Libertario Coffee: Siguiendo la libertad

Libertario Coffee: Siguiendo la libertad

La cadena colombiana abrió su primera cafetería en Chile con una propuesta que va más allá del origen de sus granos. “Follow freedom” es su lema. Y detrás de los nombres pegadizos de sus cafés –Paz, Libre, Rock y Punk– existe un modelo que integra producción, servicio y educación del consumidor para construir una experiencia donde la trazabilidad es tan importante como la cercanía.

En la mayoría de las cafeterías de especialidad el cliente debe enfrentarse a una serie de conceptos que, para quien recién comienza, pueden resultar intimidantes: variedades botánicas, procesos, fermentaciones, altitudes o perfiles de tueste. En Libertario Coffee la pregunta de entrada parece definición de estilo: Paz, Libre, Rock o Punk.

No se trata de nombres llamativos para una carta. Son cuatro perfiles sensoriales que buscan acompañar al consumidor según su experiencia con el café. Paz propone una taza balanceada y dulce; Libre avanza hacia un perfil más intenso y frutal; Rock introduce variedades más complejas; mientras Punk reúne procesos experimentales que buscan romper los límites tradicionales del sabor.

La lógica resulta evidente apenas se conversa con el equipo. Más que vender un café determinado, Libertario intenta que cada cliente descubra cuál es su propio camino dentro del café de especialidad. No es casual que el manifiesto de la marca afirme que «el café es nuestra brújula» y que «la libertad no es un destino, sino un compromiso diario». Esa idea atraviesa prácticamente toda la propuesta de una empresa nacida en Colombia en 2015 y que desde enero de este año desembarcó oficialmente en Chile con su primera cafetería, ubicada en Nueva Costanera bajo el lema “Follow freedom”.

En Libertario Coffee la pregunta de entrada parece definición de estilo: Paz, Libre, Rock o Punk.

FOLLOW FREEDOM

Hablar de trazabilidad se ha convertido en un estándar dentro del café de especialidad. Sin embargo, Libertario decidió llevar ese concepto un paso más allá. La compañía nace a partir de su propia finca, La Palma y El Tucán, desde donde desarrolla buena parte de sus cafés. Ese control sobre el origen permite supervisar directamente el cultivo, definir perfiles de calidad y mantener una relación permanente con quienes participan en la producción.

A ello se suman iniciativas como el desarrollo de biochar, un carbón vegetal elaborado a partir de los restos de poda de las plantas de café que posteriormente vuelve al suelo como fertilizante, reduciendo residuos y mejorando la calidad del cultivo. El resultado es un modelo poco habitual dentro de la industria.

STRAWBERRY MATCHA

DAVID CALDERÓN VILLALOBOS | líder de operaciones para Chile de Libertario Coffee

CAPPUCCINO | con carrot cake

Mientras muchas cafeterías compran café a importadores o trabajan con distintos tostadores, Libertario busca participar prácticamente de todas las etapas del proceso. Pertenecen a una red –The Coffee Hub– que integra desde hoteles de turismo sostenible (como La Palma y El Tucán Hotel), tostadurías, hasta empresas de gestión ambiental como Biodiversal y Cirkular Agro.

Libertario destina el 3% de sus ventas directamente a proyectos de agricultura regenerativa y apoyo a las fincas. Trabajan directamente con comunidades del Huila, Cundinamarca y Tolima, impactando así a más de 250 familias agricultoras, pagando precios justos e impulsando su autonomía financiera.

La lógica resulta evidente apenas se conversa con el equipo. Más que vender un café determinado, Libertario intenta que cada cliente descubra cuál es su propio camino dentro del café de especialidad.

En Chile los granos llegan verdes desde Colombia y Guatemala para ser tostados localmente bajo perfiles definidos por la compañía –por ahora un eslabón tercerizado, a cargo de Andariego–, mientras ya proyectan incorporar una planta de tueste propia como parte de su expansión.

WAFFLE DE AVENA | con fruta fresca de temporada, almendras, yogurt griego y ralladura de limón

FLAT WHITE | con pie de limón

FOCACCIA CON PESTO | pastrami, tomate al horno, mozzarella, palta y rúcula. Con dip de queso y chips

AFFOGATO | preparado a base a un café espresso y helado de vainilla

TOSTADA DE PALTA | pesto y con tomates asados

EL ÚLTIMO ESLABÓN

Existe una paradoja interesante dentro del café de especialidad. Mientras más se perfecciona el trabajo en origen, más evidente resulta que el último tramo del recorrido puede determinar el éxito o el fracaso de una taza. Una mala calibración, una extracción incorrecta o una recomendación poco acertada pueden echar por tierra meses de trabajo en la finca. Por eso Libertario pone tanto énfasis en el equipo humano.

Los baristas calibran el café varias veces al día, ajustan molienda y extracción cuando detectan variaciones y cuentan con autonomía para modificar parámetros si consideran que la taza puede mejorar. Sin embargo, la cultura del café no termina en la barra. Los garzones también participan en las degustaciones internas, prueban los distintos perfiles y conocen sus características para poder orientar mejor a quienes llegan por primera vez. La recomendación deja de ser una venta automática.

Primero se pregunta qué tipo de consumidor es el cliente, si ya conoce el café de especialidad, qué sabores acostumbra y qué busca encontrar en la taza. A partir de esa conversación comienza la experiencia. Es una estrategia coherente con la filosofía de la marca: no imponer un café, sino acompañar a cada persona en su propio recorrido.

Libertario desarrolla buena parte de sus cafés. Ese control sobre el origen permite supervisar directamente el cultivo, definir perfiles de calidad y mantener una relación permanente con quienes participan en la producción.

CONEXIÓN REAL

Durante la conversación con David Calderón, líder de operaciones de Libertario Chile, ocurre algo inesperado. La entrevista deja de girar en torno al café y comienza a hablar de Colombia. Cocinero de profesión, residente en Chile desde hace cerca de veinte años y con experiencia en hoteles, restaurantes y emprendimientos propios, reconoce que nunca había probado café de especialidad antes de incorporarse a la empresa.

Al llegar a Libertario, David aprendió a catar, reconocer aromas y comprender la complejidad de cada perfil. Pero su aprendizaje fue más profundo que una capacitación técnica. «Me conectó con Colombia», reconoce David. Representar una compañía nacida en su país le permitió reencontrarse con una parte de su identidad que, según cuenta, había quedado lejana después de tantos años viviendo en Chile. Ese relato ayuda a entender que Libertario no busca únicamente internacionalizar una marca de café. Busca exportar una cultura, un sentir, un prisma.

Las bebidas principales se mantienen en todos los países donde opera la empresa –Colombia, México, Costa Rica, India y ahora Chile– mientras la oferta gastronómica se adapta a los hábitos de consumo de cada mercado mediante proveedores locales cuidadosamente seleccionados. El café permanece siempre en el centro de la experiencia, y todo lo demás gira a su alrededor.

VERY SPECIAL COFFEE CLUB

La apertura de la primera tienda chilena es apenas el comienzo de un plan mucho más ambicioso. La empresa proyecta cerrar el año con cuatro locales operativos y continuar su expansión durante 2027. Pero el crecimiento no se basa únicamente en abrir nuevas sucursales. Cada sábado la cafetería realiza experiencias gratuitas de degustación, previa inscripción, donde cualquier persona puede conocer los distintos perfiles de café y familiarizarse con métodos de preparación. El objetivo no es solo vender una taza, sino formar consumidores capaces de entender las diferencias entre cada propuesta.

La empresa proyecta cerrar el año con cuatro locales operativos y continuar su expansión durante 2027. Pero el crecimiento no se basa únicamente en abrir nuevas sucursales. Cada sábado la cafetería realiza experiencias gratuitas de degustación, previa inscripción.

A esa estrategia se suma un programa de fidelización –The Very Special Coffee Club– que permite acumular puntos para canjear productos, fortaleciendo el vínculo con quienes vuelven una y otra vez a la cafetería. Todo responde a una misma lógica. Mientras muchas cafeterías enseñan a distinguir cafés, Libertario propone recorrerlos. Desde un perfil amable como Paz hasta la intensidad del delicioso Punk –recomendadísimo–, cada taza funciona como una invitación a seguir explorando.

Porque, al final, la empresa entiende que la trazabilidad no concluye cuando el café sale de la finca ni cuando termina el proceso de tueste. Termina cuando alguien encuentra una taza que lo representa, comprende la historia que existe detrás de ella y decide regresar para continuar el viaje. Esa es, probablemente, la parte más difícil de toda la cadena y también donde Libertario parece haber decidido concentrar su mayor esfuerzo.

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