Chef Aníbal Ramírez, Sheraton Bariloche Hotel & Spa: El arte de la brasa en Brazarte, el corazón de Bariloche

Chef Aníbal Ramírez, Sheraton Bariloche Hotel & Spa: El arte de la brasa en Brazarte, el corazón de Bariloche

En el Sheraton Bariloche, en plena provincia de Río Negro en Argentina, el chef Aníbal Ramírez lidera una cocina construida desde el oficio en Brazarte. Ocho años de formación hotelera, fuego como técnica y una propuesta que dialoga con la Patagonia desde la práctica cotidiana.

Aníbal Ramírez trabaja con el pulso de la montaña argentina. Afuera, Bariloche amanece con lluvia –“nos vino bien el agua”, dice, pensando en los incendios recientes que han azotado la zona de Chibut y Río Negro y adentro la cocina se ordena como un ritual que no apura a nadie.

En Brazarte, el restaurante del Sheraton Bariloche Hotel & Spa, el fuego no es un gesto escénico ni una pose estética: es método, tiempo y respeto. Trabajar con fuego es todo un ritual… es lento, lleva su paso a paso, dice, como si de sabiduría ancestral se tratase. Y, en cierto modo, lo es.

PAN TRANSPARENTE | tartar de hongos patagónicos, sobre taquito de ciprés de El Bolson

PATE A CHOUX CRAQUELINE | mousse de hongos

COLIFLOR ASADA | con mix de especias, hummus de remolachas

TRUCHA CURADA | tzatziki, arándanos, lechuga del minero

MOLLEJAS | humita

La historia del chef argentino de hoy treintaisiete años no empieza en una consagración ni en una brigada de nombres rimbombantes. Empieza en la cocina entendida como trabajo. A los 15 años, Ramírez fue bachero en una panchería de El Bolsón, a orillas del río Quemquemtreu. “Quería ganar unos pesos y agarrar experiencia”, recuerda. Lavó platos, peló papas, cortó carne, y se quedó más tiempo del que pedían porque le gustaba estar ahí. Ese aprendizaje corporal la cocina como lugar físico, como esfuerzo diario fue creciendo al mismo ritmo que su curiosidad.

En Brazarte, el restaurante del Sheraton Bariloche Hotel & Spa, el fuego no es un gesto escénico ni una pose estética: es método, tiempo y respeto. “Trabajar con fuego es todo un ritual… es lento, lleva su paso a paso”. Chef Aníbal Ramírez.

Cuando llegó el momento de elegir qué estudiar, la gastronomía apareció como una continuidad natural. Se formó en Córdoba y, en paralelo, nunca dejó de trabajar. “Siempre recomiendo estudiar y trabajar a la vez. El título ayuda, pero las horas reales de cocina te terminan de formar”, sentencia. Esa combinación temprana le dio una ventaja silenciosa: mientras otros conocían la cocina desde el aula, él ya la entendía desde el ritmo del servicio.

LOMO | papa hojaldrada, gastrique de frutos rojos y zanahoria galsé

BUDÍN CALIENTE DE CROISSANT | helado de dulce de leche casero

RISOTTO DE REMOLACHA | queso azul y cabutia asada

LA EXCELENCIA COMO CONSTANTE

La etapa decisiva llegó con ocho años en la cocina del Llao Llao Hotel & Resort, también en Bari. Ramírez no duda al definirla: “Para mí fue como una escuela. Aprendí muchísimo al lado de grandes cocineros”. Ocho años no como paso, sino como entendimiento, casi un mantra. Estándares altos sostenidos todos los días, trabajo en equipo, y concebir la excelencia como una línea constante. Esa lógica más ética que épica es la que hoy estructura su manera de trabajar.

Después vendría Córdoba otra vez, esta vez como chef ejecutivo en un hotel de las sierras, convocado por Maurizio Giovanini. La experiencia de inaugurar una cocina desde cero, de replicar recetas con precisión y de liderar equipos terminó de cerrar un recorrido que no se apuró. “No hay que saltearse pasos”, resume. “El camino es largo, pero cuando llegás entendés por qué era necesario”.

            Hoy, en el Sheraton Bariloche Hotel & Spa, esa formación se cruza con el paisaje. Brazarte no busca reproducir una tradición literal ni ofrecer una postal turística. La propuesta se apoya en el producto patagónico y en una lectura contemporánea de la región. “Me considero un defensor del pequeño productor”, dice Ramírez, y no lo plantea como consigna sino como práctica diaria.

BARILOCHE EN UN PLATO | tarta de chocolate al 70%, crocante de merengue y merkén; néctar de frambuesa y manzanillas, viruta de nogal. (foto: Chiwi Garmbirtone)

La propuesta se apoya en el producto patagónico y en una lectura contemporánea de la región. “Me considero un defensor del pequeño productor”, dice Ramírez, y no lo plantea como consigna sino como práctica diaria.

En la carta conviven cordero patagónico, trucha arcoíris, frutas finas, hongos de pino y morillas; ingredientes de Río Negro que llegan con nombre y origen, porque al chef le importa que el comensal sepa de dónde viene lo que está comiendo.

PLATOS DE ORO

            Hay platos que condensan esa idea de territorio trabajado, no declamado. El cordero patagónico asado al escupitajo, preparado a la vista, es uno de ellos: cuatro horas de cocción, buena madera, salmuera de la casa y chimichurri ahumado. Tiempo y paciencia.

            Otro es Cordillera Secreta, la creación con la que ganó el Plato de Oro en Bariloche a la Carta 2025: cordero relleno con langostinos y morillas. “La idea es unir toda la provincia: la morilla de la montaña, el cordero de la estepa y el langostino del Golfo de San Matías”, explica, trazando un mapa comestible que va de la cordillera al mar de Argentina.

UNTUOSO DE TRUCHA ARCOÍRIS | aguachile de hierbas locales. (foto: Chiwi Garmbirtone)

CORDILLERA SECRETA | Gigot de cordero, morillas, langostinos, panacota de queso azul, cous cous tostado, espuma de ciprés (Plato ganador de Oro Bariloche a la carta 2025 – Ph: Chiwi Garmbirtone)

La cocina también aparece en el postre, donde ámbito se vuelve relato. Una masa sablé con hongo de pino, chocolate barilochense, corazón de peras y manzanas del Valle, tierra de nuez y merquén, crema cocida, frambuesas y manzanilla. Ganó el premio al mejor postre en 2024, pero más allá del reconocimiento confirmó algo más profundo: el público entendió el mensaje. “Es 100% rionegrino”, estampa orgulloso Ramírez, sin necesidad de subrayar.

En la carta conviven cordero patagónico, trucha arcoíris, frutas finas, hongos de pino y morillas; ingredientes de Río Negro que llegan con nombre y origen, porque al chef le importa que el comensal sepa de dónde viene lo que está comiendo.

EXPERIENCIA SINCRÓNICA

            El restaurante Brazarte dialoga con el Sheraton Bariloche como una experiencia integral, sincrónica, palpable. “Cuando vienen a Brazarte se van con una experiencia hermosa: platos patagónicos bien hechos y un gran servicio”, explica Ramírez. La gastronomía como hospitalidad extendida, como gesto que acompaña la estadía.

            El Sheraton Bariloche Hotel & Spa se levanta en pleno centro de la ciudad, a pocos pasos del lago Nahuel Huapi, con esa combinación poco frecuente entre vida urbana y paisaje abierto. Desde sus habitaciones –muchas con vista al agua o a las montañas–, Bariloche se despliega sin necesidad de moverse demasiado: el Centro Cívico, las calles comerciales y los puntos de partida hacia cerros y parques nacionales están ahí mismo.

El hotel propone una experiencia de confort contemporáneo que se completa con spa, piscina cubierta, gimnasio, espacios para eventos y una oferta gastronómica que articula restaurante, lobby bar y servicio continuo. Más que un refugio aislado, funciona como un punto de cruce: entre ciudad y naturaleza, entre descanso y movimiento, entre hospitalidad internacional y ritmo patagónico.

            Cocinar dentro de un hotel exige pensar más allá del plato. Desde hace dos años, Ramírez es chef ejecutivo y describe su día con precisión casi quirúrgica: cartas que cambian por estación, pedidos, stocks, horarios, eventos. Durante el servicio canta la comanda y emplata; “ningún plato pasa sin que yo lo vea”. Antes de abrir, hace un briefing con el salón; hojas de ruta por plaza; comunicación constante. La idea es simple y exigente a la vez: que el despacho fluya, que el estrés no gobierne. “El servicio es fundamental todos los días”, sostiene.

Otro es Cordillera Secreta, la creación con la que ganó el Plato de Oro en Bariloche a la Carta 2025: cordero relleno con langostinos y morillas. “La idea es unir toda la provincia: la morilla de la montaña, el cordero de la estepa y el langostino del Golfo de San Matías”, explica, trazando un mapa comestible que va de la cordillera al mar de Argentina.

Esa vocación por ordenar y transmitir se volvió explícita en la docencia. Ramírez da clases en el Instituto Superior Técnico de Bariloche y reconoce que el aula es otra cocina: “Uno sigue formando gente todo el tiempo”, apunta certero. Los premios llegaron en paralelo y sumaron respaldo. “Los alumnos te miran distinto; te preguntan cómo lo hiciste”, cuenta, sin correrse de un tono humilde que atraviesa toda su narración.

UN PUENTE AFECTIVO CON CHILE

Hay también un puente afectivo que cruza la cordillera. La invitación de Ramírez es directa, casi de anfitrión: a que el chileno cruce la cordillera, que pruebe el cordero, la trucha, que viva la experiencia completa. Incluso el chef proyecta cruces gastronómicos futuros: viajar a Chile a cocinar, fusionar productos y técnicas. “Ustedes son los mejores en ese sentido”, dice, y la frase no suena a cortesía, sino a alguien que entiende la cocina como ida y vuelta, como diálogo real entre fogones.

Y es que Ramírez habla de Chile desde un lugar personal, lejos del guiño protocolar. “Amo Chile, tengo muchos amigos allá, cada vez que puedo me escapo”, dice, y enumera sin impostación: Angelmó, Puerto Montt, el salmón, el ceviche, el marisco como pasión. “Soy fanático de los mariscos, cada vez que voy pido ceviche”, cuenta, y reconoce una admiración abierta por esa cocina. También hay gratitud: “Estoy muy agradecido de que Chile nos elija, es un público muy grande para Bariloche”.

            Lagos y playas del Nahuel Huapi, senderos, kayak, cabalgatas, cerros que se suben en aerosilla. El paisaje imponente está ahí, pero no necesita ser explicado. En la cocina, el fuego sigue encendido. En ese punto exacto entre la región y método, Aníbal Ramírez encuentra su lugar: cocinar todos los días, defender al productor pequeño, impartir sabiduría, dejar que el tiempo haga su trabajo. Respirar, sentir el paraje y cocinar con alma.

Sheraton Bariloche Hotel & Spa

Restaurante Brazarte

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