En su discurso de bienvenida, Franck agradeció la presencia de invitados del mundo gastronómico, corporativo, institucional y diplomático, y subrayó una idea clave. Chat Noir quiere ser una casa para compartir, celebrar y volver. Un restaurante, sí, pero también un espacio donde brille la premisa de compartir; piano bar, terrazas, salones y una sala pensada para la conversación.
Un lugar donde el ritmo del hotel no anule la experiencia de mesa, sino que la sostenga y le dé continuidad durante todo el día.
Chat Noir inauguró oficialmente su propuesta en Lo Barnechea; una cocina francesa refinada y cercana a la vez, liderada por Franck Dieudonné (Chef del Año en Chile 2009 y 2017, autor de las cocinas de Le Citron, Ópera Catedral y La Brasserie) y Christophe Ferreira (exdueño y creador de El Franchute del Barrio y de Chez Christophe).
DOS TRAYECTORIAS QUE CONFLUYEN
Chat Noir nace del cruce de dos recorridos distintos. Franck Dieudonné, con más de 40 años de trayectoria y una relación profunda con la hotelería –sus primeros ocho años de carrera se desarrollaron en ese mundo–, pensaba que su ciclo estaba cerrado. “Creía que había colgado la chaqueta”, reconoce. Sin embargo, el encuentro con Christophe Ferreira reactivó algo distinto. Un proyecto con sentido, donde la experiencia acumulada se pone al servicio de una cocina más serena, consciente y precisa.
Christophe, francés nacido en París y criado en Bretaña, economista de formación y referente de la cocina francesa en Chile, vuelve aquí a un formato diferente. “Volví por una búsqueda de sofisticación y refinamiento”, explica. “Quise dar un guiño a la tradición de la cocina de salón francesa de mantel blanco, pero sin perder mi raíz de cocina cotidiana en Chile”. Chat Noir le permite unir ambas capas.
BISTRONOMÍA COMO PUNTO DE EQUILIBRIO
Desde el inicio, ambos coincidieron en el concepto: bistronomía contemporánea. No un bistró clásico ni un restaurante de alta gastronomía. “Queríamos algo un poco más gastronómico, pero sin irnos a la parafernalia”, señala Franck. Una cocina bien hecha, pensada, ejecutada con precisión, pero sin artificios innecesarios ni discursos grandilocuentes.
Christophe lo traduce desde la experiencia y la memoria. Una cocina francesa refinada y elegante, re-visitada por la bistronomía del siglo XXI. Técnica clásica, producto bien tratado y sabores reconocibles, pero trabajados con ligereza, estacionalidad y una lectura que conecta con Santiago y con el comensal actual. Cocinar, en este contexto, vuelve a ser una forma de cuidado, de atención y de hospitalidad consciente.
Desde el inicio, ambos coincidieron en el concepto: bistronomía contemporánea. No un bistró clásico ni un restaurante de alta gastronomía. “Queríamos algo un poco más gastronómico, pero sin irnos a la parafernalia”. Franck Dieudonné.
LA CARTA: TÉCNICA FRANCESA Y PRODUCTO LOCAL
La propuesta se expresa con claridad en la carta, confirmada por Franck como la base actual del proyecto. Entre las entrées destacan el prensado de foie gras mi-cuit con compota de ají amarillo y brioche casera, donde la técnica francesa dialoga con ingredientes locales; el pulpo provenzal con ratatouille y crocante de arroz; y el huevo trufado con champiñones y tocino ahumado, un plato reconfortante pensado desde la restauración.
En los platos principales aparecen preparaciones como el lomo Angus a la bordelesa, con salsa de vino tinto y médula; el magret de pato con gástrica de limón verde y mousselina de arvejas; y la trucha meunière con cremoso de papa chilota y zanahoria glaseada, donde el producto chileno se integra con naturalidad a la técnica gala. El risotto con morilla y espárragos, y el conejo al estilo Rossini, completan una propuesta reconocible y fiel a su intención inicial.
“Sólo queremos que la gente diga: qué rico. Si eso pasa, el trabajo está hecho”, resumen.
AFINAR ANTES DE MOSTRAR
Los meses previos fueron decisivos. Para Christophe, la marcha blanca permitió ordenar equipo, procesos y posicionamiento. “Afinamos mise en place y tiempos de salida, simplificamos la carta para una ejecución impecable y fijamos métricas de servicio”, explica. El objetivo fue construir una operación ordenada y una propuesta nítida, tanto para el huésped del hotel como para el vecino de La Dehesa; entendiendo que ambos conviven en la misma sala, pero con expectativas distintas.
Ese trabajo silencioso hoy se percibe en una cocina más enfocada, una sala más fluida y una experiencia alineada con el contexto hotelero y territorial donde se inserta el restaurante.
Una cocina francesa refinada y elegante, re-visitada por la bistronomía del siglo XXI. Técnica clásica, producto bien tratado y sabores reconocibles, pero trabajados con ligereza, estacionalidad y una lectura que conecta con Santiago y con el comensal actual.
En ese sentido, Chat Noir no busca ser una excepción dentro del hotel, sino una extensión natural de su hospitalidad. Un espacio donde dicha cocina, sala y servicio, operan con el mismo estándar; permitiendo que el comensal local conviva con el huésped sin fricciones, compartiendo una experiencia coherente, cuidada y profundamente gastronómica.
SALA, RITOS Y MEMORIA
Durante la inauguración, los platos se presentaron en formato cóctel, acompañados por vinos seleccionados y una curatoría de cócteles. Hubo un gesto que sintetizó bien el espíritu de la ocasión: el hijo de Franck, joven, atendiendo mesas con total naturalidad. Un detalle sencillo y sumamente emotivo, que habla de oficio, transmisión y cocina entendida como vida compartida, más allá del plato.
A eso se suma un guiño que entusiasma… El retorno del carro de postres, con una crème brûlée terminada frente al comensal, por ejemplo. Los protagonistas lo vinculan al antiguo service à la russe: “trinchar, emplatar con calma, terminar platos en sala”. “Son ritos que devuelven protagonismo a la sala, generan diálogo y construyen memoria”, recalcan.
En ese sentido, Chat Noir no busca ser una excepción dentro del hotel, sino una extensión natural de su hospitalidad. Un espacio donde dicha cocina, sala y servicio, operan con el mismo estándar.
UNA COCINA QUE SE PROYECTA
El gato negro (Chat Noir), que da nombre al restaurante, opera como una imagen del viaje que ambos cocineros hicieron al llegar a Chile. El cruce desde las viejas capitales culinarias de Europa hacia una nación latinoamericana joven, diverso y en plena formación gastronómica.
Remite a la bohemia parisina de los años 20’ y, a la vez, a una carrera en Chile transitada por mercados, viñedos, caletas y barrios. Un camino al compás del manjar, del merkén, del maqui, de los piñones de araucaria, del cordero chilote, del milcao, de la marraqueta. Todos hoy integrados a su memoria culinaria.
Integrado al ritmo del hotel –desayunos, room service, eventos y servicio continuo– el restaurante asume la complejidad de la hotelería con organización y flexibilidad. La carta actual funciona como una base sólida, mientras el equipo ya anticipa nuevas incorporaciones que se irán sumando prontamente, siempre bajo la misma lógica: oficio, precisión y una mesa pensada para quedarse.
Chat Noir
- Comandante Malbec 12851, Lo Barnechea
- Reservas: +569 2739 2460
- Instagram (@chatnoir.bistronomie)
- Web: https://chatnoir.cl