El 2 de marzo, Backroom celebro su segundo aniversario en Santiago, marcando dos años desde que abrió sus puertas en Nueva Providencia con una propuesta poco habitual para la escena nocturna local: un bar con identidad de club de jazz, carta gastronómica de temporada y una barra enfocada en técnica, relato y coherencia conceptual.
Detrás del proyecto está el emprendedor ruso Nick Baranov, cuya trayectoria internacional y experiencia en bares y coctelerías de alto nivel en ciudades como Los Ángeles y Buenos Aires moldearon la visión de Backroom: un espacio donde música, gastronomía y coctelería no compiten, sino que dialogan. “Emprender en gastronomía nunca es fácil, y menos en un mercado nuevo. Estos dos años han sido de aprendizaje constante, pero también de confirmación: cuando un proyecto tiene identidad y propósito, el público lo percibe y lo acompaña”, comenta.
De esta manera, tras el éxito de Backroom en Buenos Aires, el bar llegó a Santiago con inversión 100% extranjera y un enfoque estratégico: no competir por volumen, sino apostar por experiencia y coherencia. La apertura en Chile implicó más que trasladar un concepto; significó adaptar técnicas internacionales, curaduría de músicos y un menú que cambia según la temporada, manteniendo el espíritu de los antiguos clubes clandestinos reinterpretado con mirada contemporánea.
Curaduría sonora con sello propio
En Backroom, la música no acompaña: estructura la experiencia. La programación permanente de jazz y músicos afines combina proyectos locales e invitados internacionales, transitando desde el jazz más tradicional hasta cruces con blues, groove y propuestas de carácter ecléctico.
La apuesta no es solo artística, sino también técnica. La sala está diseñada y sonorizada profesionalmente, pensando en formatos íntimos que permiten al público escuchar cada detalle y matiz de los músicos, sin perder la cercanía de un ambiente íntimo. “Como curador de Backroom, ha sido una experiencia increíble poder armar la programación, donde la prioridad ha sido -desde el inicio- contar con un espacio full equipado para proporcionar un espectáculo de alto nivel”, explica “Crespo”, actual bajista de Ángel Parra Trío. Y agrega que “los músicos pueden disfrutar de un lugar en el cual se sienten cómodos laboralmente, lo que es algo poco común en nuestro país”.
Por su parte, el pianista Ariel Pino comenta que “Backroom se destaca por su buen sonido, resultado de una gran preocupación desde la creación del local. Destacaría también que en el segundo espacio también se transmite el concierto a un volumen apto para disfrutar una conversación, mientras que en el primer espacio puedes sumergirte en el show en vivo”.
“En Backroom he tocado en muchos formatos (piano, saxo y guitarra) y siempre me voy con una buena sensación. El público escucha, aplaude y participa. Ojalá siga por muchos años este lugar, que ya forma parte del Jazz nacional”, agrega Marco Reyes, contrabajista.
Gastronomía y barra: un relato coherente
La propuesta gastronómica de temporada acompaña esta experiencia sonora con platos pensados para compartir, priorizando sabores equilibrados y técnicas cuidadas. Cada creación dialoga con la barra y con la música, reforzando la narrativa del espacio: un relato sensorial completo en el que cada elemento potencia al otro.
La barra, liderada por Sergio Ancarola, complementa esta tríada. Con una selección de clásicos reinterpretados y cócteles de autor, busca contar historias que acompañen tanto la música como los platos, cerrando el círculo de la experiencia. Cada detalle —desde la preparación hasta la presentación— está pensado para mantener coherencia con el concepto de Backroom: ofrecer un espacio donde gastronomía, coctelería y música se vivan como un todo, íntimo y distintivo dentro de la noche santiaguina.
Dos años de consolidación en un mercado desafiante
Cumplir dos años en el rubro gastronómico chileno no es menor. Altos costos operativos, cambios en hábitos de consumo y una competencia intensa hacen que muchos proyectos no logren sostenerse. En ese contexto, Backroom se consolida como un ejemplo de emprendimiento internacional que apuesta por identidad, calidad y diferenciación cultural.
El aniversario del 2 de marzo no solo marca una fecha simbólica, sino que celebra la consolidación de un proyecto que decidió diferenciarse desde el primer día. Para la jornada, el bar prepara una programación especial de jazz en vivo y activaciones en barra, reforzando el concepto que lo ha definido desde su apertura: un espacio donde la música, la gastronomía y la coctelería se viven como un todo.