El valor económico de la gastronomía

El valor económico de la gastronomía

Director
Asociación Chilena de Gastronomía

Cuando hablamos de gastronomía solemos pensar en sabores, encuentros, identidad y experiencias. Todo eso es parte esencial de nuestra actividad, pero existe una dimensión que debemos relevar con mucha más fuerza: la gastronomía es también una industria, un motor de crecimiento económico y una poderosa herramienta de desarrollo social para Chile y sus regiones.

Detrás de cada restaurante, cafetería, fuente de soda o emprendimiento gastronómico existe una cadena mucho más amplia. Hay proveedores de alimentos, agricultores, pescadores, transportistas, productores locales, trabajadores, emprendedores y familias que dependen directa o indirectamente de esta actividad. Cuando un establecimiento gastronómico abre sus puertas y logra consolidarse, su impacto se extiende mucho más allá de sus mesas.

Esta realidad adquiere especial relevancia en las regiones. La gastronomía tiene la capacidad de transformar productos locales en valor agregado, generar empleo y fortalecer la identidad de los territorios. Desde los productos del mar en nuestras costas hasta la agricultura del centro y sur del país, pasando por los sabores del norte y la Patagonia, cada territorio puede convertir su patrimonio gastronómico en actividad económica.

Por eso, Chile necesita mirar a este sector como parte de su estrategia de crecimiento y poner en el centro a las pequeñas y medianas empresas, porque buena parte de nuestra actividad está construida precisamente sobre el esfuerzo de miles de emprendedores. Pero para hacerlo debemos abordar de manera concreta algunos de los problemas que hoy dificultan su desarrollo.

Uno de ellos es la excesiva burocracia. Un ejemplo claro son las patentes de alcoholes. Debemos avanzar hacia un sistema más simple y eficiente, donde estas puedan tramitarse y entregarse conjuntamente con la patente comercial, evitando procesos paralelos que retrasan la apertura de nuevos establecimientos y generan costos adicionales. Necesitamos apoyo transversal para modernizar estas normas y adecuarlas a la realidad actual del sector.

También debemos mejorar el acceso al financiamiento. La gastronomía tiene características particulares y requiere instrumentos que las comprendan. Es necesario que la banca pueda ofrecer créditos diferenciados para el sector, incluyendo períodos de gracia que permitan a un nuevo restaurante o a un establecimiento que está invirtiendo en su crecimiento contar con tiempo para consolidar su operación antes de comenzar a enfrentar plenamente sus obligaciones financieras.

Estas medidas deben formar parte de una agenda pro-pyme más amplia, que considere menos burocracia, mejores condiciones para invertir, capacitación, digitalización y certeza regulatoria. El objetivo debe ser facilitar que nazcan nuevos emprendimientos, pero también que quienes ya están operando puedan crecer, formalizarse, invertir y contratar. Porque una pyme gastronómica que crece compra más a sus proveedores, incorpora trabajadores y genera nuevas oportunidades en su entorno.

Existe, además, una estrecha relación entre gastronomía y turismo que debemos aprovechar. Cada visitante que recorre Chile también conoce nuestros territorios a través de sus sabores. Una oferta gastronómica diversa, de calidad y con identidad fortalece nuestros destinos, aumenta el gasto turístico y permite que una mayor parte de esos recursos permanezca en las economías locales.

En momentos en que Chile necesita recuperar capacidad de crecimiento y generar más y mejores empleos, tenemos que impulsar sectores capaces de producir un efecto multiplicador en los territorios. La gastronomía es uno de ellos.

Hacer crecer la gastronomía es hacer crecer a las pymes, fortalecer nuestras regiones y abrir nuevas oportunidades de empleo y emprendimiento. Para lograrlo necesitamos pasar del diagnóstico a medidas concretas que permitan emprender, invertir y crecer. La gastronomía no es únicamente un espacio para compartir y disfrutar: es una industria capaz de poner en movimiento las economías locales y convertirse en un verdadero motor de progreso económico y desarrollo social para Chile.