Durante años se ha instalado la idea de que los jóvenes entre 18 y 25 años «no quieren trabajar». La frase se repite en reuniones de empresarios, conversaciones familiares y redes sociales. Sin embargo, la evidencia internacional demuestra que el problema no es la falta de interés por el trabajo, sino un profundo cambio en la forma en que las nuevas generaciones entienden su relación con el empleo. La llamada Generación Z, nacida aproximadamente entre 1997 y 2012, será protagonista del mercado laboral durante las próximas décadas. En una industria tan intensiva en personas como la gastronómica —restaurantes, cafeterías, fast food, hoteles, catering y servicios de alimentación— comprender sus expectativas ya no es una ventaja competitiva: es una necesidad estratégica.
La gastronomía enfrenta una paradoja. Mientras continúa siendo uno de los principales generadores de empleo para jóvenes, también experimenta dificultades crecientes para atraer y retener talento. Jornadas extensas, alta rotación, salarios ajustados y escasas oportunidades de desarrollo conviven con una generación que prioriza el aprendizaje, el bienestar y el propósito profesional. La pregunta, entonces, no es por qué los jóvenes abandonan la gastronomía, sino qué debe cambiar la industria para convertirse nuevamente en un lugar atractivo para construir una carrera.
El más reciente estudio global de Deloitte, realizado con más de 23.000 jóvenes de 44 países, revela que las prioridades laborales de la Generación Z giran en torno a tres conceptos: seguridad económica, propósito y bienestar. Además, el 74 % considera que la inteligencia artificial transformará significativamente su forma de trabajar durante el próximo año, mientras que únicamente un 6 % afirma que su principal objetivo profesional es alcanzar cargos directivos. Este dato resulta especialmente revelador para la industria gastronómica. Durante décadas, la carrera profesional se estructuró bajo un modelo jerárquico: ayudante, cocinero, jefe de partida, sous chef y chef ejecutivo. Hoy muchos jóvenes valoran más adquirir competencias diversas, aprender nuevas tecnologías, mantener una buena calidad de vida y trabajar en organizaciones coherentes con sus valores que simplemente ascender en el organigrama.
Históricamente, restaurantes, hoteles y cafeterías han sido espacios donde miles de jóvenes obtienen su primer empleo. La flexibilidad horaria, la posibilidad de compatibilizar estudios y trabajo, junto con una rápida adquisición de experiencia práctica, convierten al sector en un importante motor de inserción laboral.
Por la naturaleza de mi trabajo, tengo la oportunidad de entrevistar y colaborar con muchos jóvenes. Esta experiencia me ha permitido observar que, durante mucho tiempo, se asumió que el salario era prácticamente el único factor de atracción laboral. Sin embargo, hoy sabemos que esa realidad ha cambiado. Las nuevas generaciones valoran cada vez más aspectos que antes se consideraban secundarios:
- Líderes que enseñen y acompañen;
- Horarios predecibles;
- Oportunidades de aprendizaje;
- Salud mental;
- Reconocimiento;
- Conciliación entre trabajo y vida personal;
- Ambientes laborales respetuosos.
- Políticas sustentables en las empresas que los contratan.
No significa que el sueldo haya dejado de importar. Al contrario, continúa siendo una prioridad. Pero ya no basta por sí solo para fidelizar talento. El futuro del trabajo no dependerá únicamente de la tecnología, sino de la capacidad de las organizaciones para adaptarse a nuevas expectativas humanas. Esta afirmación adquiere especial relevancia en restaurantes y hoteles, donde la experiencia del cliente depende directamente de la motivación de quienes trabajan en primera línea.
La industria gastronómica tiene una oportunidad única, puede seguir considerando la alta rotación como un problema inevitable o puede transformarse en un referente para el empleo juvenil.
En mi experiencia, los jóvenes continúan valorando cocinar, crear experiencias, trabajar en equipo y desarrollarse profesionalmente, lo que ya no aceptan con la misma facilidad son ambientes laborales donde el desgaste físico y emocional se normaliza. Las nuevas generaciones no están huyendo del esfuerzo, están buscando organizaciones donde ese esfuerzo tenga sentido. La gastronomía del futuro no se distinguirá únicamente por mejores recetas, cocinas inteligentes o tecnologías avanzadas. Se distinguirá por la calidad de las personas que consiga atraer, desarrollar y retener, y, esa diferencia comenzará en la manera en que cada empresa decida construir su cultura laboral.
Referencias
- Organización Internacional del Trabajo (OIT). Juventud en cambio: desafíos y oportunidades en el mercado laboral de América Latina y el Caribe (2025).
- Gen Z & Millennial Survey 2025. Encuesta global aplicada a más de 23.000 jóvenes en 44 países.
- Organización Internacional del Trabajo. Promotion of Decent Work and a Just Transition, Including Skills Development and Lifelong Learning in the Food and Beverage Industry (2024).