EL PISCO NACIÓ EN CHILE

La patrimonialización del pisco

Sonia Montecino icon  COLUMNA por Sonia Montecino

El historiador Pablo Lacoste, junto a un grupo de investigadores (as), acaba de publicar el libro El pisco nació en Chile. Su trama despliega de manera impecable los documentos del pasado que muestran cómo en el siglo XVIII, en el “norte chico” chileno, la producción de aguardiente de uva denominado pisco constituyó, al interior de un paisaje concreto en la zona del Elqui, una labor que se sostuvo en el tiempo hasta su existencia como denominación de origen, en la década del 30’ del siglo pasado.

Pablo Lacoste

El pisco producido en ese locus nortino atravesó las organizaciones económicas, políticas y sociales de la colonia y la república, dando cuenta de un desplazamiento temporal por un lado, de una voluntad situada, al mantener un oficio en un territorio determinado, y por el otro de una cultura que asigna al beber un sentido, y por tanto una práctica que se expresa en la sociabilidad (generalmente masculina), la ritualidad y la verificación comunitaria.
El texto se centra fundamentalmente en el primer aspecto y en los avatares técnicos de su producción, de su comercialización, de los modos en que fue transformándose en un producto con identidad (el estudio de las etiquetas es, sin duda, un aporte riquísimo desde el punto de vista semántico y estético) y de su legitimación desde el Estado, relacionando así la bebida con la nación.

Desde allí se dota de espesor histórico un debate que es el sedimento, o el subtexto del libro: la vieja polémica de si el pisco es chileno o peruano (equivalente en el plano de lo culinario, a la disputa por el origen del ceviche).

Pablo Lacoste, Francisco Fernandez, Miguel Vargas y Claudio-Ibañez

El rigor académico presente en El pisco nació en Chile, permite asumir una identidad de origen y patrimonializar el pisco chileno del Valle de Elqui, sin negar la existencia y producción del mismo en Perú, pero demostrando que, en términos documentales, nuestro país lo registra desde más temprano y lo inscribe como denominación de origen muchas décadas antes que nuestros vecinos.

La relevancia del trabajo del autor y su equipo, radica en que por primera vez nos encontramos con un gesto serio de patrimonialización, desde una perspectiva interdisciplinaria, que sienta las bases para el futuro del pisco chileno.