IA y Turismo: un salto en competitividad

IA y Turismo: un salto en competitividad

Presidenta Ejecutiva
Federación de Empresas de Turismo de Chile

Hay un viajero que nunca duerme, nunca se distrae y nunca olvida una preferencia. Compara precios en milisegundos, anticipa lo que el huésped quiere antes de que él mismo lo sepa y ajusta tarifas mientras usted toma su primer café del día. No es un competidor extranjero ni una cadena con recursos infinitos. Es la inteligencia artificial, y ya opera, silenciosamente en la industria que todos nosotros construimos.

El turismo chileno ha demostrado ser una de las actividades con mayor capacidad de generación de empleo, encadenamientos productivos y aporte al crecimiento económico del país. Sin embargo, sobre esa base sólida se cierne un desafío que ya no admite postergación: avanzar con decisión en la transformación digital. La adopción de herramientas tecnológicas dejó de ser una tendencia para convertirse en una condición de supervivencia en un entorno cada vez más dinámico y exigente.

La inteligencia artificial está en el centro de esta nueva etapa. Su incorporación permite automatizar tareas operativas que hoy consumen horas valiosas, mejorar la gestión de datos, anticipar tendencias de demanda y ofrecer experiencias genuinamente personalizadas. Desde sistemas de atención automatizada hasta herramientas que optimizan precios, inventarios y campañas de marketing en tiempo real. La IA no es ciencia ficción, es infraestructura competitiva disponible hoy.

La IA no viene a reemplazar la experiencia del viajero, sino que viene a liberar el tiempo que dedicamos a tareas administrativas, para volver a hacer lo que mejor sabemos: recibir personas.

Para una industria como la nuestra -de alta interacción humana y enorme diversidad de servicios-, el uso inteligente de los datos puede marcar una diferencia significativa. Comprender las preferencias del viajero, identificar

patrones de consumo y anticipar cambios en la demanda permite tomar decisiones más informadas y diseñar estrategias comerciales más efectivas. En un contexto económico desafiante, estas capacidades no son un privilegio, son el nuevo piso mínimo.

Pero el obstáculo más profundo no es tecnológico, es cultural. Las empresas que ya integran inteligencia artificial en su operación no lo hicieron porque tenían más recursos; lo hicieron porque tomaron la decisión de innovar, aunque no tuvieran todo resuelto. Incorporar IA no significa reemplazar el valor humano que define al turismo, sino que significa potenciarlo, liberando tiempo y energía para concentrarse en lo que realmente genera valor: la experiencia del viajero. En gastronomía y hotelería lo sabemos bien. La diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario rara vez está en los ingredientes; está en la actitud de quien los trabaja.

Por eso resulta fundamental que el ecosistema turístico en su conjunto (empresas, gremios, academia y sector público) trabaje activamente para acercar estas herramientas a las pymes del sector, que son la columna vertebral de la industria en Chile. Capacitación accesible, plataformas adaptadas a la escala local, casos reales que demuestren el retorno. Eso es lo que convierte una tendencia global en una ventaja competitiva nacional.

Chile tiene algo escaso en el mundo: paisajes únicos, biodiversidad y una cultura de hospitalidad genuina. La inteligencia artificial no reemplaza nada de eso, sino que lo amplifica.

El turismo chileno tiene una oportunidad concreta de dar un salto real en competitividad. Aprovechar el potencial de la IA no solo mejorará la eficiencia del sector; también nos permitirá posicionarnos como un destino innovador y preparado para responder a las expectativas de los viajeros del siglo XXI. La pregunta ya no es si la inteligencia artificial transformará esta industria (ya lo está haciendo). La pregunta es si vamos a liderar esa transformación o simplemente observarla.