Penumbra, Cocktail Bar: La hora azul de Medellín

Penumbra, Cocktail Bar: La hora azul de Medellín

Inspirado en ese instante breve y escurridizo en que el día comienza a desaparecer y la noche todavía no termina de llegar, Penumbra propone una experiencia construida desde la convergencia de múltiples disciplinas. En el rooftop del Hotel Calle Flora, arquitectura, hospitalidad, gastronomía y coctelería se unen para ofrecer una nueva mirada sobre los ingredientes, los paisajes y las tradiciones colombianas.

Hay momentos que parecen existir fuera del tiempo. Instantes que duran apenas unos minutos, pero que alteran por completo la forma en que percibimos el mundo. La llamada hora azul es uno de ellos. Ocurre cuando el sol ya se ha ocultado, pero la oscuridad aún no se instala completamente. El cielo cambia de tonalidad, las luces comienzan a aparecer y los contornos adquieren una suavidad extraña. Todo parece distinto.

Esa imagen fue el punto de partida para Penumbra, el bar ubicado en el rooftop del Hotel Calle Flora, en El Poblado, Medellín. Más que una referencia estética, se convirtió en una forma de entender el proyecto completo. La arquitectura, la iluminación, la música, la gastronomía, la coctelería e incluso la manera de recibir a los visitantes nacieron de una misma idea: crear un espacio capaz de transportar a las personas a otro estado de ánimo.

La propuesta tomó forma gracias a un grupo de socios provenientes de ámbitos muy distintos. Junto a Nataly Galvis —maestra cervecera, destiladora y sommelier— participan Carolina Villa, científica y gestora de un fondo de inversión en Europa; Daniel Bedoya, socio, administrador y jefe de barra; Daniel Cabrera, especialista en luces y sonido; Santiago Cardona, vinculado al mundo de la construcción; y el equipo conformado por la arquitecta Alejandra Ramírez y Mario Restrepo, responsables de traducir el concepto al espacio físico. Lo que los unía no era una profesión común, sino una sensibilidad compartida.

La oportunidad surgió cuando apareció la posibilidad de desarrollar el rooftop del Hotel Calle Flora. “Fue como algo muy del momento. O sea, se dieron así las cosas”, recuerda Galvis. Más adelante agrega: “Todo ha sido como muy por la vida. No hemos buscado realmente nada ni a nadie”. Antes de existir físicamente, Penumbra ya era una idea.

La arquitectura, la iluminación, la música, la gastronomía, la coctelería e incluso la manera de recibir a los visitantes nacieron de una misma idea: crear un espacio capaz de transportar a las personas a otro estado de ánimo, ese el punto de partida para Penumbra, el bar ubicado en el rooftop del Hotel Calle Flora, en El Poblado, Medellín.

VOLVER A MIRAR

Durante más de quince años, Nataly Galvis y Carolina Villa vivieron fuera de Colombia. El país permanecía presente, pero la distancia transformó inevitablemente la forma de relacionarse con él. Cuando regresaron, descubrieron algo que suele ocurrir después de una larga ausencia: los lugares conocidos permanecían ahí, pero ya no eran observados desde la misma perspectiva.

Durante la conversación aparece una idea que parece atravesar todo el proyecto. Después de años viviendo en el extranjero, el regreso no implicó reencontrarse con algo perdido, sino volver a mirar aquello que siempre estuvo ahí. Ingredientes, paisajes y referencias culturales conocidas comenzaron a adquirir nuevos significados.

UMBRAL | Ron flor de caña 12, haba tonka, campari tropical, jerez oloroso, guayaba agria, salinos. Bombón de chocolate. DULCE // SALADO // INTENSO

SIEMBRA | Bulleit bourbon, coco ahumado, licor especiado, espuma de maíz, casabe. ESPECIADO // INTENSO // CREMOSO

PESCADOR | Gin tanqueray, miso, blend de vermuts, fresas, taco de pescado fresco. SALADO // FUERTE // COMPLEJO

CEVICHE | pesca blanca, leche de tigre de guayaba agria, verdolaga playera, cidra, papaya verde encurtida

CERDO | cerdo en demi glass de cerveza, cubios encurtidos, arepas

“Las raíces están ahí. Solo que de pronto se nos abrió un poco más la cabeza viviendo afuera y ya, digamos que, al volver a esas raíces, pues las reinventamos y las ponemos de otra forma. Y como tú dices, las entregamos. A ver qué ocurre. Y ha funcionado”. Esa experiencia de regreso atraviesa la identidad completa de Penumbra.

Más que rescatar ingredientes o tradiciones, el proyecto de Penumbra parece interesado en reinterpretarlos. Tomar elementos familiares y observarlos desde una nueva sensibilidad. No se trata de presentar una Colombia desconocida, sino de ofrecer una nueva forma de acercarse a ella. La propia idea de la penumbra adquiere una dimensión distinta. No habla de oscuridad, habla de transformación. De cómo una misma realidad puede adquirir nuevos significados dependiendo de la luz con que se la observe.

SIEMBRA

Esa mirada encuentra una de sus expresiones más evidentes en la carta de coctelería. El menú actual, llamado Símbolos, está inspirado en los ecosistemas colombianos. Más que organizarse alrededor de destilados o categorías tradicionales, propone un recorrido por territorios, paisajes y referencias culturales.

Más que rescatar ingredientes o tradiciones, el proyecto de Penumbra parece interesado en reinterpretarlos. Tomar elementos familiares y observarlos desde una nueva sensibilidad. No se trata de presentar una Colombia desconocida, sino de ofrecer una nueva forma de acercarse a ella.

Los nombres de los cócteles funcionan casi como estaciones dentro de ese viaje. Siembra, Manglar, Jungla, Ocaso, Umbral y Rito sugieren una geografía donde naturaleza, memoria y experiencia se entrelazan. Detrás de cada preparación aparece una investigación sobre ingredientes provenientes del Caribe, la Amazonía, el Pacífico y la región Andina. Camu camu, copoazú, macambo, arazá, viche y guayaba agria forman parte de un vocabulario que busca expresar la diversidad de esos territorios a través de la copa.

“Cuando estamos haciendo un esquema de un cóctel, decimos, bueno, este cóctel debe tener un amargo, este cóctel tiene que tener un cítrico. Entonces, ¿qué puede representar un cítrico en un ingrediente local colombiano? Ah, bueno, podemos usar el camu camu”, explaya Nataly. A partir de ahí comienza el trabajo creativo.

NATALY GALVIS | maestra cervecera, destiladora y sommelier

TRÓPICO | Gin tanqueray, viche, vermut, camu camu, licor macambo, frutas de agua. FRUTAL // FRESCO // SUAVE

La técnica aparece al servicio del ingrediente. Fermentaciones, clarificaciones y distintas herramientas contemporáneas permiten explorar nuevas expresiones de productos locales sin perder de vista su origen. El objetivo no parece ser demostrar complejidad, sino abrir posibilidades.

En ese proceso, Daniel Bedoya tuvo un rol fundamental. Reconocido dentro de la escena colombiana y finalista de World Class 2025, participó desde las primeras etapas del proyecto en la construcción conceptual y técnica de la barra. Las pruebas comenzaron incluso antes de que todos los integrantes estuvieran físicamente en Medellín, afinando ideas y perfiles de sabor hasta construir una carta capaz de expresar aquello que buscaban transmitir.

Los nombres de los cócteles funcionan casi como estaciones dentro de ese viaje. Siembra, Manglar, Jungla, Ocaso, Umbral y Rito sugieren una geografía donde naturaleza, memoria y experiencia se entrelazan. Detrás de cada preparación aparece una investigación sobre ingredientes provenientes del Caribe, la Amazonía, el Pacífico y la región Andina.

EVOLUCION CONJUNTA

La gastronomía de Penumbra sigue una lógica similar. Desde el inicio existió la intención de que cocina y coctelería evolucionaran juntas. Por eso convocaron a profesionales que habían pasado por cocinas como Chato y Celele, dos referentes de la gastronomía colombiana contemporánea por su trabajo con ingredientes locales y biodiversidad.

“Necesitamos desarrollar esto, queremos platos así y así. También estamos desarrollando este tipo de coctelería, sería muy bueno que hiciéramos la parte gastronómica muy de la mano”, señala Nataly. La carta, liderada hoy por el chef Juan Felipe Torres, fue concebida para compartir. No como un simple acompañamiento de la barra, sino como una parte integral de la experiencia.

SOLSTICIO | Tequila don julio reposado, jerez palo cortado, copoazú, cítricos, leche de coco.

CITRICO // AROMÁTICO // REFRESCANTE

Entre las preparaciones aparecen las Papas nativas con hongos y espuma de queso, el Ceviche con leche de tigre de guayaba agria, el Hummus de batata con hierbas y otras propuestas que dialogan con la complejidad aromática de los cócteles sin competir con ellos. Nataly reconoce que las primeras versiones del menú eran incluso más arriesgadas.

“Empezamos con otro menú que era un poco más arriesgado que este. Pero a este le tuvimos que poner, por ejemplo, una hamburguesa, como cosas que fueran también fáciles para ellos”. Su observación resume bien la filosofía general del lugar. Existe una voluntad de exploración, pero también la conciencia de que toda experiencia necesita puntos de entrada familiares. No se trata de desafiar al visitante, sino de invitarlo a descubrir algo nuevo sin sacrificar el disfrute.

La gastronomía de Penumbra sigue una lógica similar. Desde el inicio existió la intención de que cocina y coctelería evolucionaran juntas. Por eso convocaron a profesionales que habían pasado por cocinas como Chato y Celele, dos referentes de la gastronomía colombiana contemporánea por su trabajo con ingredientes locales y biodiversidad.

CRUZAR UNA PUERTA

Si hay una palabra que aparece una y otra vez durante la conversación con Nataly, es hospitalidad. Más allá de la arquitectura, la cocina o la coctelería, Penumbra parece entender que la experiencia depende principalmente de cómo una persona se siente al cruzar la puerta.

La música, el diseño lumínico desarrollado por Daniel Cabrera, la arquitectura concebida por Alejandra Ramírez y Mario Restrepo, e incluso el ritmo del servicio, trabajan en una misma dirección. El equipo de barra, integrado por Juan Pablo Castiblanco y Cristian López, comparte esa visión junto al resto del personal.

Con el tiempo, el proyecto comenzó a atraer precisamente al público que sus creadores imaginaban: personas interesadas en permanecer, conversar y disfrutar del espacio sin prisa. A pocos meses de su apertura, Penumbra ya formó parte de Medellín Cocktail Week y recibía invitados provenientes de ciudades como Barcelona, Panamá y Cali. Para un proyecto tan joven, la integración fue sorprendentemente rápida.

“Muchos bares de aquí llevan años y no están en Medellín Cocktail Week”, comenta Nataly. Más allá de la visibilidad, su participación confirmó algo que el equipo ya intuía: existía espacio para una propuesta diferente dentro de la escena local. Al final, Penumbra no es solamente una colección de cócteles o un rooftop con vista privilegiada sobre Medellín.

Su éxito responde a la materialización de una mirada, la de un grupo de personas que salió al mundo, regresó transformado y decidió compartir esa nueva forma de observar aquello que siempre estuvo ahí. Una sensibilidad distinta, un lente compartido que contagia por su perspectiva, torciendo la costumbre. Como sucede durante la hora azul, nada cambia realmente de lugar. Pero por unos instantes, todo parece revelarse bajo una luz diferente.

Penumbra, Cocktail Bar

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