• Damián

    Damián Campos

    MBA.
    Ingeniero Civil Industrial.
    Socio Perspectiva Empresarial SpA.
    Consultor Estrategia y Negocios

ENERGÍA

La dirección es importante, pero no suficiente


Cuando el camino es largo no lograremos nada con conocer la meta sin tener las energías para alcanzarla.

Muchas veces nos encontramos con negocios que con mucho esfuerzo logran salvar el día, pagar los salarios, otros compromisos y lograr alguna ganancia.

Atrapado, este negocio quisiera derribar las murallas para poder ver con claridad el camino que lo llevará a la salida. El problema es que está dentro de un laberinto muy especial porque no tiene una única escapatoria ni se trata de encontrar un camino, sino de construirlo.

La necesidad de la estrategia

Para encontrar la salida lo primero que se requiere es tener lucidez respecto de lo que se desea, definir cómo será esa puerta que nos saque del laberinto y luego encontrar o desarrollar la manera de alcanzarla o construirla.

En una estrategia o plan de negocios se define un mejor futuro de forma concreta y nítida, con indicadores, metas claras y plazos definidos, tal que sea ambicioso pero alcanzable considerando los medios y las restricciones existentes.

Cuando el objetivo se visualiza con claridad y se comparte con todo el equipo comienzan a alinearse de manera natural las decisiones, acciones y el uso de los recursos con esa mirada de largo plazo, ahora se trabaja mirando la salida del laberinto y poco a poco se alza la vista por encima de las paredes del corto plazo.

La condición principal es definir los objetivos con claridad y querer alcanzarlos con mucha convicción. Cuando no sabemos bien lo que queremos, no lo vamos a encontrar.

Cuando la estrategia no es suficiente

Es muy bueno contar con un plan que defina los cursos de acción para los próximos años o meses, pero eso no es todo, porque una vez definido el destino y el camino a seguir, hay que recorrerlo, lo que significa desgaste y cansancio.

Es ahora cuando producto del agotamiento, comienzan las dudas y deseos de desistir, cambiar de rumbo o volver al anterior, errático pero conocido. Muchos buenos planes fracasan por no haber tenido la capacidad de perseverar, lo que no es un problema de dirección, sino de energía.

Por lo tanto, antes de emprender el viaje, es necesario tener claridad del destino, del camino, contar con los recursos para transitarlo y también con el entusiasmo y motivación compartidas con todo el equipo para soportar un recorrido agotador y desafiante.

¿Cuál es esa energía que necesitamos? La acumulación de emociones positivas para todo el equipo de trabajo, de modo tal que se transfieran de manera natural a los clientes y así quieran regresar y volver con sus amigos.

Al final de cada día, a pesar del cansancio, necesitamos sentir que valió la pena el esfuerzo, el balance al interior de cada uno debe ser que lo bueno superó largamente a todas las vicisitudes desagradables, las flores deben ser muchas más que la maleza y las frutas más que las espinas.

Solo un equipo altamente motivado podrá desarrollar un trabajo exigente y de excelencia, porque es necesaria mucha energía emocional para estar todo el día con buena actitud de cara al cliente y se requiere un lugar para recargar baterías, lo que es posible con un clima positivo y liderazgo inspirador, que desarrolle a las personas para convertirlas en la mejor versión de ellas mismas para el negocio, pero también frente a la vida.

Gestor de emociones

Vemos muchos gerentes que no salen de sus oficinas ni de sus planillas, gestionando todos los recursos de manera muy prolija, mejor dicho, casi todos los recursos. Porque hay un activo que no podemos olvidar, que es el clima interno del equipo de trabajo, su cohesión, el sentido de un destino común y la motivación para alcanzarlo.

El clima interno de un equipo es un recurso estratégico, que permitirá superar cualquier obstáculo y alcanzar rendimientos que parecían imposibles. El líder tiene el desafío de desarrollar esta variable, invertir y exigir rentabilidad, tal y cual como lo hace con los demás activos.

El trabajo lo realizan las personas y a ellas las mueve su mundo interior, si gestionamos sus emociones, entonces estaremos actuando sobre las causas de la excelencia, que son los afectos y vínculos con el equipo y el trabajo.

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