En una ciudad donde abundan las hamburguesas, las pizzas o el sushi, encontrar un lugar donde la comida esté pensada para compartir puede ser una rareza. Tapera, el bar de tapas ubicado en 1 Poniente 563 en Viña del Mar, nació precisamente a partir de esa intuición: la idea de crear un espacio distinto, donde la experiencia no gire en torno a un plato individual sino al acto de sentarse a la mesa y compartir.
Detrás del proyecto está Javier Santis viñamarino de nacimiento, ingeniero industrial de profesión y viajero frecuente. Tapera es su primer emprendimiento gastronómico formal, aunque su vínculo con la cocina venía de antes, ligado más a la vida social que al oficio. Durante un tiempo organizó un pequeño proyecto de parrillas a domicilio junto a amigos. La idea era simple: hacerse cargo del asado en cumpleaños o reuniones para que el anfitrión pudiera disfrutar del encuentro en lugar de quedarse toda la noche frente a la parrilla.
TABLA CHARCUTERA | jamón serrano, bondiola, lomo curado, pastrami casero, queso mantecoso, queso de cabra, queso gruyere, aceituna negra, aceituna sevillana, frutas de estación
HAGAMOS UN ASADO, PERO HAGÁMOSLO ALTIRO
“Siempre terminábamos nosotros haciendo el asado en los cumpleaños”, recuerda. “Entonces dijimos: si nos gusta parrillar, hagámoslo nosotros y que el dueño de casa pueda disfrutar su propio evento”, ríe. Esa lógica –servir a los demás para que el resto lo pase bien– terminó transformándose en uno de los principios del bar.
Tapera, el bar de tapas ubicado en 1 Poniente 563 en Viña del Mar, nació precisamente a partir de esa intuición: la idea de crear un espacio distinto, donde la experiencia no gire en torno a un plato individual sino al acto de sentarse a la mesa y repartir.
La otra mitad del proyecto es su sobrino, el chef Jonathan Sandoval, quien lleva más de quince años trabajando en cocina. Formado en gastronomía, ha pasado por distintos proyectos antes de llegar a Tapera, entre ellos una pizzería en Pichilemu llamada Wonderland Pizza y una etapa como subchef en Cuarzo Lodge, también en la costa.
Su experiencia en cocina profesional contrasta con el recorrido más autodidacta de su tío Javier, quien había acumulado experiencia en hospitalidad fuera de Chile. Durante un tiempo vivió en Nueva Zelanda con una visa de working holiday, trabajando en distintos proyectos ligados al servicio en ciudades como Auckland y Queenstown.
Esa etapa le permitió conocer de cerca la dinámica de bares y restaurantes en contextos internacionales, y entender cómo el servicio –la forma en que se recibe al cliente, el ambiente del lugar, el ritmo de la atención– puede ser tan importante como la cocina. En España, Javier descubrió de cerca la cultura del tapeo: bares donde los platos llegan en pequeñas porciones, las mesas se llenan de cosas distintas y la conversación avanza al ritmo de lo que aparece desde la cocina.
PUNTO DE ENCUENTRO
Ambos coinciden en algo esencial: la comida como punto de encuentro. Reuniones familiares donde “siempre armábamos tablitas con lo que había en la casa”, se explaya Javier. “Un pancito, un jamón, un queso, unas galletas… y se armaba algo para compartir”. Esa imagen doméstica –una mesa donde todo circula– terminó siendo la base conceptual del proyecto. Javier entendió que el concepto podía funcionar perfectamente en Viña del Mar. “Empecé a pensar que acá había muchas pizzas, muchas hamburguesas, mucho sushi… pero no había un lugar donde todo estuviera pensado para compartir”, explica.
Ambos coinciden en algo esencial: la comida como punto de encuentro. Reuniones familiares donde “siempre armábamos tablitas con lo que había en la casa”, se explaya Javier. “Un pancito, un jamón, un queso, unas galletas… y se armaba algo para compartir”. Esa imagen doméstica –una mesa donde todo circula– terminó siendo la base conceptual del proyecto.
Antes de abrir Tapera, Javier hizo algo que hoy recuerda casi como un gesto de manifestación. Tomó un papel y comenzó a escribir todo lo que quería que tuviera el bar: la música que debía sonar, el tipo de comida que imaginaba saliendo de la cocina, el ambiente que quería ver entre las mesas. No era un plan de negocios ni una hoja de cálculo, sino una especie de declaración de intenciones. Con el tiempo, muchas de esas líneas terminaron convirtiéndose en realidad.
La lógica es sencilla: un bar donde prácticamente toda la carta está diseñada para el centro de la mesa. En lugar de pedir un plato para cada persona, la idea es pedir varias tapas y repartir. Croquetas, tortillas, montaditos, empanadas o tablas van apareciendo de forma gradual mientras la conversación avanza. Incluso las preparaciones más grandes, como las paellas o las tablas parrilleras, están pensadas para el mismo propósito. “El menú está pensado para que todo lo puedas compartir”, recalca Javier. “Puedes venir solo, pero la idea es que la mesa se llene de cosas”.
PAELLA CARNÍVORA | arroz dorado con mix de vacuno, cerdo, pollo, chorizo casero y especias, servido en acero paellero
PASEO POR MEIGGS | cocktail de la casa a base de Gin cacho de cabra, mango, limón, sal, tónica. Con borde de Tajin
MÁS CHARCUTERO QUE PIZZERO
La cocina de Tapera refleja también la experiencia de Jonathan como chef y su interés por la charcutería. Buena parte de los productos que se sirven en el local se elaboran ahí mismo. El pastrami, el lomo curado, la bondiola o el lomo tipo kassler forman parte de una línea de charcutería propia que se prepara y cura en el restaurante. “Yo soy más charcutero que pizzero”, dice riendo.
El trabajo con estas preparaciones no solo define parte del sabor del menú, sino también su identidad. Las tablas de charcutería, por ejemplo, se han convertido en uno de los platos más representativos del bar. A eso se suman otras preparaciones pensadas para compartir: arancini, croquetas, empanadas o montaditos que reinterpretan la tradición del tapeo español con un toque propio.
En lugar de pedir un plato para cada persona, la idea es pedir varias tapas y repartir. Croquetas, tortillas, montaditos, empanadas o tablas van apareciendo de forma gradual mientras la conversación avanza. Incluso las preparaciones más grandes, como las paellas o las tablas parrilleras, están pensadas para el mismo propósito.
La carta también incorpora algunas referencias directas a esa cultura, como la tortilla española o las paellas, aunque sin intentar replicar exactamente los sabores de la península. “No queremos copiar la cocina española”, explica Javier. “Es una inspiración, no una reproducción”. Ese enfoque se refleja también en la estética del lugar.
VIAJAR SIN MOVERSE
El diseño del bar fue ideado en gran parte por el propio Javier, tomando referencias de distintos viajes por Europa. En el interior aparecen azulejos inspirados en Portugal, colores que evocan el mundo del vermouth y detalles que remiten a mercados gastronómicos como el Mercado de San Miguel en Madrid. La idea era crear un espacio con distintas atmósferas.
El interior tiene una estética más cercana a los pubs europeos, mientras que el exterior recuerda a los mercados al aire libre, con barras y mesas donde la gente puede detenerse a conversar. La barra, de hecho, ocupa un lugar central en la experiencia del bar, contando con una barra central y una barra exterior, que invita a esperar mesa sin abstraerse de la experiencia.
A diferencia de muchos locales chilenos, donde el cliente suele preferir las mesas, aquí la barra se pensó como un espacio de interacción directa con el bartender. Ahí se explican los tragos, se ofrecen pequeñas degustaciones y se conversa sobre vermouth, uno de los productos que el bar intenta impulsar con más fuerza.
TARTA VASCA | tarta de queso esponjosa cubierta de salsa de frambuesa y vermut y crocantes de fruto seco
Javier descubrió el vermouth hace algunos años y quedó fascinado con la cultura que lo rodea. “Es un trago que invita a conversar”, dice. “Y en Viña no había un lugar donde se tomara vermouth como parte de la experiencia”. Por eso en Tapera el vermouth aparece tanto en la carta de tragos como en algunas preparaciones de la cocina, y también en los detalles del espacio.
UN LUGAR VIVO
El ambiente del bar se completa con un elemento que para Javier es esencial: la música. Javier, además de empresario y anfitrión, es baterista y un entusiasta declarado de la misma. Por ello, en Tapera, la selección musical no es casual. La banda sonora mezcla electrónica house suave, pop y rock anglo, siempre en un tono relajado que permita conversar. “El reggaetón”, dice, entre risas, “está oficialmente vetado”.
El diseño del bar fue ideado en gran parte por el propio Javier, tomando referencias de distintos viajes por Europa. En el interior aparecen azulejos inspirados en Portugal, colores que evocan el mundo del vermouth y detalles que remiten a mercados gastronómicos como el Mercado de San Miguel en Madrid. La idea era crear un espacio con distintas atmósferas.
La música también se transforma a veces en protagonista. En algunas noches el bar invita a músicos a tocar en vivo: saxofonistas, DJs o cantantes que aparecen de manera espontánea para acompañar la velada. La idea es que el espacio funcione como un lugar vivo, donde siempre pueda ocurrir algo. Pero por, sobre todo, Tapera intenta conservar el espíritu con el que nació el proyecto: un bar relajado donde la gente se sienta cómoda.
Aquí el servicio evita el protocolo rígido de los restaurantes formales. Los garzones toman pedidos en papel, conversan con los clientes y los platos van llegando de forma flexible, según el ritmo de la mesa. “No queremos que sea un lugar estructurado. La idea es que la gente se sienta como en casa”.
SOBREMESA COMO FUNDAMENTO
Ese ambiente distendido se refleja también en el equipo que trabaja en el local. La subchef, Antonia Cornejo, llegó desde Pichilemu junto a Jonathan, mientras que la barra está a cargo de Natalia González. La producción de pastelería y empanadas, en tanto, la lidera Constanza Isamit. Todos forman parte de un grupo que, según cuentan, se fue armando casi como una pequeña comunidad.
El resultado es un bar donde conviven distintos públicos: parejas que llegan por una copa de vermouth, grupos de amigos que comparten tablas durante horas o familias que se quedan conversando después del almuerzo. Tapera apuesta por la sobremesa como parte fundamental de la experiencia.
Hay mesas que llegan temprano en la tarde y se quedan hasta la noche, agregando tapas a medida que pasan las horas. Para Javier, ese es justamente el espíritu que quería capturar. Sacar el carrete de la casa –la tabla de quesos, el jamón, el pan, el vino y la conversación– y convertirlo en un lugar abierto para todos. En otras palabras, traer la cultura del tapeo a Viña del Mar, pero con destape.
Tapera Bar de Tapas
- 1 Poniente 356, Viña del Mar
- Horario: 13:00 a 01:00 domingos 13:00 a 18:00
- Instagram (@tapera.bar): https://www.instagram.com/tapera.bar/
- Carta: https://showspace.cl/taperabar
