Un adorable eco del pasado

Hacienda Santa Cristina

Un adorable eco del pasado

Un viaje a través del tiempo nos lleva a los orígenes de la Hacienda Santa Cristina, un tesoro histórico, gastronómico y hotelero en un pequeño pueblo del Valle del Limarí que ha sabido exactamente qué aspectos modernizar y qué tradiciones preservar para ofrecer una experiencia única a sus visitantes.

Puede que el pueblo de Santa Cristina no aparezca en la mayoría de los libros de historia, pero la leyenda de una resiliente hacienda patronal, fundada en 1938 merece ser recordada. Su actual administrador, Juan Pablo Hernández, es hijo de Paulina Gálvez, quien adquirió la propiedad en 1981 para uso agrícola y residencial. En entrevista con Chef&Hotel nos habló acerca de su familia y de la Hacienda Santa Cristina, que, guiada por la inagotable pasión de su madre, se ha convertido en un legado icónico del Valle del Limarí.

“La Hacienda Santa Cristina hoy goza de un renovado esplendor y siempre nos preocupamos de mantener una mejora constante” cuenta entre risas Juan Pablo. Para entender cómo se llegó a convertir en lo que es hoy, nos remonta varios años al pasado hasta la localidad de Tongoy. En ese lugar, su abuela Elena junto con su madre Paulina se hicieron cargo de la renombrada Hostería Gálvez, un hospedaje emblemático de la región, reconocido por su impecable servicio y excepcional gastronomía.

La hostería logró crear una atmósfera que sedujo a locales y forasteros por igual. La hija aprendió de su madre, descubrió los secretos de la gastronomía de la famosa hostería y entendió la importancia del cuidado de los detalles. Pocos años después del fallecimiento de la señora Elena, Paulina decidió que lo mejor era emprender un nuevo rumbo y dirigió sus pasos hacia Puerto Velero.

En la localidad costera de la cuarta región, Paulina tomó las riendas de un restaurant que estaba a maltraer y había perdido completamente su esencia. El Chiringuito era su nombre. Con el esmero y la dedicación que madre le había transmitido, Paulina transformó en poco tiempo al Chiringuito en un punto de referencia gastronómico tan importante como lo fue la Hostería Gálvez.

Juan Pablo recuerda: “a los quince años empecé a colaborar con ella y me di cuenta realmente de la clase de persona que era mi madre. Ser testigo de cómo el Chiringuito atrajo multitudes bajo su alero fue realmente conmovedor”.

 

“La Hacienda Santa Cristina hoy goza de un renovado esplendor y siempre nos preocupamos de mantener una mejora constante” cuenta el administrador de Hacienda Santa Cristina, Juan Pablo Hernández.

 

Mientras el Chiringuito gozaba de buena salud en Puerto Velero, en el Valle del Limarí comenzaba el surgimiento de un nuevo polo vitivinícola.  Este sería el hito que motivaría a Paulina a convertir la Hacienda Santa Cristina de un campo agrícola a un paraíso hotelero que pudiera recibir apropiadamente a los nuevos visitantes de la zona.

Juan Pablo explica que “hubo un renacimiento del Valle del Limarí, ya que era visto como un gran terroir para vinos blancos y espumantes, lo que trajo consigo la llegada de muchos extranjeros a la zona. En Ovalle no había una oferta hotelera acorde a lo que estas personas estaban buscando y fue en 2003 cuando Paulina nos reveló que era su sueño hacer de la Hacienda Santa Cristina un hotel. Muchos dudaron de ella y le dijeron que ningún turista iba a ir al Valle del Limarí, pero el tiempo le ha dado la razón”.

El 2 de enero de 2007 la Hacienda Santa Cristina abre por primera vez en la historia sus puertas como un hotel y en semana santa del mismo año, Paulina regresó a la hacienda familiar. Partieron con un equipo pequeño y el inicio no fue sencillo, pero su determinación y una aguda visión empresarial, lanzaron a esta vieja casona patronal en una evolución que poco a poco la iría convirtiendo en el tesoro hotelero que es hoy.

UN LEGADO REIMAGINADO

La Hacienda Santa Cristina se emplaza en un colorido prado a pocos kilómetros de la Ruta 5, en un lugar de fácil acceso para turistas y con hermosos valles a su alrededor. Sin embargo y para responder a las exigencias que surgieron al transformarla en un hotel, fue necesario hacer cambios.

La casa patronal fue remodelada para mantener una estética campestre: techos altos, antiguos candelabros y camas de bronce. Un espacio que antes era destinado a maquinarias se convirtió en una sala de reuniones para ofrecer a los turistas un lugar donde trabajar con todas las comodidades. El lugar donde se estacionaban los camiones y se guardaban otros equipamientos del campo se transformó en un gimnasio, y donde antes se cosechaba miel ahora hay una sala de juegos con una mesa de pool.

Con los años, la interminable búsqueda por la perfección de Paulina llevó a la incorporación de unas cómodas tinas calientes al aire libre y diversas mejoras en su infraestructura. El equipo que antes trabajaba en la parte agrícola comenzó a dedicarse al mantenimiento de los jardines para que estuvieran impecables en todo momento y se instauró como política que antes de que las paredes comenzaran a descascararse, debían ser pintadas nuevamente. Además, se compraron terrenos aledaños para mejorar las instalaciones de su caballeriza y se construyeron canchas de tenis. Las habitaciones también fueron progresivamente mejorando con el paso de los años y al 2010 la hacienda ya se había convertido en un referente hotelero de la región de Coquimbo.

En 2015, el terremoto golpeó fuerte la estructura de la casa patronal, pero aun así se mantuvo su arquitectura antigua y se reforzó para evitar daños a futuro. Hoy, la Hacienda Santa Cristina también cuenta con piscinas al aire libre, spa y sala de masajes, una multicancha y una mini cancha de básquetbol. Tienen senderos para recorrer, con plantación de árboles frutales y se ofrecen entretenidos paseos a caballo. Su terreno está delimitado por tradicionales pircas con piedras que datan de hace varias décadas y que de inmediato transportan a un pasado mejor.

 

“Hubo un renacimiento del Valle del Limarí, ya que era visto como un gran terroir para vinos blancos y espumantes, lo que trajo consigo la llegada de muchos extranjeros a la zona. En Ovalle no había una oferta hotelera acorde a lo que estas personas estaban buscando y fue en 2003 cuando Paulina nos reveló que era su sueño hacer de la Hacienda Santa Cristina un hotel”, recuerda Juan Pablo

 

Pero es el restaurant –según Juan Pablo– donde se ubica el corazón de la Hacienda Santa Cristina. “El 2012 decidimos como familia que íbamos a trabajar solo con viñas de la zona. Nos contactamos con las viñas de la provincia del Limarí y armamos una cava solo con vinos locales. Entendimos la importancia de resaltar nuestra identidad y de dar a conocer nuestros productos y nuestro valle” señaló.

GASTRONOMÍA CON RECETAS ANCESTRALES

El restaurant de la Hacienda Santa Cristina tiene una carta extensa –para satisfacer a todo tipo de paladares– que combina preparaciones tradicionales con otras más modernas y también incluye una buena cuota de platos rescatados de recetas ancestrales.  El secreto que los une es que todos se realizan mayoritariamente con productos de la región.

Para picotear encontrará empanadas ($4.900) de pastelera integral o mallorquinas (con cordero y tocino), queso de cabra empanizado con salsa diabla ($8.800) o criadillas de cordero ($8.500), que se pueden pedir apanadas, al pilpil o al vapor.

Como fondo ofrecen diversas preparaciones provenientes del mar, como el papillote de Tongoy, que consiste en pescado cubierto de champiñón, pimentón, locos, camarón y queso parmesano, con crema y vino ($16.900) y diferentes opciones con carne como el conejo de criadero en salsa de escabeche caliente ($12.900) o el cordero al vino tinto y romero ($14.900).

Sin embargo, el plato más característico es el cabrito de la señora Inés ($13.500). Juan Pablo explica que “mi abuela aprendió una receta que era un cabrito a la canela, idea que tomó del restaurant ‘El Rustiko’, de Combarbalá. Una preparación con cabrito tierno que se deja adobando con varias especias durante la noche y luego se sirve sobre una cama de papas salteadas. La idea de ese plato fue siempre valorar y rescatar la herencia familiar, darle un reconocimiento a nuestra abuela y poner nuestro producto en el sitial que se merece”.

En cuanto a los platos dulces, el favorito de Juan Pablo es la torta de merengue de papaya ($4.800), preparación que su madre viene perfeccionando hace más de 40 años. También hay variedades de tortas (desde $4.200) y frutas que son recolectadas directamente en la Hacienda Santa Cristina. Para beber tiene un aperitivo propio, llamado Hacienda Sour ($3.000), que consiste en una preparación en base a vino blanco del Valle del Limarí, coñac, triple sec y jugo de naranja.

“Tenemos un equipo de proveedores que conocemos desde la época en que mi abuela aún trabajaba. Varios de nuestros proveedores de hortalizas son del mismo pueblo de Santa Cristina. A los pescadores también los conocemos desde hace muchos años y todos nuestros pescados son de caletas cercanas, principalmente Tongoy o Guanaqueros. En el campo plantamos varias frutas y verduras que rotamos de acuerdo con la temporada y que son de súper buena calidad” cuenta Juan Pablo.

 

La casa patronal fue remodelada para mantener una estética campestre: techos altos, antiguos candelabros y camas de bronce. Un espacio que antes era destinado a maquinarias se convirtió en una sala de reuniones para ofrecer a los turistas un lugar donde trabajar con todas las comodidades.

 

EL ENCANTO DEL VALLE DEL LIMARÍ

El Valle del Limarí posee maravillosos paisajes que con los años lo han ido posicionando como un destino turístico ya consolidado. En la Hacienda Santa Cristina son muy conscientes del valor que tiene el territorio que los rodea y han trabajado codo a codo con las autoridades por promover el turismo en el sector.

“La oferta gastronómica nuestra es increíble, pero en el resto del valle también lo es. Hay muy buenas oportunidades para realizar enoturismo, hay pisqueras, hay granjas donde puedes interactuar con animales, puedes ir a conocer artesanías de lapislázuli. El Valle del Limarí es un destino turístico interesante de mar a cordillera” dice Juan Pablo.

Pero el verdadero valor del Valle del Limarí no reside solamente en sus excepcionales suelos para uvas ni en sus artesanías de lapislázuli, por solo mencionar algunos. Las personas que habitan esta zona son tan importantes como cualquier de los otros factores que hemos mencionado.

Juan Pablo cree que no sirve de nada tener instalaciones siete estrellas si el servicio que se ofrece no es excepcional, y cuenta que le llena de orgullo poder decir que las personas que trabajan en la Hacienda Santa Cristina permiten que toda estancia en ella sea inolvidable.

Su personal se compone casi exclusivamente de habitantes del pueblo de Santa Cristina. “Gente que empezó lavando copas y terminó atendiendo de manera impecable. Cuando uno es cordial el cliente lo agradece y ese es nuestro sello. En mi opinión, tengo el mejor equipo de trabajo de Chile. He conocido varios lugares y no he visto otro equipo igual. Hemos capacitado a chicos del pueblo, a gente del campo y han superado todas nuestras expectativas” cuenta Juan Pablo.

El éxito y el reconocimiento del que goza hoy la Hacienda Santa Cristina se debe al empuje de una familia hotelera que durante tres generaciones ha puesto al servicio al cliente como el eje principal de su operación, a través de un grupo humano que es el verdadero encanto del Valle del Limarí. “Nuestros clientes se van de la Hacienda sabiéndose el nombre de los garzones, de la gente del campo y del personal del hotel. Se crea una relación muy personal que es la base de nuestro éxito y que nos permite entregar una verdadera experiencia en servicio” cierra Juan Pablo.

Hacienda Santa Cristina
Restaurante Hacienda Santa Cristina

Pueblo de Santa Cristina. Km 4.5, ruta D-505 entre la ciudad de Ovalle y Ruta 5 Norte
Contacto: contacto@haciendasantacristina.cl

Teléfonos: +56 53 2622335 / 2422270

Horario restaurant: lunes a domingo de 13h00 a 15h30 y de 19h30 a 21h30

Instagram: @haciendasantacristina

Facebook: @HaciendaSantaCristina
Web: haciendasantacristina.cl

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