Cocinar es Educar

Cocinar es Educar

Director de carrera Gastronomía Internacional y tradicional chilena
IP-CFT Santo Tomás, sede Rancagua

Cocinar es mucho más que transformar alimentos: es un acto cultural, político y profundamente educativo. En cada preparación se transmite una forma de mirar el mundo, una historia y una identidad que, en el caso de Chile, ha sido sistemáticamente desplazada por una silenciosa pero persistente colonización mental.

Durante décadas, hemos aprendido a valorar lo ajeno por sobre lo propio. Se nos enseñó -de manera explícita o sutil- que la cocina chilena era inferior, básica, poco sofisticada. Y así, generación tras generación, fuimos alejándonos de nuestra despensa, de nuestras técnicas, de nuestros sabores. No fue casual: fue un proceso cultural, político y económico que debilitó el vínculo entre territorio, alimento y comunidad.

Pero Chile posee una de las despensas más diversas e imponentes del mundo, ecléctica y sublime. Desde el altiplano hasta los fiordos australes, desde la cordillera al océano, cada bio territorio alberga productos únicos, cargados de identidad y memoria. No se trata solo de ingredientes, sino de ecosistemas culturales: semillas, manos, oficios y relatos que sobreviven -muchas veces- a pesar del abandono.

Poner en valor la cocina chilena no es un gesto estético ni una tendencia gastronómica: es un acto de justicia cultural, es reciclar una y otra vez el patrimonio. Es reconocer que en nuestras cocinas habita conocimiento profundo, técnicas ancestrales y una relación respetuosa con el entorno que hoy el mundo entero busca recuperar.

Y en ese proceso, la educación cumple un rol fundamental.

Cocinar es educar. Educar en el territorio, desde la primera infancia, es clave para reconstruir ese vínculo perdido. Un niño o una niña que conoce los productos de su entorno, que comprende sus ciclos, que participa en la preparación de sus alimentos, no solo adquiere habilidades prácticas: construye identidad, pertenencia y criterio.

La educación culinaria no puede seguir siendo un lujo o un contenido marginal. Debe ser parte estructural de la formación, porque en ella convergen la historia, la geografía, la salud, la economía y la cultura. Enseñar a cocinar es también enseñar a valorar, a cuidar y a elegir.

Hoy más que nunca necesitamos volver a nuestra cocina. No desde la nostalgia, sino desde la conciencia. No para repetir, sino para proyectar. La cocina chilena no debe ser rescatada como una pieza de museo, sino vivida como una práctica cotidiana, dinámica y en constante evolución.

Recuperar nuestra cocina es recuperar nuestra voz.

Porque cuando un país deja de cocinar lo propio, comienza a olvidar quién es.

Y cuando vuelve a hacerlo, comienza —inevitablemente— a reconstruirse.