Nayara Alto Atacama: Una aventura de lujo

Nayara Alto Atacama: Una aventura de lujo

El lujo no se define igual en todas partes. En San Pedro de Atacama es tener todas las comodidades imaginables y un servicio extraordinario en medio del desierto más árido y alto del mundo. Es contar con un lugar para descansar, relajarse y comer con los más altos estándares de calidad, en el tiempo que transcurre entre grandes aventuras por una infinidad de atracciones naturales y culturales únicas. Eso es lo que entrega Nayara Alto Atacama, con vocación de resort y enfoque sustentable reconocidos por colecciones de experiencias de lujo, medios especializados y viajeros de todo el mundo.

Los turistas decidían qué almorzar en los restaurantes o escogían souvenirs en las tiendas de Caracoles, la calle principal, cuando percusiones, vientos, cantos y algunas cuerdas se impusieron sobre la diversidad de lenguas y acentos. Todo el mundo salió a ver a las agrupaciones y comparsas que, a través de sus vestuarios y movimientos, parecían contar historias, a la vez que se desplazaban por calles de tierra sumando seguidores. Cientos de hombres y mujeres de todas la edades, desde niños hasta ancianos, vistiendo indumentarias coloridas y brillantes, confeccionadas con esmero evidente; algunos agitándose enérgicamente dentro del pintoresco disfraz del Torito de Séquitor (uno de los bailes propios de la zona), otros llevando solemnemente en hombros las imágenes de San Pedro y la Virgen, no solo contagiaban su ritmo y fervor, llenando de emoción a quienes mirábamos desde las veredas; probaban además que en San Pedro de Atacama las tradiciones sincréticas están vivas, que existe la voluntad de proteger las variadas formas de patrimonio que lo hacen único.

La fiesta  del santo patrono –cada 29 de junio– es una muestra extraordinaria e inmersiva de la identidad de esta localidad y su herencia Lickan-antay (‘los habitantes del territorio’ en lengua kunza), pero sus 23.439 km2 y sus casi 5 mil habitantes –25,6% de los cuales trabaja en alguna forma de alojamiento, 17,4% en comercio al por menor, 8,6% en restaurantes y bares, y 6,34% en transporte ligado al turismo– aguardan preparados para ofrecer experiencias únicas e inolvidables durante todo el año a cerca de 100 mil chilenos y alrededor de 35 mil turistas extranjeros. Al menos esas fueron las cifras de 2024, acercándose cada vez más a las que se observaban antes de la pandemia.

El atractivo actual de San Pedro no se explica sin mirar a su pasado más remoto, a su formación geológica y cultural. Durante la última glaciación, hace 11 mil años, bruscos aumentos de temperatura redujeron los lagos formando salares. Los ríos esculpieron quebradas, exponiendo diferentes capas minerales y sus cauces dieron origen a pequeños oasis, donde crecieron algarrobos y chañares. Los primeros cazadores bajaron de la alta puna cuando el clima se estabilizó y encontraron plantas y animales para su supervivencia. Posteriormente formaron asentamientos y comenzaron a pastorear llamas y guanacos, a desarrollar productos básicos como lanas, pinturas, maderas, hierbas medicinales, alucinógenos y cerámicas. Así surge la cultura Lickan-antay, que fue influenciada por los imperios Tiwanaku (Bolivia) e Inca (Perú). Esquivemos la conquista española, periodo en que sus habitantes originales tuvieron que abrazar el sincretismo para conservar expresiones como las que vemos en sus fiestas, y hagamos fast forward a 1980, al momento en que se separa administrativamente de Calama. A mediados de esa década florecen las primeras propuestas turísticas.

Revestimientos de adobe mantienen frescos los interiores, mientras que la iluminación LED y los termopaneles optimizan el uso de energía. Además, cuenta con una avanzada planta de tratamiento de agua que permite reutilizarla en el riego de sus jardines.

Gente como Francisca Echeverría o Tatane Durán –pionera gastronómica en San Pedro, fundadora de restaurantes como Adobe, la primera; artesana ceramista reconocida con el sello de excelencia de la Unesco, la segunda– cuentan que a su llegada a la localidad ya tenía fama de capital arqueológica, pero el turismo estaba en pañales. Ese desafío las trajo a ambas desde Santiago, así como a otros visionarios que se dieron cuenta: la geología y la naturaleza ya habían construido el escenario, había que generar las condiciones para que más gente viniera a montar sus historias y aventuras en este oasis y sus desérticos alrededores.

ACORDE A SU ENTORNO

“Mientras otros hoteles de aventura chilenos apuestan por grandes gestos arquitectónicos, el lodge de terracota de Nayara Alto Atacama fue diseñado para fundirse a la perfección con el entorno que lo rodea. Y cuando ese entorno es la belleza de otro mundo de la Cordillera de la Sal, sus rojas y escarpadas montañas en el desierto de Atacama, el resultado, aunque sutil, es uno de los hoteles visualmente más impactantes del planeta”. Son palabras de la Guía Michelin con las que cualquier pasajero de Nayara Alto Atacama suscribiría.

Hace más de 70 años, el empresario alemán Guillermo Schiess fundó Tánica, un grupo que hoy tiene inversiones en los sectores inmobiliario, hotelero y turístico, entre otros. La familia que Schiess formó en Chile inició el proyecto de Alto Atacama en 2010 y lo opera eficientemente hasta la actualidad. En 2020, a través de una alianza comercial, entra en escena la cadena hotelera de lujo Nayara, destacada por su enfoque en experiencias ‘enraizadas en la naturaleza, moldeadas por cultura local y definidas por la conexión’; que antes de llegar a Chile, fuera de Costa Rica, solo tenía presencia en Panamá. Nayara aporta su marca, su portafolio de pasajeros, su manejo en marketing y ventas, y sus membresías en Leading Hotels of the World –representante de 400 hoteles de lujo en 80 países– y Virtuoso. Desde la gerencia indican que, si los estándares del hotel ya eran de excelencia, hubo que elevarlos aún más para satisfacer a los pasajeros que cautiva la marca Nayara, habituados al servicio de cinco estrellas, la mayoría proveniente de EE.UU. y Europa.

Si el inicio de la reseña en la web de la Guía Michelin no es suficiente, hay otra prueba irrefutable del altísimo nivel que se reconoce internacionalmente a Nayara Alto Atacama: cuando una de las estrellas de la música pop más afamadas de la actualidad, que llena arenas en todo el mundo y colecciona Grammys, Brit Awards y otros premios, necesita dormir en San Pedro de Atacama, lo hace en una de sus 42 habitaciones. Durante las 48 horas que pasó Dua Lipa en la provincia de El Loa, en enero de ese año, no solo grabó imágenes para una campaña de Saint Laurent en desértico paraje de Vallecito, además ocupó una de las seis piscinas del hotel y pidió bebidas al bar exterior que les da servicio. Lo que puede parecer una frivolidad es en realidad una muestra de las ventajas que lo hacen resaltar dentro de la categoría de lujo en la zona: a 3km del pueblo de San Pedro ofrece más tranquilidad y privacidad y, si bien la decoración es sobria, cada habitación cuenta con todas las comodidades y amenidades imaginables, las que asombran genuinamente cuando uno se detiene a pensar que está en medio del desierto más árido y alto del mundo. Vistas impactantes desde terrazas privadas, detalles como chocolates y una botella de espumante, todos los pasajeros recibimos un tratamiento, sino igual, muy similar al de Dua Lipa.

“Mientras otros hoteles de aventura chilenos apuestan por grandes gestos arquitectónicos, el lodge de terracota de Nayara Alto Atacama fue diseñado para fundirse a la perfección con el entorno que lo rodea…”, palabras de la Guía Michelin.

Aún dentro de las instalaciones y el extenso terreno que cubren, hay que destacar el impecable trabajo de paisajismo en sus jardines y senderos, en torno a las piscinas, el bar, el jacuzzi y el spa. El uso ornamental de especies autóctonas como el cachiyuyo y distintos tipos de cactus, así como la presencia de tres adorables llamas, complementan la arquitectura y contribuyen a la sensación de que no es ajena al lugar en que se emplaza. En términos de servicio, la calidad se aprecia desde la recepción, donde siempre hay al menos tres personas con la habilidad de recordar los nombres de los pasajeros y tener siempre una sonrisa y una solución, siempre. Se manifiesta así la “cultura de servicio” que la administración busca instaurar entre sus trabajadores: una actitud natural que, sin ser invasiva ni impostada, frecuentemente se adelanta al pasajero en detectar sus necesidades para satisfacerlas con gusto. Hablamos de copas que se rellenan constantemente, de una servilleta nueva que llega antes de que uno recoja la que dejó caer, de una mesa lateral extra para dejar dispositivos que estorban. A un costado de la recepción, el bar funciona hasta la 23:00 con la guía y destreza de bartenders experimentados. Un espresso martini, un pisco sour con rica-rica, o un negroni: saben perfectamente qué sugerir para el cansancio tras una expedición, para después almuerzo o para terminar la cena. También cuentan con una carta de coctelería de autor con ingredientes de la zona y una serie de platos simples, pero bien elaborados.

JORGE DÍAZ | chef ejecutivo Nayara Alto Atacama

El chef Jorge Díaz llegó en plena temporada alta, hace cinco meses, cuando 90 pasajeros tenían el hotel en su máxima capacidad de ocupación. No era aconsejable hacer cambios abruptos y fue introduciendo sus maneras y liderazgo con mucho tacto dentro de la cocina y entre sus 16 trabajadores. “Yo era muy afrancesado, me gustaba mucho el confit y el magret. Pero ahora mi sello es otro. Cuando me fui al sur me encontré con una despensa que no conocía y me propuse explotarla al máximo. Vengo a hacer lo mismo con los alimentos nativos del norte”, explica Jorge, quien, tras varios años a la cabeza en el hotel Awa, se declara santiaguino y adoptado por Puerto Varas. Uno de los proyectos que más lo entusiasman es tener una huerta, que además de proveer vegetales y frutas propias, principalmente atacameñas, les permitirá hacer uso de los desechos orgánicos. Además, ya estableció contactos en las zonas de Socaire y Toconao, donde pequeños agricultores podrían beneficiarse al aumentar sus producciones bajo el compromiso de que el hotel las demande permanentemente.

San Pedro de Atacama es reconocido mundialmente como uno de los mejores lugares para la observación astronómica debido a su altitud, baja humedad y mínima contaminación lumínica. Nayara Alto Atacama contribuye reduciendo al mínimo su iluminación nocturna.

En el futuro, una carta íntegramente elaborada por Jorge podría incluir entradas como dos porciones de pulpo cocinado en sous-vide, una fría con semillas y otra frita con maicena, sobre un helado de maracuyá fresca con merquén y una cevichada de frutillas, con aceite de perejil y cachiyuyo (la misma planta norteña con que el hotel delimita los jardines y terrazas); o un fondo de congrio cocinado al vapor, sobre mote con salsa huancaina, junto a una chalaquita de pimientos rojos y amarillos, vinagre y azúcar. Eso es solo parte de los platos que adelantó para esta nota.

OTRO MUNDO

La Guía Michelin usa acertadamente la palabra ‘otherworldly’ para describir el paisaje de la Cordillera de la sal, lugar en que se inserta Nayara Alto Atacama. Literalmente significa ‘de otro mundo’, pero además tiene la connotación de algo alejado de lo mundano y ordinario. Esa es la cualidad de los variados parajes que se pueden visitar en formato excursión y, probablemente, es por eso por lo que vienen a la mente las superficies de planetas vecinos y diversas ficciones. Algunas formaciones rocosas salpicadas de cristales de yeso recuerdan el hábitat de los Fremen, el pueblo nómada que habita el planeta Arrakis en Dune, pero sobre todo pensé en “Crónicas Marcianas” de Ray Bradbury:  un clásico de la ciencia ficción, que además es una poética alegoría de los procesos de colonización y la incapacidad de la raza humana para instalarse respetuosamente en un nuevo territorio.

Los habitantes de la zona tienen prioridad cuando se requiere personal, la empresa incluso entrega becas para que algunos se formen en turismo.

“Todas las montañas tenían nombres. Les daremos nuevos nombres, pero los antiguos siguen ahí, en algún lugar del tiempo…” decía uno de los astronautas en el libro de Bradbury. Afortunadamente en San Pedro muchos de los nombres antiguos se conservan. Guías expertos –frecuentemente atacameños– llaman Valle de Ckamur o Vallecito a una porción de la Cordillera de la Sal muy similar al Valle de la Luna, pero menos concurrido –razón por la cual fue escogida como locación para el comercial de Dua Lipa–, que se recorre a paso tranquilo para terminar disfrutando la puesta del sol bajo el único algarrobo de cierta altura que interrumpe el horizonte. Una mesa con vinos, quesos y charcutería aporta el toque de hospitalidad premium que caracteriza todos los tours que diseña Nayara Alto Atacama.

Para ver a los flamencos escudriñar los fondos del Salar de Atacama con su danza; para recorrer los senderos y colinas del Valle del Arcoíris, donde diversos minerales forman paletas de colores surreales, y otras experiencias en zonas más alejadas, el hotel dispone traslados seguros y cómodos. Aventuras como La Garganta del Diablo en bicicleta parten desde el hotel, y aunque demandan bastante físicamente, recompensan de sobra con vistas y una sensación de euforia, especialmente en los tramos de descenso.

Habitaciones amplias, con terrazas privadas, piscinas, jardines, llama, spa, bares, un restaurante y hasta un observatorio, Nayara Alto Atacama ofrece la mejor calidad hotelera para disfrutar lo que, ellos entienden, es el auténtico lujo, lo que nos trae a todos, las condiciones singulares e irrepetibles de San Pedro.

Nayara Alto Atacama

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