“Mi papá siempre veía este lugar como algo que había que mostrar al mundo”. La frase de Gabriela Pacheco, socia de Tungulú Hotel Boutique & Cabañas, resume bien lo que es el entorno de esta apuesta hotelera en Puerto Montt. Mucho antes de que existiera como opción de hospedaje, el terreno donde se emplaza ocupaba un lugar especial en la historia familiar de esta publicista vinculada a la hotelería desde hace una década aproximadamente: su madre vivió en la zona y su padre, oriundo de Isla Tenglo, llegaba allí cuando era niño para jugar fútbol y contemplar un paisaje que nunca dejó de impresionarlo.
Décadas después, esa admiración se transformó en una iniciativa turística que ha logrado abrirse camino en la escena hotelera y gastronómica de la capital regional con una propuesta poco habitual en la zona: ofrecer una experiencia profundamente ligada al sur de Chile, donde la cercanía, el cuidado por los detalles y el sentido de hogar son tan importantes como la infraestructura.
El proyecto nació al alero de Oxxean, empresa marítima y portuaria de la familia Pacheco Hernández. El terreno había sido adquirido por el padre hace unos veinte años como una inversión y había permanecido como una posibilidad abierta, un espacio donde la idea era, en algún momento, desarrollar algo novedoso y atractivo. La opción llegó de la mano del turismo y fue así como, en 2015, abrieron las primeras seis cabañas que se edificaron siguiendo la línea natural de una ladera. Más adelante se sumaron otras cuatro y posteriormente dos adicionales. Así se completaron las doce unidades que hoy conforman el complejo.
“Visualizamos cómo vivíamos las vacaciones, los lugares que conocíamos, lo que nos gusta, y llevamos eso a Tungulú”, explica Gabriela, quien dirige el proyecto. En ese entonces trabajaba en la empresa portuaria y no imaginaba que terminaría dedicando gran parte de su tiempo al desarrollo turístico. Por eso la idea inicial fue comenzar con cabañas, un formato que permitía administrar el proyecto de manera más sencilla.
Ha logrado abrirse camino en la escena hotelera y gastronómica de la capital regional con una propuesta poco habitual en la zona: ofrecer una experiencia profundamente ligada al sur de Chile, donde la cercanía, el cuidado por los detalles y el sentido de hogar son tan importantes como la infraestructura.
UN REFUGIO ENTRE NATURALEZA, MAR Y VOLCANES
La esencia de la apuesta de hospedaje quedó reflejada en su nombre: inspirado en Isla Tenglo, Tungulú proviene de la expresión mapudungun tüng-lu, cuyo significado es lugar tranquilo y apacible. Más que una denominación, resulta una declaración de principios para una propuesta concebida como un espacio de descanso, encuentro y conexión con el entorno, Tungulú está a 15 minutos del centro de Puerto Montt, a 20 de Puerto Varas, a 25 del cruce hacia Chiloé y a 35 del aeropuerto El Tepual. “Estamos muy cerca de todo, pero a la vez desconectados de algún modo”, comenta Gabriela Pacheco.
Desde el terreno se divisan los volcanes, Isla Tenglo y los archipiélagos que conforman la geografía de esta parte de Chile. Rodeado del intenso verde sureño, de exuberante naturaleza, el lugar transmite una sensación de tranquilidad que muchos visitantes no esperan encontrar tan cerca de la ciudad y suelen confesar que nunca pensaron que había un sitio así en Puerto Montt.
La experiencia comienza precisamente en esa sorpresa. Continúa con la estadía. Las cabañas fueron diseñadas por la familia junto a un arquitecto con el objetivo de generar el menor impacto posible sobre el paisaje. Lucen líneas simples y contemporáneas, madera nativa seleccionada y amplios ventanales de termopanel; cuentan con calefacción central y criterios de eficiencia energética; la idea de seguir la ladera natural del terreno privilegia la iluminación natural, las vistas despejadas hacia el mar y la privacidad. “Queríamos que el huésped llegara a un espacio cálido, como un refugio”, explica Gabriela.
Tungulú está a 15 minutos del centro de Puerto Montt, a 20 de Puerto Varas, a 25 del cruce hacia Chiloé y a 35 del aeropuerto El Tepual. “Estamos muy cerca de todo, pero a la vez desconectados de algún modo”, comenta Gabriela Pacheco.
Actualmente existen unidades para dos, cinco y siete huéspedes. Generalmente son reservadas por grupos familiares, pero las últimas incorporaciones respondieron a una demanda inesperada: las escapadas románticas. Especialmente durante el invierno, numerosas parejas de la zona comenzaron a elegir el lugar como destino para desconectarse durante un fin de semana.
Las cabañas tienen entre 42 y 67 m2, cada una combina la independencia propia de este formato con servicios asociados a la hotelería. Cuentan con cocina equipada, refrigerador, sábanas, batas y amenidades. Además, tienen parrilla y terrazas privadas, una de estas con jacuzzi. Originalmente, el desayuno se entregaba en una canasta que llegaba directamente a la cabaña, evocaba el campo, una propuesta muy sureña. Hoy, en cambio, se sirve en el restaurante del hotel boutique Tungulú, permitiendo que quienes se hospedan en las cabañas disfruten la experiencia completa del proyecto. Esta incluye espacios comunes como juegos para niños y tinajas de agua caliente emplazadas entre árboles y conectadas por pasarelas de madera que atraviesan el bosque, una experiencia que refuerza la sensación de inmersión en la naturaleza.
LA EVOLUCIÓN DEL PROYECTO FAMILIAR
Aunque durante años el público estuvo compuesto principalmente por familias chilenas, hoy el perfil de los visitantes se ha ampliado: también llegan extranjeros y grupos corporativos.
La transformación comenzó a concretarse cuando Gabriela Pacheco proyectó el futuro del complejo. Dedicada completamente a Tingulú desde 2018, primero tuvo la idea de crear un restaurante. Luego surgió una oportunidad mayor: la compra de un terreno colindante donde existía una casona inconclusa. “Ahí surgió la idea de un hotel boutique”, cuenta.
La construcción fue conservada y remodelada para dar vida a una nueva etapa del proyecto. Abrió sus puertas bajo el concepto boutique en marzo de 2026, y cuenta con siete habitaciones, dos están en el primer piso y cinco en la segunda planta; las hay doble o twin Superior (24 m2), doble queen Natura (25 m2) y Signature suite (33 m2) con bañera y chimenea. Todas tienen televisión digital y detalles como toallero térmico.
Desde el terreno se divisan los volcanes, Isla Tenglo y los archipiélagos que conforman la geografía de esta parte de Chile. Rodeado del intenso verde sureño, de exuberante naturaleza, el lugar transmite una sensación de tranquilidad que muchos visitantes no esperan encontrar tan cerca de la ciudad y suelen confesar que nunca pensaron que había un sitio así en Puerto Montt.
La intención fue continuar con la misma experiencia y la identidad estética que caracteriza a las cabañas. Así, en el hotel lucen la madera y los espacios acogedores, como la sala principal con una chimenea permanentemente encendida. Vale mencionar que los pisos –de porcelanato hipoalergénico lavable– son capaces de absorber el calor y la calefacción funciona mediante aerotermia, un sistema sustentable y altamente eficiente desde el punto de vista energético. Lo cierto es que la sustentabilidad también forma parte de la propuesta desde el inicio y Tungulú cuenta con sello sustentable de Sernatur.
SABORES DE TRADICIÓN CHILOTA Y DESPENSA AUSTRAL
La incorporación del restaurante respondió tanto a una visión de largo plazo como a una necesidad concreta. Muchos huéspedes hacían su check-in tarde y preguntaban dónde podían comer. En el sector existen pocas alternativas, por lo que contar con un espacio gastronómico se hizo indispensable para complementar la experiencia.
Con capacidad para 35 comensales, el restaurante de Tingulú funciona desde las siete y media de la mañana, hora en que comienza el desayuno buffet. Se mantiene con servicio continuado hasta la noche, permitiendo disfrutar de su terraza con área techada y al aire libre. A su vez, cuenta con bar y una carta de tarde con tablas calientes, hamburguesas, sándwiches y kúchenes.
La propuesta gastronómica del restaurante sigue la misma lógica que inspira todo el proyecto: expresar la esencia del sur a través de productos locales y proveedores certificados, muchas veces, empresas familiares.
La participación de la madre de Gabriela ha sido fundamental en ese proceso. Junto al chef Eliecer Jara –cocinero oriundo de Viña del Mar que fue seleccionado entre varios postulantes por su disposición a crecer junto al proyecto y adaptarse a una estructura donde las recetas familiares y tradiciones forman parte del relato–, creó una carta de entrantes, principales y postres donde conviven preparaciones que respetan la estacionalidad de los productos.
“Más que un restaurante, somos una experiencia que conecta con el territorio, el mar y la identidad del sur de Chile. Nuestra cocina rescata sabores inspirados en la tradición chilota y la despensa austral, integrando carnes, pescados y mariscos en preparaciones honestas, cálidas y contemporáneas”, detalla Gabriela Pacheco.
Entre las preparaciones llamadas a convertirse en emblema destacan Arroz con mariscos inspirado en la receta que prepara la madre de Gabriela, una reinterpretación del chef para el restaurante. También figuran las Croquetas de chupe de jaiba, una innovadora versión de uno de los sabores más tradicionales de la zona.
“Más que un restaurante, somos una experiencia que conecta con el territorio, el mar y la identidad del sur de Chile. Nuestra cocina rescata sabores inspirados en la tradición chilota y la despensa austral, integrando carnes, pescados y mariscos en preparaciones honestas, cálidas y contemporáneas”, detalla Gabriela Pacheco.
La influencia familiar también aparece en otros detalles muy íntimos. Gabriela, por ejemplo, asegura que su madre hace “el mejor curanto del sur de Chile”. Y para transmitir ese tipo de saberes ha compartido jornadas culinarias con el chef en su casa familiar, permitiendo que integre progresivamente algo de su sazón a la propuesta gastronómica.
La experiencia de cocina que otorga Tungulú se complementa con una cuidada selección de vinos chilenos premium y una propuesta de coctelería inspirada en el sur de Chile. Cinco preparaciones de autor toman inspiración del bosque y el océano utilizando ingredientes locales como la murta, que es recolectada en el mismo entorno para elaborar no solamente el Murta sour de la carta de bar, también se ocupa para postres y preparaciones de desayuno.
En Tungulú cada objeto pareciera tener un relato. Así, por ejemplo, en los ambientes hay tejuelas recicladas y piezas elaboradas por artesanas de Isla Tenglo. La comunidad local se integra en la propuesta estética, también al equipo humano. Actualmente, este se compone de 23 personas; se ha ido profesionalizando al incorporar especialistas en turismo, un subgerente con experiencia en viñas y un jefe de experiencia y hospitalidad dedicado a perfeccionar el servicio y desarrollar programas junto a operadores turísticos. Muchos son colaboradores que provienen de la región y varios han crecido junto al proyecto gracias a programas de capacitación.
El siguiente paso será ampliar parte de la terraza del restaurante y construir un centro de eventos destinado a responder a la creciente demanda corporativa que surgió una vez que abrieron las opciones de estadía boutique en la casona. Un poco más a largo plazo, el plan es coherente con la historia de un proyecto que nació a partir de la convicción de compartir un paisaje y hospitalidad. La idea es llevar la experiencia a otro destino del sur. “Mi sueño máximo es hacer un hotel en Puerto Natales. Tenemos familia allá y estamos muy arraigados a esa zona”, adelanta sembrando expectativas Gabriela Pacheco.
Tungulú Hotel Boutique & Cabañas
- Reservas: +56942909059
- Instagram (@tungulu.cl)
- Facebook (@tunguluhotelboutique)
- Web: https://tungulu.cl/