• Marión

    Marión Garín

    Sommelier de Té y Tea Blender certificada por Tea Institute Latinoamérica y El Club del Té.
    Con instrucción en la Ceremonia Japonesa del Té, otorgada por MOA Chile.
    Asesora para la marca Kombuchacha y miembro del Equipo de Colaboradores de Tea Institute Latinoamérica.

Bendita primavera

Es primavera, época de flores, y resulta muy agradable verlas en nuestros parques y jardines. Pero ¿podrían también habitar en nuestras tazas de té?


En estas latitudes, septiembre nos trae de forma invariable aires más cálidos y tardes luminosas. La llegada de la primavera se evidencia especialmente en las flores que penden de los árboles y captan nuestra atención con su perfume a la vuelta de una esquina. No deja de ser curioso cómo el ser humano ha encontrado variados usos para ellas, que van desde la ornamentación, hasta la perfumería y la gastronomía.

En este sentido, siempre me ha llamado la atención cómo la infusión de la Camellia Sinensis se amalgama a la perfección con ellas, dando lugar a combinaciones alucinantes. Recordemos que las hojas de té son altamente susceptibles de absorber aromas y, por lo mismo, se recomienda su almacenaje en contenedores herméticos. Pero es precisamente esta cualidad la que representa una ventaja a la hora de concertar esta feliz unión. Gracias a ella, el camino del té ha sido también para mí el camino de las flores.

La primera vez que conocí esta combinación fue en mi adolescencia. Mi padre recibió como obsequio una pequeña lata amarilla de té verde aromatizado con jazmín, que guardó con mucha solemnidad en un estante de la cocina. En esos años, yo no comprendía mucho sobre té, pero el aroma del jazmín quedó grabado en mi memoria y nunca olvidé ese misterioso tesoro oriental. Con el tiempo, aprendí que el proceso de aromatización natural de este blend es complejo e implica depositar aquellas flores blanquecinas sobre el té por la noche, y retirarlas por la mañana, repitiendo esta acción por varios días. Así se logra un producto intensamente perfumado.

Pasaron los años y en 2014 alguien me regaló una preciosa lata de una marca británica que contenía té blanco de Fujian mezclado con capullos de rosa. Me pareció impresionante que el aroma de las rosas estuviera tan presente en cada sorbo. Un par de años después, en El Club del Té de Buenos Aires, tuve la posibilidad de aprender más a fondo sobre los usos de las flores en el oficio llamado Tea Blending (el arte de crear mezclas de té) e incluso pude experimentar con la elaboración de mis propios blends, utilizando diversos tipos de rosas. En ese período, la que más llamó mi atención fue la famosa rosa rugosa, debido a su pequeño tamaño e intenso perfume. Recuerdo que la utilicé bastante al crear mezclas de té de Ceilán, convirtiéndose este en uno de mis blends favoritos.

Hace un par de años conocí también el “oolong osmanthus”, un té que se perfuma con flores de osmanthus dando como resultado una bebida muy fragante y refrescante. Si bien dicho nombre pudiera parecernos extraño, probablemente la mayoría hemos percibido el intenso aroma de las flores de este árbol que a veces habita los jardines de las casas, y que se conoce también como Olivo Dulce.

Profundamente perfumada también es la lavanda, que igualmente suele emplearse en mezclas de té, aunque en este caso se debe ser muy cuidadoso en la medida de esta flor para no generar un desbalance. Funciona bien con tés negros (rojos en oriente) e incluso con tés oscuros o dark teas, como el Pu Erh.

Y, en cuanto a combinaciones curiosas, no podemos olvidar el “lotus tea” (té de loto), un té verde aromatizado con las flores de la planta Nelumbo Nucifera y que se elabora en Vietnam.

Fuera de lo anterior, hay también otras flores, que si bien no tienen la potencia aromática de las mencionadas, son utilizadas frecuentemente en blends, ya sea por razones fitoterapéuticas o simplemente visuales, motivo este último no menos relevante que cualquier otro. Después de todo, el Tea Blending es un verdadero arte que cautiva primeramente por la vista. Tenemos así la manzanilla, el aciano, la flor de maravilla, la de cerezo, la de saúco y la flor de hibisco, por mencionar las más comunes.

En mi experiencia, prácticamente todas las variedades de té pueden combinarse adecuadamente con flores. Sólo hay que tener cuidado en el balance, manejando cuidadosamente las sutilezas tanto del té como de estas últimas. Y ahí la mano del experto mezclador es clave en el resultado final.

 “La tierra se ríe en flores”, dijo alguna vez el poeta Ralph Waldo Emerson. Y, sin duda, el té se beneficia también de ellas y tiene así el potencial de ofrecernos la primavera misma dentro de una taza.

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