HOTEL ALAIA

HOTEL ALAIA

La aventura del surf

Hotel Alaia en Pichilemu Es una invitación a ser protagonista de un cúmulo de experiencias, donde el encantador anfiteatro natural que ofrece Punta de Lobos lidera cada una de ellas. Todo en un especial ambiente derivado del deporte sobre olas, que ha transformado este lugar en uno de los más solicitados destinos de la costa chilena

Juan Pablo Álvarez, gerente comercial
y Sofia Claro, gerente residente

ALAIA ES UNA TABLA DE SURF ELABORADA EN FINA MADERA, generalmente orgánica y de distintos tipos con la que antiguamente los hawaianos se deslizaban sobre las olas. Así la historia los reconoce como los primeros surfistas. El implemento ciertamente marca el inicio de este deporte, pero su singularidad va más allá, por su origen es amigable con el ambiente, además destaca su sellado en aceite de linaza y cera de abejas, y al final regresa a la tierra tras caer en desuso.

Aquí es donde precisamente se afinca el alma de Hotel Alaia, y que su dueño el empresario chileno Nicholas Davis Lecaros quiso caracterizar en su exitoso proyecto, impregnándole toda la filosofía del surf. “Estamos ubicados en Punta de Lobos, un ícono de este deporte, tanto a nivel nacional como internacional. Reconocido por las olas de calidad mundial, por su forma y consistencia, dado que este lugar tiene muchos factores geográficos que hacen que sea una ola larga, con buena forma y protegida del viento, razones que hacen también que Pichilemu sea capital de este deporte”, señala Juan Pablo Álvarez, gerente comercial.

Emplazado en una extensión privilegiada de tres hectáreas, con una construcción que destaca por la arquitectura original de Nicolás Pfenniger y el diseño de interiores a cargo de Paulina Catafau, invade lo menos posible la riqueza de su entorno natural, donde materiales nobles como la madera reciclada interpretan casi la totalidad de la edificación. “Sabemos que estamos en un lugar muy representativo, y cuando se construyó se hizo pensando en no afectar esta sensibilidad”, dice Juan Pablo.

Cada punto del Hotel Alaia: habitaciones, restaurant, salón de reuniones y terrazas, no sólo cuentan con vistas excepcionales y próximas al mar, también permiten admirar una gran extensión de la atractiva costa pichilemina. A lo lejos sus dependencias, jardines y el paisaje en general, muestran colores muy similares. “Por eso los doce acogedores dormitorios – king y dobles – son modulares, para mimetizarse con el paisaje y no sobresalgan grandes estructuras”, explica Sofia Claro, gerente residente.

En Hotel Alaia aseguran que el pasajero disfrutará con cada uno de los encantadores espacios disponibles para el descanso, también de la posibilidad de salir directamente de la habitación a la playa, o simplemente caminar a la misma Punta de Lobos en cinco minutos. Pero también, “si el turista no quiere salir del hotel, tenemos todos los servicios que necesita para que su estadía sea entretenida: masajes a la habitación, gozar de nuestra propuesta gastronómica, beber una copa de vino junto a una chimenea. Incluso aquí mismo practicar algún deporte”, agrega la ejecutiva.

EXPERIENCIAS JUNTO AL MAR

Si bien la mayoría de los turistas que aquí se hospedan son conocedores, de hecho algunos expertos surfistas, también cuentan con programas que incluyen clases de surf para quienes se sientan atraídos y quieran aprender. “Somos visitados por familias, parejas jóvenes o adultas, porque esta disciplina es muy transversal. Si bien este deporte es nuestra alma, tenemos pasajeros que vienen porque saben que nos preocupamos de ofrecer buena hotelería y buena gastronomía, junto a una vista increíble. Mucha gente llega incluso sin haberse metido alguna vez al mar, pero aprenden a surfear con nosotros, y otros que simplemente quieren ver a los surfistas, estar acá y vivir la experiencia”, cuenta Juan Pablo.

Por eso es que también suman otras alternativas deportivas al proyecto: stand up paddle y kayak – posibles de practicar en la playa o en la laguna de Cáhuil –, escalada, un skate park. “También tenemos clases de yoga. Cada cierto tiempo programamos algunas para quienes quieran venir, porque creemos que es una disciplina que está muy relacionada con el surf. Igualmente contamos con bicicletas para arrendar, pues existen circuitos muy buenos para recorrer cerca”, indica Sofía Claro.

Para pasajeros más jóvenes cuentan con la experiencia Camps Alaia, la cual comprende alojamiento en una carpa premium, con la asistencia de un monitor las 24 horas, pensión completa – desayuno, almuerzo, cena y snacks diarios –, uso de piscina, y un completo programa de actividades durante la mañana y la tarde.

En los últimos años, la capital mundial del deporte sobre olas ha tenido un notorio repunte turístico, presentándose cada vez más como una ciudad activa y una gastronomía en crecimiento. Así, Hotel Alaia se incluye en cotizados programas de la Ruta del Vino de Colchagua, tanto para iniciar o finalizar diferentes ofertas de tours. “En esta línea nuestro restaurant ofrece una variada gama de preparaciones, con una gastronomía que destaca al valle, incluida una carta de vinos extensa y entretenida, haciendo un recorrido entre cordillera, valle y mar. Los huéspedes que recibimos son amantes del vino, por eso queremos que Alaia sea considerado un destino de este circuito turístico”, dice Sofía.

El restaurant, abierto al público externo, alberga un comedor para 50 personas, y un amplio espacio para otras 70 en sus terrazas. Aquí cada una de las preparaciones está a cargo del chef Felipe Terrazas, quien procura una gastronomía variada y creativa, aprovechando insumos que incluyen pescados, carnes, y diferentes productos estacionales característicos de la zona. “La idea es abastecernos de proveedores locales de no más de 100 kilómetros a la redonda, algo que no siempre es fácil, pero ése es nuestro foco”, explica Juan Pablo. El ejecutivo destaca además que por su alianza con la Ruta del Vino de Colchagua, no sólo cuentan con una oferta de vinos interesante, “también trabajamos con nuestra enóloga Isidora Aldunate, quien construye la carta y hace las degustaciones de la casa, generalmente viernes y sábado, mediante sistema de inscripción. Este es un servicio que también tenemos, pues contamos con la facilidad que ella vive acá”.

Esta experiencia se suma a un variado ofrecimiento destinado a grupos corporativos, habitualmente en días hábiles, con todo lo necesario para realizar reuniones de trabajo, seminarios, lanzamientos de productos, cierres de año, offsites, reuniones de directorio, entre otros. Además hay programas team building, diseñados a medida que agregan actividades que se realizan a pocos kilómetros del hotel, en sectores de gran valor natural y cultural: la Poza del Encanto, Pañul, con su artesanía en arcilla, y los salares de Cáhuil, con sus cultores reconocidos como Patrimonios Vivos de la Humanidad.

“Contamos con un salón multifuncional que usamos para reuniones, encuentros, capacitaciones, coachings, donde alcanzan hasta 50 personas en formato auditorio. Tiene equipamiento audiovisual y una vista increíble al mar. Ellos también participan de actividades como el stand-up paddle, una tabla de surf más grande, donde la persona va de pie sobre ella. Nos vamos a la laguna de Cáhuil y llevan snacks, ahí pueden admirar harta flora y fauna típica. Es un deporte muy lindo, más de contemplación de la naturaleza, siempre junto a un guía, aunque el nivel de exigencia de este deporte no es tan alto como surfear”, indica Sofía.

Mención especial merecen los desayunos tipo buffet, en los hot tubs ubicados a diez metros del mar, y a una altura especial que permite una vista privilegiada de la playa. Dos tinajas para cuatro personas cada una, una experiencia recomendada para el atardecer. “Se hace una reserva previa, y así el pasajero asegura un poco más de exclusividad. Recomendamos junto a un pisco sour mirar la puesta de sol junto a la pareja, también en familia. En invierno es increíble, sobre todo cuando hay nubes, los colores son maravillosos en Punta de Lobos. En todas sus formas es una experiencia preciosa”, asegura Sofía.

EL VALOR DE LA SUSTENTABILIDAD

Hotel Alaia destaca además por una apuesta hotelera que busca insertarse, dando valor a la idiosincrasia local, basada en sus pilares fundamentales: el surf y la calidad de servicio. “Queremos ofrecer una experiencia de alto nivel, pero que además sea un aporte, a la comunidad de Punta de Lobos y a Pichilemu en general”, afirma Juan Pablo Álvarez. Por eso cuentan con el programa Incubadora Alaia, que entrena a quince niños sub 14, oriundos en su mayoría de Pichilemu, con clases de surf dos veces a la semana, “con entrenadores de renombre que viven en la zona, como Nicolás Medina, Pancho Véliz y Reinaldo ‘Chacha’ Ibarra, un entrenamiento bien intenso que los ayuda a estar alineados con esta disciplina”, agrega Sofía Claro.

La idea es crear conciencia de estar ubicados en un lugar único, asumiendo dicho privilegio como una responsabilidad, y de este modo integrarse lo mejor posible. Juan Pablo lo explica: “Buscamos operar con recursos de la zona, desde nuestros insumos hasta los recursos humanos que componen nuestro equipo de trabajo. Sabemos de los desechos que generamos, por eso reciclamos el aceite de cocina, vidrios, cartón, papel y latas que utilizamos. Además contamos con paneles solares, equipos de ahorro de consumo y un sistema de reciclaje de aguas grises”.

Todo esto es lo que Nicholas Davis quiere como dueño de Hotel Alaia, “un lugar de experiencias donde el turista siempre quiera venir, a un espacio acogedor y con una atención personalizada, tanto que llegue a sentirse igual que en casa”, dice finalmente Juan Pablo Álvarez.

Hotel Alaia

  • Camino Punta de Lobos 681, Pichilemu
  • Teléfono: (+56-9) 5701 5971
  • Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
  • www.hotelalaia.com