Chat Noir, Bistronomie: Una cocina francesa en clave de hotel

Chat Noir, Bistronomie: Una cocina francesa en clave de hotel

SOCIOS DE CHAT NOIR | Franck Dieudonné y Christophe Ferreira juntaron su vasta experiencia como chefs para crear un concepto de bistronomía contemporánea
El nuevo restaurante francés del Wyndham Santiago Pettra Hotel, marca el reencuentro en los fogones de Franck Dieudonné y Christophe Ferreira. Una propuesta de bistronomía contemporánea donde técnica, sala y memoria dialogan con el pulso de la hotelería.
Tras meses de marcha blanca, Chat Noir inauguró oficialmente su propuesta en Lo Barnechea; una cocina francesa refinada y cercana a la vez, liderada por Franck Dieudonné (Chef del Año en Chile 2009 y 2017, autor de las cocinas de Le Citron, Ópera Catedral y La Brasserie) y Christophe Ferreira (exdueño y creador de El Franchute del Barrio y de Chez Christophe). Bistronomía contemporánea, ritos de sala y una mesa pensada para quedarse. Desde mediados de septiembre, el restaurante operó en marcha blanca; afinando procesos, cocina y equipo antes de presentarse formalmente. Por eso, la noche inaugural tuvo más de encuentro que de lanzamiento: un ambiente de camaradería, con personas cercanas a los protagonistas, colaboradores y amigos que han acompañado el proceso desde sus primeros pasos.

MEZCLUM DE HOJAS VERDES | verduras & brotes con vinagre de frambuesa

RISOTTO CON MORILLA | y espárragos verdes

HUEVO TRUFADO | champiñón, tocino ahumado y perejil

RAVIOLE DE COLA DE BUEY & MÉDULA | servido con acelga

En su discurso de bienvenida, Franck agradeció la presencia de invitados del mundo gastronómico, corporativo, institucional y diplomático, y subrayó una idea clave. Chat Noir quiere ser una casa para compartir, celebrar y volver. Un restaurante, sí, pero también un espacio donde brille la premisa de compartir; piano bar, terrazas, salones y una sala pensada para la conversación.

Un lugar donde el ritmo del hotel no anule la experiencia de mesa, sino que la sostenga y le dé continuidad durante todo el día.

Chat Noir inauguró oficialmente su propuesta en Lo Barnechea; una cocina francesa refinada y cercana a la vez, liderada por Franck Dieudonné (Chef del Año en Chile 2009 y 2017, autor de las cocinas de Le Citron, Ópera Catedral y La Brasserie) y Christophe Ferreira (exdueño y creador de El Franchute del Barrio y de Chez Christophe).

DOS TRAYECTORIAS QUE CONFLUYEN

Chat Noir nace del cruce de dos recorridos distintos. Franck Dieudonné, con más de 40 años de trayectoria y una relación profunda con la hotelería –sus primeros ocho años de carrera se desarrollaron en ese mundo–, pensaba que su ciclo estaba cerrado. “Creía que había colgado la chaqueta”, reconoce. Sin embargo, el encuentro con Christophe Ferreira reactivó algo distinto. Un proyecto con sentido, donde la experiencia acumulada se pone al servicio de una cocina más serena, consciente y precisa.

Christophe, francés nacido en París y criado en Bretaña, economista de formación y referente de la cocina francesa en Chile, vuelve aquí a un formato diferente. “Volví por una búsqueda de sofisticación y refinamiento”, explica. “Quise dar un guiño a la tradición de la cocina de salón francesa de mantel blanco, pero sin perder mi raíz de cocina cotidiana en Chile”. Chat Noir le permite unir ambas capas.

MAGRET DE PATO | gástrica de limón verde, mousselina de arveja y perla de verduras de la temporada

PRENSADO DE FOIE GRAS MI-CUIT | compota de ají amarillo, chutney y brioche casera

CONEJO EN MECHADA | al estilo rossini con polenta frita

BISTRONOMÍA COMO PUNTO DE EQUILIBRIO

Desde el inicio, ambos coincidieron en el concepto: bistronomía contemporánea. No un bistró clásico ni un restaurante de alta gastronomía. “Queríamos algo un poco más gastronómico, pero sin irnos a la parafernalia”, señala Franck. Una cocina bien hecha, pensada, ejecutada con precisión, pero sin artificios innecesarios ni discursos grandilocuentes.

Christophe lo traduce desde la experiencia y la memoria. Una cocina francesa refinada y elegante, re-visitada por la bistronomía del siglo XXI. Técnica clásica, producto bien tratado y sabores reconocibles, pero trabajados con ligereza, estacionalidad y una lectura que conecta con Santiago y con el comensal actual. Cocinar, en este contexto, vuelve a ser una forma de cuidado, de atención y de hospitalidad consciente.

Desde el inicio, ambos coincidieron en el concepto: bistronomía contemporánea. No un bistró clásico ni un restaurante de alta gastronomía. “Queríamos algo un poco más gastronómico, pero sin irnos a la parafernalia”. Franck Dieudonné.

LA CARTA: TÉCNICA FRANCESA Y PRODUCTO LOCAL

La propuesta se expresa con claridad en la carta, confirmada por Franck como la base actual del proyecto. Entre las entrées destacan el prensado de foie gras mi-cuit con compota de ají amarillo y brioche casera, donde la técnica francesa dialoga con ingredientes locales; el pulpo provenzal con ratatouille y crocante de arroz; y el huevo trufado con champiñones y tocino ahumado, un plato reconfortante pensado desde la restauración.

EN LA BARRA DE CHAT NOIR | se fabrican las pócimas en coctelería del bartender Carlos Ramírez

TRUCHA MEUNIÈRE | cremoso de chilote y zanahoria glaseada

En los platos principales aparecen preparaciones como el lomo Angus a la bordelesa, con salsa de vino tinto y médula; el magret de pato con gástrica de limón verde y mousselina de arvejas; y la trucha meunière con cremoso de papa chilota y zanahoria glaseada, donde el producto chileno se integra con naturalidad a la técnica gala. El risotto con morilla y espárragos, y el conejo al estilo Rossini, completan una propuesta reconocible y fiel a su intención inicial.

“Sólo queremos que la gente diga: qué rico. Si eso pasa, el trabajo está hecho”, resumen.

AFINAR ANTES DE MOSTRAR

Los meses previos fueron decisivos. Para Christophe, la marcha blanca permitió ordenar equipo, procesos y posicionamiento. “Afinamos mise en place y tiempos de salida, simplificamos la carta para una ejecución impecable y fijamos métricas de servicio”, explica. El objetivo fue construir una operación ordenada y una propuesta nítida, tanto para el huésped del hotel como para el vecino de La Dehesa; entendiendo que ambos conviven en la misma sala, pero con expectativas distintas.

Ese trabajo silencioso hoy se percibe en una cocina más enfocada, una sala más fluida y una experiencia alineada con el contexto hotelero y territorial donde se inserta el restaurante.

Una cocina francesa refinada y elegante, re-visitada por la bistronomía del siglo XXI. Técnica clásica, producto bien tratado y sabores reconocibles, pero trabajados con ligereza, estacionalidad y una lectura que conecta con Santiago y con el comensal actual.

En ese sentido, Chat Noir no busca ser una excepción dentro del hotel, sino una extensión natural de su hospitalidad. Un espacio donde dicha cocina, sala y servicio, operan con el mismo estándar; permitiendo que el comensal local conviva con el huésped sin fricciones, compartiendo una experiencia coherente, cuidada y profundamente gastronómica.

SALA, RITOS Y MEMORIA

Durante la inauguración, los platos se presentaron en formato cóctel, acompañados por vinos seleccionados y una curatoría de cócteles. Hubo un gesto que sintetizó bien el espíritu de la ocasión: el hijo de Franck, joven, atendiendo mesas con total naturalidad. Un detalle sencillo y sumamente emotivo, que habla de oficio, transmisión y cocina entendida como vida compartida, más allá del plato.

A eso se suma un guiño que entusiasma… El retorno del carro de postres, con una crème brûlée terminada frente al comensal, por ejemplo. Los protagonistas lo vinculan al antiguo service à la russe: “trinchar, emplatar con calma, terminar platos en sala”. “Son ritos que devuelven protagonismo a la sala, generan diálogo y construyen memoria”, recalcan.

En ese sentido, Chat Noir no busca ser una excepción dentro del hotel, sino una extensión natural de su hospitalidad. Un espacio donde dicha cocina, sala y servicio, operan con el mismo estándar.

UNA COCINA QUE SE PROYECTA

El gato negro (Chat Noir), que da nombre al restaurante, opera como una imagen del viaje que ambos cocineros hicieron al llegar a Chile. El cruce desde las viejas capitales culinarias de Europa hacia una nación latinoamericana joven, diverso y en plena formación gastronómica.

Remite a la bohemia parisina de los años 20’ y, a la vez, a una carrera en Chile transitada por mercados, viñedos, caletas y barrios. Un camino al compás del manjar, del merkén, del maqui, de los piñones de araucaria, del cordero chilote, del milcao, de la marraqueta. Todos hoy integrados a su memoria culinaria.

Integrado al ritmo del hotel –desayunos, room service, eventos y servicio continuo– el restaurante asume la complejidad de la hotelería con organización y flexibilidad. La carta actual funciona como una base sólida, mientras el equipo ya anticipa nuevas incorporaciones que se irán sumando prontamente, siempre bajo la misma lógica: oficio, precisión y una mesa pensada para quedarse.

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