Hay restaurantes que intentan llevarte a otro lugar. Y hay otros que, al menos por un rato, consiguen que olvides dónde estás. KO Asian Kitchen juega en esa segunda categoría. Entrar a su nuevo local en Mall Vivo Los Trapenses es encontrarse con una suma de estímulos que parecen llegar desde distintos puntos de Asia y, sin embargo, conversan entre sí con naturalidad: neones, madera, barras abiertas, mesas compartidas, una cocina que se deja mirar y un lenguaje visual que remite al street food del sudeste asiático.
Al fondo del salón aparece incluso una suerte de pequeño mercado, una exhibición de productos e ingredientes que no están ahí para venderse, sino para completar la ilusión del viaje. La intención es sencilla de explicar y más difícil de conseguir: que el comensal sienta que salió del mall y entró en otro mundo. Que pueda imaginar Bangkok, Bali o algún mercado asiático sin que el restaurante se convierta en una escenografía rígida o en una reproducción literal de una cultura que no le pertenece.
SIN PURISMOS
KO no pretende ser purista. Su propuesta parte precisamente de lo contrario: tomar referencias de distintas cocinas asiáticas, reinterpretarlas y hacerlas dialogar con una sensibilidad latinoamericana. En palabras de Diego Herrera, socio de MCK Hospitality, la cocina funciona como un proceso creativo y evolutivo donde se mezclan comida, bebidas, arquitectura y ambiente.
Ese concepto está en el propio ADN de MCK –Mixing Cultures and Kitchen– y explica buena parte de lo que sucede en KO. No se trata de copiar Tailandia, Corea o China, sino de tomar sus códigos, respetar sus sabores esenciales y transformarlos en algo nuevo, más amigable y tropicalizado para el público local.

EN KO ASIAN KITCHEN | Marcelo Breitling socio de KO y Diego Herrera socio de MCK Hospitality
KO no pretende ser purista. Su propuesta parte precisamente de lo contrario: tomar referencias de distintas cocinas asiáticas, reinterpretarlas y hacerlas dialogar con una sensibilidad latinoamericana.
Para Marcelo Breitling, sin embargo, la historia de KO Asian Kitchen comenzó mucho antes de que existiera este local. Fue la primera marca del grupo peruano que le interesó cuando empezó a explorar la posibilidad de traer una franquicia a Chile. Antes de DonDoh, antes incluso de desarrollar conceptos propios, Marcelo ya había puesto los ojos en una propuesta que le parecía particularmente atractiva: una cocina asiática que no se encerraba en una sola tradición, sino que ampliaba el mapa hacia Tailandia, China, Indonesia, Corea, India y Vietnam, con un ticket accesible y un formato capaz de llegar a un público amplio.
BEEF TTEOKBOKKI | plancha caliente de res estilo coreano, pasta tteok de arroz, kimchi, vegetales y queso cheddar
CONFIANZA CONSTRUIDA
El encuentro con MCK derivó primero en DonDoh. Marcelo y el grupo comenzaron trabajando como socios y, posteriormente, él compró la participación para poder desarrollar conceptos propios, entre ellos Dagan. Pero la relación no terminó ahí. Al contrario: la confianza construida durante esos años terminó abriendo nuevamente la puerta para traer KO a Chile.
La espera fue larga. Según cuenta Marcelo, pasaron cerca de seis años buscando el lugar adecuado. No querían partir en un mall tradicional ni apostar inmediatamente por un espacio masivo. Buscaban un punto que permitiera probar el concepto, medir su comportamiento y, si la respuesta era buena, utilizarlo como plataforma para crecer. Ese lugar terminó siendo Vivo Los Trapenses.
Ese concepto está en el propio ADN de MCK –Mixing Cultures and Kitchen– y explica buena parte de lo que sucede en KO. No se trata de copiar Tailandia, Corea o China, sino de tomar sus códigos, respetar sus sabores esenciales y transformarlos en algo nuevo, más amigable y tropicalizado para el público local.
Y la apuesta tiene una razón muy concreta: KO es una marca pensada para ser escalable. Diego Herrera explica que, a diferencia de formatos como Osaka o DonDoh, puede funcionar en distintos contextos –desde un centro comercial hasta una calle o un aeropuerto– y también adaptarse a formatos más pequeños o express. En Bogotá ya existen cuatro locales y la intención es que la experiencia chilena funcione como piloto para continuar creciendo.
Marcelo es incluso más ambicioso: si los resultados acompañan, la idea es sumar dos locales durante el próximo año y llegar eventualmente a cinco unidades de KO en Chile. Pero antes de pensar en el quinto local hay que hacer funcionar el primero. Y ahí aparece una palabra que se repite varias veces durante la conversación: estándar.
(SIN) PERDERSE EN LA TRADUCCIÓN
Llevar una marca internacional a otro país siempre implica una tensión. ¿Cuánto se puede adaptar sin dejar de ser la misma marca? En KO la respuesta parece estar en los detalles. La carta original de KO supera los cien platos, pero en Chile se comenzó con alrededor de 60. La selección combina los best sellers internacionales con preparaciones que pueden resultar más familiares para el público local. La idea es observar cómo responde el comensal y, en los próximos meses, ampliar progresivamente la propuesta.
Al frente de la cocina está Max Tarazona, chef ejecutivo que llega a KO después de un período en Osaka, parte del mismo universo gastronómico de MCK, y que ahora asume el desafío de traducir la identidad de la marca al paladar chileno. Para la apertura trabajó junto al equipo corporativo en la selección de proveedores, insumos y ajustes necesarios para mantener la identidad del concepto.
Marcelo es incluso más ambicioso: si los resultados acompañan, la idea es sumar dos locales durante el próximo año y llegar eventualmente a cinco unidades de KO en Chile. Pero antes de pensar en el quinto local hay que hacer funcionar el primero. Y ahí aparece una palabra que se repite varias veces durante la conversación: estándar.
El resultado no busca suavizar la cocina hasta volverla irreconocible. El picante sigue estando ahí. También la acidez, el dulzor, lo crocante, el umami y esa intensidad que constituye buena parte de la personalidad de KO. Lo que cambia es la forma de acercarlos al público. Por eso el servicio también juega un papel importante. Hay distintos niveles de picante y una carta que permite entrar poco a poco en sabores menos conocidos. La idea es que el garzón no sea solamente quien toma el pedido, sino también quien ayude a construir ese pequeño viaje gastronómico.
Max lo lleva a la mesa a través de platos que condensan esa filosofía. El Chilli Beef combina una gyoza al vapor rellena de carne con un deshidratado de Sichuan que entrega el golpe picante. El Beef Teokbokki trabaja la textura de la pasta tteok de arroz con un estofado de res reducido y queso cheddar fundido. Hay también taquitos como el Sesame Salmón de nori crujiente con shari, ensalada y tartar de salmón. Es una cocina que no pretende pedirle al cliente que llegue sabiendo. Al contrario: quiere despertar curiosidad.
BARRAS DE ORO
Ignacio Tapia, head bartender, ha construido una propuesta líquida que sigue la misma lógica de la cocina. El foco está especialmente puesto en los mocktails y en una selección de tés que se convierten en base para distintas preparaciones. Oolong, jazmín, sencha, assam y otras variedades son trabajadas mediante extracciones en frío y combinadas con ingredientes asiáticos para construir los llamados Ice Teas.
La coctelería con alcohol toma el mismo camino: reinterpretar clásicos desde ingredientes y sabores asiáticos. Está el Coco Matcha Sour en base a pisco, coco, match y limón; y, especialmente, un Lychee Sour elaborado con pisco, almíbar de lychee y un licor de lychee propio, producido por el equipo a partir de un alcohol penta destilado.
La carta líquida no funciona entonces como un apéndice de la cocina, sino como otra manera de contar la misma historia, incluso con una extensa carta de vinos solamente posible en este KO made in Chile. Y eso es justamente lo que Marcelo parece buscar cuando habla del proyecto: que todo converse: la música, la iluminación, el servicio, la barra, el diseño, los platos. Nada debería sentirse puesto ahí por casualidad.
La carta original de KO supera los cien platos, pero en Chile se comenzó con alrededor de 60. La selección combina los best sellers internacionales con preparaciones que pueden resultar más familiares para el público local.
IDENTIDAD (DES)CONOCIDA
Quizás uno de los mayores aciertos de KO está en no construir su identidad alrededor de una idea excluyente de la cocina asiática. La propuesta quiere ser intensa, pero no intimidante; sofisticada, pero accesible. Puede funcionar para una comida familiar al mediodía y también para una noche alrededor de la barra. El espacio acompaña esa vocación transversal. Son cerca de 550 a 600 metros cuadrados, con alrededor de 170 personas de capacidad considerando terrazas y barras. La cocina abierta permite observar el montaje y el movimiento del equipo, reforzando esa idea de show cooking y de street food asiático que atraviesa el concepto.
Hay algo casi teatral en eso: mirar cómo nace el plato, escuchar el movimiento de la cocina, ver pasar los cócteles, dejar que la música haga su parte. El restaurante no quiere ser solamente un lugar donde sentarse a comer, sino que desea emanar una fuerza propia. Neones con frases como “Asian Kitchen Power” y “In Curry We Trust” junto a un luminoso emoji de explosión son parte de la decoración, estampando el credo intenso de KO.
Para Diego Herrera, KO se ha convertido en una de las marcas más importantes de MCK y en una de las que más ha crecido durante los últimos dos años. Su potencial está justamente en esa mezcla de accesibilidad, versatilidad y capacidad de adaptación.

El foco está especialmente puesto en los mocktails y en una selección de tés que se convierten en base para distintas preparaciones. Oolong, jazmín, sencha, assam y otras variedades son trabajadas mediante extracciones en frío y combinadas con ingredientes asiáticos para construir los llamados Ice Teas.
La capacitación para la apertura fue extensa: equipos de servicio, cocina, salón y bar trabajaron durante semanas junto a profesionales del grupo, con apoyo corporativo proveniente de distintos mercados. La lógica es clara: que una persona pueda entrar a un KO en Bogotá, Lima, Riyadh, Guayaquil o Santiago y reconocer el sabor, aunque encuentre pequeñas adaptaciones propias de cada lugar. Diego lo resume como un proceso de interpretación. Y quizá ahí esté la clave de todo: KO nació originalmente como una especie de “hijo” de Osaka –el propio nombre alude en japonés a “hijo de” –, pero con el tiempo se independizó hasta convertirse en una identidad propia. Ahora ese hijo llega a Chile con una historia detrás, pero también con ganas de crecer.

Lo hace con una cocina que mezcla geografías sin pedir permiso, una barra que convierte el té y los ingredientes asiáticos en nuevas formas de beber, un espacio diseñado para transportar y una operación que entiende que la experiencia está hecha de muchas pequeñas decisiones. Al final, KO parece querer algo bastante más sencillo que impresionar, quiere que uno entre, se siente, pruebe algo que no conocía, descubra qué le gusta y piense en volver. Y quizás ese sea, después de todo, el verdadero poder detrás de KO: capturar sin saturar, conquistar sin confundir. La intensidad está en los detalles.
KO Asian Kitchen
- Mall Vivo Los Trapenses
- Av. José Alcalde Délano 10492, Lo Barnechea
- Horarios: lunes a miércoles 12:30 - 22:30 hr
- Jueves a sábado 12:30 - 23:00 hr
- Domingo 12:30 - 22:30 hr
- Instagram (@koasiankitchenstgo): https://www.instagram.com/koasiankitchenstgo/
