Tawa, Refugio del Puelo: El palco hacia lo sublime de la Patagonia Norte

Tawa, Refugio del Puelo: El palco hacia lo sublime de la Patagonia Norte

A tres horas del aeropuerto de Puerto Montt, su ubicación es remota, pero a la vez accesible. A sus creadores les gusta pensar que es “el campamento base perfecto para explorar un valle maravilloso, usando el río como vía y embarcaciones como transporte”, pero es mucho más. Una arquitectura que dialoga con el paisaje, una mesa que honra el tiempo, un servicio dedicado y un nutrido repertorio de aventuras para vivir en su “patio de juegos” infinito.

Me doy cuenta de que suena pretencioso, pero navegando el Río Puelo hace pocas semanas, pensé en el filósofo alemán Immanuel Kant. No es que sepa mucho sobre su obra, pero archivé en mi cabeza hace décadas la distinción que hizo entre lo bello y lo sublime: mientras la experiencia de la belleza se ciñe a criterios como la simetría y es enteramente placentera, lo sublime es un sentimiento que solo puede despertar el poder abrumador de la naturaleza, que supera nuestra capacidad de comprensión sensorial, que conmueve –e incluso incomoda– al hacer patente nuestra escala y mortalidad; una magnitud que para provocar deleite en lugar de temor debe ser observada desde una posición segura. Estoy convencido de que es lo que turistas de todo el mundo esperan encontrar en Chile y, después de pasar tres noches en él, estoy seguro de que Tawa, Refugio del Puelo es el mejor palco hacia lo sublime de la Patagonia norte.

MARTÍN GILDEMESIETER Y CAMILA VIAL | matrimonio dueños de Tawa, Refugio del Puelo

Antonia Pellegrini concibió su arquitectura como un conjunto de volúmenes de diseños diversos, dispuestos de manera orgánica y conectados por pasarelas que se pierden en la vegetación. En el proceso, logró equilibrios que parecían imposibles: enmarcar las vistas del bosque y el río a través de generosos ventanales –incluso desde la intimidad de las duchas– sin comprometer la privacidad en ninguno de sus ocho refugios o habitaciones. Quizás más elogiable aun: citando rasgos vernáculos de la arquitectura sureña –como el uso intensivo de la madera, los techos a dos aguas y una ligera elevación sobre el suelo–, alcanza el estándar de diseño que esperan viajeros experimentados –incluso algunos que ya han visitado los hitos de nuestro mapa más difundidos globalmente– sin la menor intención de competir con el paisaje. Por el contrario, podría decirse que toda la operación se trató de ponerlo en valor. “Justo en la unión del lago con el río, se emplaza el restaurante, una construcción más alta que se asoma para enfrentar el lago y destaca para convocar al viajero. Un refugio que toma la forma de Casa A, abriendo las vistas a los morros más altos en busca de luz y cerrando las aguas laterales para proteger de los vientos más fríos y lluviosos que entran por el valle y desde el lago”, señala la arquitecta.

En el proceso, logró equilibrios que parecían imposibles: enmarcar las vistas del bosque y el río a través de generosos ventanales –incluso desde la intimidad de las duchas– sin comprometer la privacidad en ninguno de sus ocho refugios o habitaciones.

Las formas armoniosas, las maderas –una mezcla de lenga y mañío en las vigas estructurales, mesas y barra, que conviven con un pino de pocos nudos en paredes y pasarelas tratado con “el tinte Tawa” – y el mobiliario de aires nórdicos hacen del conjunto una obra “bella” en términos kantianos. Pero, además, el diseño responde a una funcionalidad estricta. “La pendiente de los techos es vital para soportar el clima de la zona, pero también da origen a un espacio arquetípico de la casa sureña de influencia colona: el altillo. Cada refugio tiene dos camas allí, lo que nos permite abrirnos a las familias, aunque ocurre frecuentemente que parejas de aventureros ocupan la habitación por días sin notar que arriba existían esas camas”, explica Gonzalo Droppelmann, gerente de Tawa, apuntando a la manera en que el proyecto recoge la recursividad icónica del sur.

EL PATIO DE JUEGOS

La «Casa A» funciona como un faro que asoma al lago; una silueta cuya altura busca capturar la luz del norte, tan esquiva en los días lluviosos. «El refugio principal es el corazón. La barra es recepción, el altillo es sala de briefing para exploraciones, pero también puede ser el mundo de los niños o una sala de reuniones corporativas. Buscamos que cada espacio tenga un doble o triple propósito; es una lógica operacional de máxima eficacia», explica Gonzalo. En distintas dinámicas de asientos y vistas extraordinarias desde cualquier ubicación, aquí ocurre también la experiencia del restaurante, donde el fuego es el protagonista. «Nuestra cocina está centrada en preparaciones que entreguen la energía necesaria para salir a explorar, pero que te conecten con el territorio a través del calor. Platos como la plateada o el garrón de cordero nos definen; son proteínas que no se preparan en dos o tres horas, sino en más de seis. Ese fuego lento que te abraza es lo que nos caracteriza: lo local, bien hecho y sin urgencias», explica el chef Alberto González. Bajo esa filosofía dejaron de abastecerse en Puerto Varas y actualmente fabrican toda su panadería, bollería y pastelería, logrando resultados superiores y una rotación que permite que cada desayuno sea una experiencia distinta, elaborada desde las cinco de la mañana para cuando los primeros exploradores deciden bajar al muelle.

“Justo en la unión del lago con el río, se emplaza el restaurante, una construcción más alta que se asoma para enfrentar el lago y destaca para convocar al viajero. Un refugio que toma la forma de Casa A, abriendo las vistas a los morros más altos en busca de luz y cerrando las aguas laterales para proteger de los vientos más fríos y lluviosos que entran por el valle y desde el lago”. señala la arquitecta Antonia Pellegrini.

Por deslumbrantes que sean los paisajes y la arquitectura, un proyecto de este tipo no se sostiene sin hospitalidad. Tawa ha invertido con fuerza en ese ítem: su gerente –Gonzalo Droppelmann– acumuló 11 años de experiencia en la cadena Explora y lideró su icónico hotel de Rapa Nui. Por su parte, Thaís HidalgoSupervisora de Experiencia– pulió sus habilidades en Explora Valle Sagrado, en Perú, y –junto al Jefe de servicios al viajero, Iván Espinoza– se encarga de facilitar todos los aspectos de la estadía. “Prácticamente hay un trabajador por cada huésped, permitiendo que el servicio sea tan personalizado que parece anticiparse al deseo. Es una hospitalidad de ‘ojo clínico’, pero de trato cercano, donde el equipo –desde la mucama hasta el personal de mantenimiento– es invitado a realizar las mismas excursiones que los pasajeros para que su recomendación nazca de la experiencia propia y no de un manual”, explica Gonzalo.

El primer encuentro con Cynthia Núñez suele ocurrir en el altillo o sala de briefing. Frente a un mapa de la zona, la jefa de exploraciones detalla los tramos de jeep, bote y trekking en experiencias como “Cuatro Lagos”, una aventura que comienza abordando un ferry a pocos metros del refugio y culmina en el hito que marca la frontera con Argentina, cruzando los lagos Tagua Tagua, Azul, Las Rocas e Inferior, con un vistazo la parte argentina del Puelo. Desde mi experiencia puedo agregar que no solo guía con seguridad, recomendando cómo afrontar senderos escarpados y troncos que actúan como puentes, sino que además reconoce el momento exacto para montar una mesa y servir una reconfortante crema caliente de champiñones. Recuerdo haber tomado dos tazones mirando el Azul desde un muelle de troncos, pensar y decir que fue la mejor que he probado en mi vida. La noche anterior habíamos definido con ella cuál sería el contenido de nuestras Tawa Boxes; en mi caso fue un una ciabatta con roast beef y vegetales, un brownie, una barra de chocolate y maní, una bolsa de frutos secos y un plátano. Nuevamente fue Cynthia quien sugirió que el almuerzo fuera en un bote atravesando uno de los lagos y acompañado de un distinguido carmenere.

“Cada refugio tiene dos camas allí, lo que nos permite abrirnos a las familias, aunque ocurre frecuentemente que parejas de aventureros ocupan la habitación por días sin notar que arriba existían esas camas”, explica Gonzalo Droppelmann, gerente de Tawa.

Tawa se propone ser el mejor hotel de exploraciones de Chile y entiende que, para lograrlo, debe actuar como articulador del territorio. “Tenemos nuestros kayaks y nuestra guía experta, pero para las experiencias que requieren un conocimiento profundo del valle, trabajamos con una red de expertos locales que estaban aquí mucho antes que nosotros. Tawa no tiene ni un bote, ni un solo caballo propio; hemos construido lazos de confianza y exclusividad con boteros como Benedicto ‘Cololo’ Ojeda, o con los arrieros que lideran las cabalgatas, que nos permiten ofrecer sus servicios con propiedad. Nuestro trabajo más potente ha sido armar esa red para que el Valle del Puelo sea, realmente, el patio de juegos de nuestros viajeros, explica su gerente.

POR Y PARA AVENTUREROS

El randonnée es un deporte de montaña que combina senderismo y esquí. Hace cinco años, un día de septiembre, Martín Gildemesieter y Camila Vial lo practicaban ayudándose de fijaciones que liberan los talones y pieles sintéticas (que solían ser de foca) para ascender el Volcán Osorno sin andariveles. En la cima, Martín aprovechó el escenario para pedir matrimonio a Camila y, tras el “sí”, bajaron esquiando sobre nieve virgen.

“Tawa y todo su concepto nacen en 2020 del espíritu aventurero. Estar afuera es parte de nuestro ADN, nos define como individuos, como familia, y es lo que hoy enseñamos a nuestros hijos. Por mi lado, vengo del mundo del montañismo y todo lo relacionado con él: conocer culturas, geografías, flora y fauna a través del deporte, ya sea bicicleta, kayak de travesía o esquí. Camila, por su parte, es una gran escaladora y también la mueve mucho el contacto con lugares inexplorados», explica Martín, para introducir a continuación una idea que dialoga con mi sensación de lo sublime. “Se dice que ‘las montañas son en Chile como las catedrales en Europa’ y tiene mucho sentido. El hotel-refugio sigue ese concepto: lo espectacular está afuera, pero es necesario tener un espacio que te reciba, te cobije y te refugie de manera natural y familiar, entendiendo siempre que la magia ocurre allá afuera».

Tawa se propone ser el mejor hotel de exploraciones de Chile y entiende que, para lograrlo, debe actuar como articulador del territorio. “Tenemos nuestros kayaks y nuestra guía experta, pero para las experiencias que requieren un conocimiento profundo del valle, trabajamos con una red de expertos locales que estaban aquí mucho antes que nosotros…”. Gonzalo Droppelmann.

Martín agrega que, sin experiencia previa en el mundo hotelero, la apuesta fue fuerte y tenía muchos supuestos en su plan de negocios. “La etapa de construcción la lideró Camila; ella fue, literalmente, la constructora con las botas metidas en el barro, al mando de una cuadrilla de maestros sureños muy talentosos que necesitaban un liderazgo claro. Trabajó codo a codo con la arquitecta, Antonia Pellegrini, que es su prima. Yo me metí más tarde a armar la operación y el concepto. Aplicamos un criterio básico: tratar al viajero como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Básicamente, estás invitando a gente a tu casa«.

Martín y Camila han asumido como misión que todos –ya sean deportistas expertos o gente recién introduciéndose al outdoor– salgan con la sensación de haber descubierto algo. “Caminar, remar o cabalgar por los senderos del Puelo genera ese sentimiento de hacer algo por primera vez; esa sensación de estar vivo que te da el salir de la rutina y llegar a un objetivo que te quita las palabras de la boca. Para lograr eso, invertimos mucho tiempo en generar experiencias y rutas que sorprendan, con un equipo de guías que son, ante todo, anfitriones. Son personas cercanas con las que vas a querer conversar y compartir una copa de vino al final del día».

La Patagonia Norte, ese territorio que nace en la ribera sur del Lago Todos los Santos y el Río Petrohué, donde se acaba el valle intermedio y aparece el primer fiordo –el Estuario del Reloncaví–, es el lugar prístino y perfecto para llevar a cabo esa misión. Un territorio intrincado, vertical y verde, que Tawa logra domesticar lo justo para permitirnos contemplarlo con seguridad, comodidad y la certeza de que, allá afuera, la naturaleza sigue siendo majestuosamente inabarcable.

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