• Marión

    Marión Garín

    Sommelier de Té y Tea Blender certificada por Tea Institute Latinoamérica y El Club del Té.
    Con instrucción en la Ceremonia Japonesa del Té, otorgada por MOA Chile.
    Asesora para la marca Kombuchacha y miembro del Equipo de Colaboradores de Tea Institute Latinoamérica.

Meditando en movimiento

Termina el verano y se reactiva el ritmo frenético de la vida laboral y académica con la llegada de marzo. Dentro de todos los quehaceres cotidianos, ¿es posible encontrar un remanso a través de una antigua ceremonia de té?


 Hace tres años, conocí los beneficios de la práctica del Mindulness como una forma de moderar el estrés. En ese contexto, comprendí la importancia de la respiración como un ancla, una especie de tótem que nos permite enfocar la atención y evitar la divagación mental, logrando una conciencia plena del momento presente. Mientras ahondaba en esto, no pude evitar pensar que existe una instancia donde el té juega un rol similar.

 En el año 2017 estudié la ceremonia japonesa del té en el centro de formación de cultura nipona MOA Chile, ubicado en Santiago. Hasta ese momento, entendía dicha costumbre como una manifestación cultural del consumo de té, pero no visualizaba sus dimensiones estética ni filosófica.

El nombre oficial de esta ceremonia es Cha-no-yu, que se traduce literalmente como “agua caliente para el té”. Nació en Japón, con posterioridad a la introducción del té desde China por el monje Eisai Myoan durante el siglo XII. Primero cobró forma de la mano del shogunato militar, que adoptó el ritual de beber té como símbolo de refinamiento, y posteriormente fue nutriéndose del budismo Zen, el que la perfiló como una manera de evidenciar la belleza de las cosas pasajeras y austeras. Diversos monjes budistas tuvieron influencia significativa en el desarrollo de esta práctica, a través de sus enseñanzas. Uno de ellos fue Sen no Rikyū (1522 – 1591), quien definió cuatro valores fundamentales que constituyen hasta el día de hoy los pilares conceptuales de esta ceremonia: armonía (wa), respeto (kei), pureza (sei) y serenidad (jaku).

En términos prácticos, Chanoyu se traduce en un servicio de té preparado con delicadeza y esmero por un anfitrión que agasaja a sus invitados con la preparación meticulosa del matcha japonés. Se trata de una ceremonia porque todas las etapas de este encuentro, así como el desplazamiento corporal de quien prepara el té, están predeterminados, respondiendo a una idea de gracia y eficiencia en los movimientos. Se desarrolla en un ambiente de sobriedad, procurando resaltar la nobleza de los implementos utilizados, como una forma de enfatizar la transitoriedad y la belleza sencilla de la vida.

Hay diversas formas de llevar a cabo esta ceremonia. Su expresión más compleja se desarrolla dentro de una “casa de té”, una construcción destinada a servir de entorno para la demostración, y va acompañada de alimentos, así como de instancias de contemplación de la naturaleza y el arte.

En un contexto minimalista, esta ceremonia adopta el estilo Bon Temae, que la vuelve portátil e implica su circunscripción a una bandeja circular, donde se llevan a cabo todos los pasos del servicio de té. Sus implementos son una servilleta de seda o Fukusa, el Chawan o bowl para preparar el té, el Chasen o batidor, el Natsume que contiene el matcha, el Chashaku o cucharilla de bambú para servirlo y el Chakin o pañuelo de limpieza.

Además de todos los conceptos que de por sí engloba esta práctica, funciona como una meditación en movimiento, pues la concentración se adhiere firmemente a los diversos pasos de la preparación del té. Tanto si se es invitado como anfitrión, el tiempo se detiene al presenciar esta ceremonia y la gratitud por la vida inunda el ambiente. El desarrollo cuidadoso de cada una de sus etapas permite, al igual que en el Mindfulness, acercarse a una conciencia plena del momento presente.

Hoy en día, en mi faceta de aficionada a este arte, la concisa administración de movimientos en medio del silencio me permite aquietar el espíritu, recordar mi propia transitoriedad, y apreciar la naturaleza. Me parece una práctica recomendable para aquellos deseosos de encontrar nuevas formas de admirar el arte y adoptar hábitos que contribuyan al bienestar de la propia salud mental. De esta forma podemos ver, una vez más, cómo el té es capaz de acompañarnos en un nuevo ámbito de la vida, dentro de su maravillosa versatilidad.

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