas, de huéspedes que son más sensibles a temas medioambientales y plataformas de comercialización de viajes, que demandan información comparable (UNWTO, 2022; UN Tourism, 2024). En este contexto, la resiliencia del edificio deja de ser vista solo como ingeniería invisible y se convierte en un facilitador del servicio: un hotel resiliente puede mantener servicios críticos y condiciones aceptables durante eventos extremos climatológicos (IPCC, 2023; WorldGBC, 2023).