Desde el avión, el paisaje se impone con cordones montañosos, glaciares y el azul profundo del mar patagónico. Apenas aterrizamos en el aeropuerto Teniente Julio Gallardo, la sensación es clara: aquí la naturaleza dicta el pulso.
Nos esperaba el Hotel Costaustralis, con su arquitectura icónica frente al Fiordo Última Esperanza. Sus ventanales se abren como un cuadro vivo hacia los cerros nevados, ofreciendo hospitalidad y confort en pleno corazón de Puerto Natales.
Durante tres intensas jornadas, la ciudad vibró con Sabores Natalinos 2025, un encuentro que combinó formación, competencia y proyección. La mentoría en desposte y charcutería de salmón, liderada por el chef Felipe Fajardo (INACAP Santiago), marcó un hito formativo: “El salmón debe entenderse como un animal completo, con cortes que, al igual que en el vacuno, permiten múltiples usos y sabores. Ahí está la riqueza de trabajar con precisión”, comentó el chef, resaltando la importancia de transmitir conocimiento a profesionales de la región.
El torneo gastronómico por equipos, corazón del evento, tuvo al salmón como protagonista. El primer lugar recayó en el equipo compuesto por Carlos Azúa, Sergio
Matus, Marcia Maldonado y José Barrientos, quienes sorprendieron al jurado con dos preparaciones. Una de ellas, “Raíces del Fiordo Última Esperanza”…
Un fondo de salmón trabajado con calafate en ceniza y salsa, acompañado de un puré cremoso de vegetales locales (papa, zanahoria y pimiento amarillo). Todo, resaltado con sal de mar del mismo fruto y una atrevida longaniza bañada en chupín de centolla. La creatividad alcanzó incluso la cura del salmón con yerba mate, un guiño cultural a una costumbre cotidiana de la Patagonia.
Durante tres intensas jornadas, la ciudad vibró con Sabores Natalinos 2025, un encuentro que combinó formación, competencia y proyección. La mentoría en desposte y charcutería de salmón, liderada por el chef Felipe Fajardo (INACAP Santiago), marcó un hito formativo.
Más allá del triunfo, la versatilidad brilló entre los demás equipos: tiraditos, canelones, guisos, caldos. Un mosaico de sabores que demostró el potencial de la cocina austral.
INDUSTRIA QUE EMPUJA Y ABRE CAMINO
AquaChile y su ya importante presencia en Magallanes ha sido un motor clave en este proceso. Su apoyo a Sabores Natalinos no se limita al patrocinio: se trata de un acompañamiento constante junto a la Cámara de Turismo de Última Esperanza, generando instancias formativas, visibilizando la versatilidad del salmón y profesionalizando la gastronomía local.
Tal como señaló Brenda Vera, gerente regional de AquaChile: “El salmón es un producto con infinitas posibilidades y en Natales encontramos un escenario privilegiado para mostrarlo en toda su dimensión, vinculándonos también con la comunidad”.
La proyección va más allá de la región. Durante el encuentro se confirmó la participación de Berberis –productos de calafate para múltiples usos culinarios– en la próxima edición de Espacio Food Service, la feria de alimentación más importante del país.
Allí, la cocina natalina sumará visibilidad y nuevas redes. “Lo que está ocurriendo en Natales es único. Su gastronomía ha logrado construir un relato propio y con proyección internacional”, destacó Andrés Ilabaca, director comercial de la feria internacional.
PUERTO NATALES, CAPITAL CULINARIA
Este impulso se enmarca en un logro mayor: Puerto Natales fue recientemente reconocida con la certificación Capital Gastronómica Internacional en el Fin del Mundo, cristalizando años de esfuerzo colectivo. Cocineros, emprendedores, productores e instituciones comprendieron que la gastronomía podía ser tan estratégica como el turismo de naturaleza.
Este título celebra la calidad de la cocina natalina, pero a la vez plantea el desafío de sostenerla; con el cordero magallánico, la centolla, el guanaco, el calafate, el ruibarbo, la zarzaparrilla, la merluza austral y el mismo salmón como símbolos de identidad.
“Aquí la gastronomía se vive con coraje y convicción. Nuestros emprendedores han sabido salir de la comodidad para responder al aumento de viajeros que llegan atraídos por Torres del Paine, manteniendo vivas las tradiciones y poniendo en valor los productos locales”, subrayó Adriana Aguilar, gerente de la Cámara de Turismo de Última Esperanza.
El torneo gastronómico por equipos, corazón del evento, tuvo al salmón como protagonista. El primer lugar recayó en el equipo compuesto por Carlos Azúa, Sergio Matus, Marcia Maldonado y José Barrientos, quienes sorprendieron al jurado con dos preparaciones. Una de ellas, “Raíces del Fiordo Última Esperanza”…
VOCES Y PROPUESTAS LOCALES
La esencia de este lugar en el extremo sur de Chile se descubre mejor en los rincones de su propia gente. Visitamos seis proyectos que reflejan autenticidad, esfuerzo y una relación íntima con el territorio.
Ahumados Wimmer: oficio y memoria en el Fiordo Última Esperanza
En su casa-taller, con mate en mano y una boina que parece parte de su piel, Javier Wimmer nos recibió frente a la postal del fiordo. Entre cuchillos restaurados y laminadoras centenarias, relató cómo cada pieza rescatada es también un acto de memoria. Su propuesta gastronómica se expresa en productos únicos: gravlax de salmón, pastrami de guanaco y kassler de cordero, ejemplos de cómo la charcutería puede ser un puente entre tradición e innovación.
Berberis: mujeres que transforman el calafate en relato.
En el Pueblo Artesanal Ether Aiken, tres mujeres –Cecilia Medrano, Cecilia Crisóstomo y Ana Millar– trabajan el calafate con la marca Berberis Patagonia, emprendimiento que convierte este producto natural en syrups y polvos que nutren la gastronomía local. Rodeadas de frascos violetas, contaron cómo su trabajo se conecta con mujeres recolectoras que desafían el viento patagónico. “Nuestra cadena productiva es femenina y justa; mantenemos viva y enaltecemos una tradición ancestral”, enfatizaron.
La Tapera: el fuego que reúne.
En un galpón de alma patagónica, la chef Andrea Jorquera –oriunda de San Fernando– mostró la esencia de este restaurant. Carnes a la parrilla, pastas frescas y recetas con productos de la zona. El tomahawk con papas bravas y ensalada Don Pepe (peras caramelizadas, nueces garrapiñadas y vinagreta de calafate) son ejemplo de aquello. “Sueño con dar un vuelco hacia una carta que dialogue aún más con el territorio”, apuntó.
Mesita Grande: tradición que cruza generaciones
Con 20 años de historia, Mesita Grande es hoy un paso obligado para visitantes y locales. Bajo el aroma a pizza recién salida del horno, Natalia Toledo recordó cómo el restaurante se consolidó como referente en la ciudad. La chef Marcia Maldonado, parte del equipo fundador, conserva intactas las recetas originales, transmitiendo un legado que combina masa italiana y productos australes como guanaco, centolla y salmón.
AquaChile y su ya importante presencia en Magallanes ha sido un motor clave en este proceso. Su apoyo a Sabores Natalinos no se limita al patrocinio: se trata de un acompañamiento constante junto a la Cámara de Turismo de Última Esperanza.
Alveoli Bakery: pan y comunidad
En Alveoli, el crujir del pan de masa madre se mezcla con la calidez del espacio atrás del taller; un espacio con la madera como elemento central, juegos de mesa, y hasta un ciruelo que atraviesa el techo. Gustavo Rivera y Joselyn Peña contaron cómo un emprendimiento nacido en bicicleta, vendiendo hogazas en la calle –contra viento y nieve en este caso–, se transformó en una panadería de referencia. Hoy, además de panes, bollería artesanal, y una extraordinaria carta de sánguches y pizzas, lideran Alveoli Serrano en Torres del Paine; que mantiene la esencia de comunidad que los vio nacer.
Carneros: la tradición en llamas
Aquí, la parrilla abierta –visible desde la calle– es un espectáculo. Fernando Luksic, oriundo de Tierra del Fuego, revive la memoria de su infancia en estancias: el cordero al palo como rito familiar. Su propuesta suma productos del mar, charcutería y un guiño innovador: empanadas fritas de maucho, un molusco pequeño y sabroso, auténtico de estas aguas australes. “Lo importante es que sigamos reuniéndonos, cocineros y emprendedores, porque ahí está la fuerza de nuestra gastronomía”, señaló, quien la misma comunidad cataloga como uno de los principales promotores de la escena en la región.
Al despedirnos, Adriana Aguilar de la Cámara de Turismo Última Esperanza nos acompañó personalmente al aeropuerto. Mientras unos cóndores sobrevolaban también para despedirnos con broche de oro, entendimos que Puerto Natales es más que un destino, es esperanza pura. Un lugar donde la cocina alimenta, une, educa y proyecta al mundo la riqueza de un territorio sublime al fin del continente.























