Chile posee todos los atributos para ser una potencia turística: naturaleza, paisajes únicos, gastronomía y patrimonio. Sin embargo, los atractivos no bastan; para que el turismo sea una industria estratégica, requerimos infraestructura adecuada, conectividad y capacidad de gestión.
El prolongado cierre del Paso Los Libertadores, debido a nevadas extraordinarias, pone en evidencia esta realidad. Si bien la seguridad es la prioridad y no se puede operar en condiciones peligrosas, cabe preguntarse si estamos preparados para enfrentar eventos de esta magnitud y si contamos con una estrategia para mitigar sus efectos.
El problema trasciende a Los Libertadores; refleja la necesidad de una gobernanza integral de los pasos fronterizos terrestres, especialmente con Argentina. Actualmente, Los Libertadores es el único punto con mecanismos de integración binacional desarrollados; en otros pasos la coordinación es limitada o ni siquiera operan todo el año. Esto implica que, ante emergencias, no existe una red de alternativas real para mantener la conectividad. Esta carencia se ha evidenciado también en la zona sur, obligándonos a cuestionar por qué no avanzamos en una estrategia que considere el sistema fronterizo como un todo.
En la zona centro-sur, el Paso Pehuenche podría desempeñar un rol mucho más relevante como alternativa internacional. Existen otros corredores que requieren inversión, infraestructura, operación permanente y coordinación entre organismos. El Estado debe visualizar estos pasos no como caminos aislados, sino como una red estratégica para el desarrollo económico, turístico y territorial, lo cual exige planificación de largo plazo y gobernanza, elementos que hoy no se perciben con la fuerza necesaria.
El impacto de esta falta de conectividad es crítico en destinos como Portillo. A pesar de contar con condiciones de nieve excepcionales que podrían derivar en una temporada histórica, el cierre del camino transforma la oportunidad en dificultad. El turismo exige certezas: que los visitantes lleguen, que los operadores planifiquen y que los servicios funcionen.
Cuando un paso estratégico cierra por semanas, las consecuencias afectan el comercio, la logística, el turismo, los trabajadores y los hoteles de las zonas cordilleranas. Al no haber alternativas desarrolladas, el impacto se multiplica. Por ello, se requiere inversión permanente en infraestructura, tecnología y sistemas de despeje; protocolos de contingencia; coordinación efectiva con Argentina e información oportuna para los usuarios.
No podemos esperar que la naturaleza se adapte a nosotros; debemos adaptar nuestra infraestructura y gestión a la realidad geográfica y climática de Chile. Si el turismo es una industria prioritaria, la conectividad debe ser parte central de esa política. No sirve de nada promocionar al país en el extranjero si no garantizamos que los visitantes lleguen a sus destinos de manera segura y expedita.
El cierre de Los Libertadores debe ser una alerta y una oportunidad para mirar más allá de un solo punto. Chile necesita una estrategia nacional de conectividad internacional que fortalezca los corredores existentes, desarrolle nuevas alternativas y establezca una gobernanza capaz de coordinar al Estado, las regiones y los países vecinos.
Tenemos las condiciones para un turismo de clase mundial; ahora falta la voluntad política para dotarlo de las condiciones habilitantes que transformen ese potencial en desarrollo y empleo para las comunidades. No podemos controlar la nieve, pero sí podemos controlar la infraestructura, la planificación y la coordinación.