El turismo chileno está en una encrucijada. Mientras nuestros vecinos redoblan sus recursos para atraer visitantes, una ley clave para el sector lleva meses detenida en el Senado. Y cada semana de espera tiene un costo: menos inversión, menos conectividad y menos oportunidades para las miles de pymes y comunidades que viven del turismo, una industria con fuerte participación femenina, presencia en todas las regiones y capacidad de activar empleo en gastronomía, comercio, transporte, cultura y servicios.
Tras el duro golpe de la pandemia, el sector ha mostrado una recuperación relevante. Volvieron los viajes, se reactivaron rutas, se recuperó parte del empleo y el país volvió a posicionarse en mercados internacionales. Sin embargo, sería un error conformarse con esa recuperación. Chile todavía no está capitalizando todo el potencial que posee para consolidar al turismo como una actividad estratégica de largo plazo.
Hoy necesitamos pasar de la reactivación al crecimiento sostenido. Y para eso se requieren decisiones concretas. Una de las más urgentes es que el Gobierno y el Congreso otorguen prioridad a la tramitación de la Ley de Impulso al Turismo, actualmente en el Senado en segundo trámite constitucional.
Esta iniciativa es clave porque entrega herramientas e incentivos para fortalecer la competitividad del sector, estimular la inversión, mejorar la promoción internacional, modernizar instrumentos y dar mejores condiciones para seguir desarrollando destinos en todo el territorio. También permite avanzar en coordinación público-privada, actualizar mecanismos que hoy quedaron rezagados y dar mayor estabilidad a una actividad especialmente sensible a los ciclos económicos. No se trata de una demanda sectorial aislada, sino de una política procrecimiento con impacto nacional.
Además, existen señales inquietantes que no debemos ignorar. El tráfico aéreo en el aeropuerto de Santiago cerró el primer trimestre de 2026 con una caída de 1,8%, alcanzando cerca de 7,38 millones de pasajeros y acumulando tres trimestres consecutivos a la baja. Esta contracción se explica principalmente por el debilitamiento de las rutas nacionales. Cuando cae la conectividad interna, se resiente el turismo doméstico, las economías regionales y la movilidad de las personas.
A ello se suma una competencia internacional cada vez más intensa. Nuestros vecinos han incrementado recursos de promoción, incentivos a nuevas rutas y facilidades para atraer visitantes. Chile cuenta con atributos extraordinarios, pero los atributos por sí solos no bastan si no existen políticas consistentes que permitan transformarlos en resultados concretos.
El turismo necesita certezas, visión y sentido de urgencia. Otros países compiten intensamente por atraer visitantes, eventos e inversión. Chile no puede quedarse atrás por lentitud legislativa.
Dar prioridad a esta ley sería una señal potente de confianza en una industria que puede aportar más crecimiento, más empleo formal y más desarrollo regional. El momento para actuar es ahora. Aprobarla con prontitud ayudaría además a acelerar proyectos, dinamizar temporadas bajas y fortalecer miles de emprendimientos locales en todo Chile.