La conversación comienza temprano, en una escena que ayuda a entender al protagonista incluso antes de hablar de vinos. Es domingo, día de familia. El desayuno reúne pan tostado, huevos revueltos, palta, mermeladas, fiambres, queso, té y café.
Un desayuno chileno al pie de la letra, compartido con su núcleo cercano y con parte del equipo que lo acompaña día a día en La Parrilla de Pino. Entre ellos, Tomás Muñoz (sommelier), uno de sus colaboradores más cercanos.
La charla se mueve entre recuerdos, viajes y el deseo de recorrer la Patagonia en familia. Antes de hablar de concursos internacionales, certificaciones, queda claro algo que se repetirá durante toda la jornada… La vida de Marcelo Pino suele ocurrir alrededor de una mesa.
Trasladándonos hacia la terraza del local, el paisaje completa el cuadro. Mesones largos, el fuego y el humo como espectáculo, y una vista donde el bosque se mezcla con el mar. El restaurante está ubicado en el sector de Buenos Aires, en el kilómetro 5,7 de la Av. Cahuil; una ruta que conecta distintos pueblos rurales.
Es ahí donde el entrevistado repite una frase que resume buena parte de su filosofía: “Pongámosle pino y vino”, dice, presto a profundizar en su historia.
MOLLEJA 250 GRS. | mollejas nacionales de la garganta del vacuno, con una cocción previa con leche y agua para dar mejor crocancia en la parrilla y sal de Cahuil
MILANESA NAPOLITANA 250 GRS. | Milanesa de vacuno, se usa el pollo ganso. Se golpea para que quede más delgada, se aliña con soya, queso, tomate y orégano para dar el toque napolitano
LOS PRIMEROS PASOS
El anfitrión nació y creció en Pichilemu. Sus primeros recuerdos están asociados a la cocina con leña, a los trabajos de temporada, y a una relación constante con el Océano Pacífico. Habla con especial orgullo de su madre, Amalia Piña, figura fundamental en la formación de su carácter.
Como buen pichilemino, creció entre olas y tablas de surf. No es raro que algunos de sus viajes hayan terminado mezclando dos pasiones que lo acompañan desde joven: dicho deporte y la gastronomía. “El agua me salvó”, afirma.
Trasladándonos hacia la terraza del local, el paisaje completa el cuadro. Mesones largos, el fuego y el humo como espectáculo, y una vista donde el bosque se mezcla con el mar. El restaurante está ubicado en el sector de Buenos Aires, en el kilómetro 5,7 de la Av. Cahuil; una ruta que conecta distintos pueblos rurales.
Como muchos jóvenes de la zona, empezó trabajando en restaurantes locales. Fue garzón, aprendiendo desde el servicio antes de imaginar cualquier carrera.
“Soy cocinero de profesión”, declara. Estudió gastronomía en Santiago, pero pronto entendió que su lugar no estaba solamente en la cocina. Lo que realmente le atraía era el contacto con las personas, el salón. Ese impulso lo llevó a la sommelería.
EQUIPO DE LA PARRILLA DE PINO | Lucia Quilaqueo, Claudio Pino, Juan Pablo Becerra, Marcelo Pino, Patricio Vergara y Tomas Muñoz
“ME ENAMORÉ PROFUNDAMENTE DEL VINO”
El pichilemino abordó el rubro del vino con intensidad; estudiando, viajando, concursando y enfrentándose a algunos de los escenarios más exigentes de la sommelería internacional.
En ese recorrido obtuvo dos veces el título de Mejor Sommelier de Chile (2011 y 2014), alcanzó el segundo lugar en el campeonato de las Américas y se ubicó entre los mejores del mundo en el Circuito Internacional de Sommeliers.
Cuando preguntamos qué cree que lo llevó a llegar tan lejos, su respuesta no tiene nada de técnica. “Ser disciplinado, apasionado, ir más allá. Hacer lo que otros no están dispuestos a hacer”.
“Me enamoré profundamente del vino”, añade. No sólo por su sabor, sino por lo que representa. Para el protagonista, cada botella es una historia. Un año completo de trabajo en el viñedo, rostros y manos participando en el proceso y, finalmente, alguien que decide descorcharla.
El anfitrión nació y creció en Pichilemu. Sus primeros recuerdos están asociados a la cocina con leña, a los trabajos de temporada, y a una relación constante con el Océano Pacífico. Habla con especial orgullo de su madre, Amalia Piña, figura fundamental en la formación de su carácter.
Cuando la conversación se mueve hacia el presente del vino chileno, su mirada se vuelve más reflexiva. “Es la principal bandera que tenemos”, recalca. Pero también cree que esta popular bebida necesita cambiar la forma en que se comunica.
Para el profesional, esa es una forma de cuidarla. Sacarla de un lenguaje excesivamente técnico y devolverla a un terreno más cercano, donde cualquier persona pueda sentirse invitada a abrir una botella y compartirla.
Su trabajo busca hacer exactamente aquello. Acercarlo, volverlo cotidiano. Explicarlo sin solemnidad, desde la experiencia y no desde la teoría.
CAMARONES AL PIL PIL | un clásico de la zona con camarón ecuatoriano de calibre mediano 36/40, con merkén y un aceite de la casa a base de ají cacho de cabra. Acompañado con unas tostadas de tortillas al rescoldo
LOMO VETADO 350 GRS. | lomo vetado una carne nacional de carnes Ñuble que va directo a la parrilla con sal de Cahuil, acompañado con un chimichurri a base de perejil, ajo y orégano aliñado con vinagre y aceite. PAPAS PROVENZAL | papas fritas tradicionales con aceite de ajo y perejil. Un clásico de restaurant muy solicitado. Es una papa aliñada con ajo y perejil. ENSALADA PALTA PALMITO Y TOMATE | ensalada fresca sencilla, ideal para acompañar la carne y dar protagonismo al plato principal
LA VUELTA AL ORIGEN
Después de años viajando por el mundo del vino, Marcelo Pino decidió volver a Pichilemu. Y La Parrilla de Pino forma parte de ese regreso.
Nació durante la pandemia a partir de una idea simple. Construir el quincho de su propia casa, pero abierto al público. Un lugar donde la gente pudiera reunirse alrededor del fuego, abrir una botella y quedarse conversando.
Posterior a su apertura en 2023, el restaurante ha ido diversificándose. Un pequeño emporio surgió a partir de la curiosidad de los propios comensales por llevarse algunas de las etiquetas y productos que descubren tras su visita; fiambres, quesos y otros sabores pensados para seguir disfrutando.
Además, una agenda cultural se puso en marcha; desde actividades vitivinícolas, hasta instancias gastronómicas y musicales que refuerzan su carácter como punto de encuentro.
El equipo es parte esencial. Marcelo menciona especialmente a Lucía Quilaqueo, quien lidera la cocina del proyecto. A Tomás Muñoz, sommelier a cargo del servicio. Y a su hermano Claudio, jefe de garzones y bartender del restaurante.
La Parrilla de Pino nació durante la pandemia a partir de una idea simple. Construir el quincho de su propia casa, pero abierto al público. Un lugar donde la gente pudiera reunirse alrededor del fuego, abrir una botella y quedarse conversando.
FUEGO, CARNE Y VINO
La propuesta gastronómica del restaurante gira en torno a la parrilla. Ya instalados frente a las brasas, aparece primero una tortilla de rescoldo y un chimichurri casero. Luego llega un asado de tira junto a una porción de papas a la provenzal.
Entradas como mollejas, chunchules, provoletas, también nutren la carta; abriendo paso a cortes clásicos –lomo vetado y liso, filete, cordero, malaya– acompañados de guarniciones sencillas y bien ejecutadas. Pastelera de choclo, ensalada chilena, ensalada de habas.
Las carnes provienen de ganado de libre pastoreo y forman parte de un trabajo cercano con Torobayo, marca con la que mantiene una relación como embajador.
La copa servida, por supuesto, ocupa un lugar central. Ejemplares de distintas zonas del país reflejan la diversidad de la producción nacional y la trayectoria del especialista.
PIÑA CARAMELIZADA CON HELADO PLÁTANO – MAQUI | Piña con salsa de miel y azúcar rubia, que va a la parrilla para dorar, acompañado de un helado de plátano maqui, un helado artesanal de Pichilemu
Aquí conviven opciones reconocidas –como Montes Alpha o Casa Real de Santa Rita– junto a otras como Lazuli de Aquitania o Cabo de Hornos. Aparecen propuestas que hablan de territorio. Clos de Luz Massal 1945, el carignan Piedra Lisa de PS García, y referencias como Caballo Loco Grand Cru de Valdivieso y por supuesto las etiquetas de Casa Silva; viña con la que mantiene un vínculo cercano igualmente como embajador.
Es una carta pensada para acompañar largas sobremesas, las cuales suelen cerrarse con postres que remiten a la memoria como la leche nevada o las peras al vino tinto.
ABRIR LA CONVERSACIÓN
En paralelo, Marcelo Pino mantiene una presencia activa en distintos frentes de la industria. Colabora con hotel Sheraton Santiago y trabaja con Spiegelau, reconocida marca internacional de cristalería. No obstante, quizás uno de sus espacios de comunicación más visibles hoy ocurre en redes sociales.
La propuesta gastronómica del restaurante gira en torno a la parrilla. Ya instalados frente a las brasas, aparece primero una tortilla de rescoldo y un chimichurri casero. Luego llega un asado de tira junto a una porción de papas a la provenzal.
Mediante su contenido, el sommelier ha logrado acercar la cultura del viñedo a nuevas audiencias, muchas veces desde escenas cotidianas; junto a mariscos del litoral chileno (gozando desde el roquerío mismo piures, erizos), o a través de relatos de productores y cocineros que forman parte del paisaje gastronómico del país.
Esa curiosidad por explorar la tradición vitivinícola desde otros ángulos, también lo llevó a desarrollar una Guía de Aguas. La idea nació como un trabajo de tesis en la Escuela de Sommeliers, impulsada por una biografía marcada por el mar.
Con el tiempo, ese proyecto tomó forma hasta convertirse en una publicación que propone mirar este elemento con la misma atención que el vino. Origen, mineralidad, carácter y su lugar en la mesa.
LA CASA EN MOVIMIENTO
Mirando hacia adelante, existe la posibilidad de construir un complejo de cabañas y un hotel boutique en el mismo sitio donde hoy funciona el restaurante. La idea es que este último se convierta en el corazón gastronómico de una experiencia turística más amplia.
Ya al cierre de la visita, la parrilla luce su mejor tono y el entrevistado retoma su rutina de anfitrión. Conversar con los clientes, abrir botellas, asegurarse de que todo funcione.
¡Fuego y vino! Porque después de indagar en su historia, queda claro que para Marcelo Pino el vino nunca ha sido sólo una bebida. Ha sido una manera de encontrarse con otros. Y, sobre todo, una forma de ponerle pino a la vida.
La Parrilla de Pino
- Buenos Aires, en el kilómetro 5,7 de la Av. Cahuil
- Correo: contacto@laparrilladepino.cl
- Teléfono: +569 8978 1658
- Horarios: jueves a sábado de 13 a 16 hrs | 20 a 23:30 hrs. Domingo 13 a 17 hrs.
- Instagram (@laparrilladepino): https://www.instagram.com/laparrilladepino/
- Web: https://www.laparrilladepino.cl/